Washington 23 ENE 2019 – Marie Jean Pierre, inmigrante haitiana de 60 años, fue clara en la entrevista para el puesto de lavadora de platos en el hotel Conrad, en el exclusivo barrio de Brickell, Miami: el domingo no podía trabajar porque era misionera de la Iglesia de los Soldados de Cristo. “El domingo yo honro a Dios”. La empresa respetó sus creencias durante una década hasta que un gerente de cocina la obligó a trabajar el séptimo día. Pierre cambió los turnos con sus compañeros hasta que la echaron por “mala conducta, negligencia y ausencias injustificadas”. La empleada demandó al hotel por discriminación religiosa y la semana pasada un jurado determinó que debe ser compensada con 21 millones de dólares (18,5 millones de euros).

En octubre de 2015, tras nueve años trabajando en el hotel Conrad, George Colon, el gerente de cocina, le incluyó a Pierre el turno de los domingos. La mujer solicitó a su pastor que escribiera una carta explicando que obligarla a trabajar ese día sería violar sus creencias religiosas, argumento que, según una queja puesta por la empleada, fue ignorado. Durante varios meses Pierre logró esquivar el trabajo de los domingos gracias al intercambio de horarios con sus compañeros. Pero en marzo de 2016 la limpiadora de platos recibió una carta de despido aduciendo “mala conducta, negligencia y ‘ausencias injustificadas”.

Pierre presentó una queja ante la Comisión de Igualdad de Oportunidades en el Empleo, diciendo que el hotel había discriminado sus creencias religiosas. La organización le explicó que su caso era sólido y que tenía el “derecho a demandar”. Ella llevó a los tribunales del distrito sur de Florida a Park Hotels and Resorts Inc. de Tysons, Virginia (anteriormente conocida como Hilton Worldwide, que administraba Conrad), alegando que el hotel había violado la Ley de Derechos Civiles de 1964, que prohíbe la discriminación en el empleo por raza, color, religión, sexo u origen.

Un jurado federal ha resuelto ahora que la empresa debe otorgarle 21,5 millones de dólares a Pierre: 36.000 para cubrir los salarios y beneficios que ha perdido desde su despido, 500.000 para intentar compensar el dolor emocional y los casi 21 millones restantes por daños punitivos o ejemplares, que son los que se otorgan para castigar a un acusado por negligencia o mala conducta graves. De esa cantidad, la demandante solo recibirá 300.000 dólares, que es el máximo que se puede pagar por daños punitivos. Marc Brumer, el abogado de Pierre, dijo a The Washington Post que, al parecer, los miembros del jurado desconocían la existencia de ese tope. Pero remarcó que lo importante no era el dinero sino enviar un mensaje contra las empresas que no respetan las creencias.

La historia no parece acabar aquí. Los abogados del hotel dijeron a NBC que planeaban apelar el fallo. “Nos sentimos muy decepcionados por el veredicto del jurado y no creemos que esté respaldado por los hechos de este caso o la ley”, declaró la empresa Hilton en un comunicado difundido por la cadena de televisión. “Durante los 10 años que la señora Pierre trabajó en el hotel se hicieron múltiples concesiones para cumplir con sus compromisos personales y religiosos”, concluía la misiva.

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