Roselia Chaca

Las iniciales de Celia Ruiz y las incrustaciones en plata sobresalen en el baúl de cedro que tiene 98 años de antigüedad. El mueble luce impecable y acapara la mirada por su belleza en la sala principal de yoo bidó (casa sagrada) de María de la Luz Méndez, en Santa María Xadani. Resguarda en su interior los regalos de boda y los trajes de fiesta de Nhun Degyvés, hija de María y sobrina nieta de Celia.

Esta joven zapoteca recién casada recibió como parte de su dote tradicional el baúl de su tía abuela, que en el año 1930 lo recibió de su madre como regalo de bodas, una tradición que se mantiene entre las zapotecas del Istmo de Tehuantepec.

Las binnizá (mujeres u hombres de las nubes), como se les nombra a las zapotecas en su lengua madre, entregaban hasta hace 50 años, como parte de la dote de la novia, un baúl de madera con las iniciales de la propietaria, en donde resguardaban los regalos más importantes: sus trajes de fiestas y joyas. Después, con la modernidad, en los años 60, se sustituyeron los baúles por los populares roperos también de madera; ahora, las madres de las novias entregan closet y otros muebles, mientras más ostentosos mejor.

Nhun estudia un doctorado en Filosofía, y aunque radica en la Ciudad de México no se despega de su tierra, por eso pidió el baúl como parte de su dote, porque representa la historia íntima de las mujeres de su casa y de su sangre. Ella es la tercera generación que lo recibe como herencia y si algún día tiene una hija se lo heredará, hasta que se pierda en el tiempo.

“Yo le quería dar otros muebles como se acostumbra entre nuestra gente, pero ella dijo que quería recibir el baúl de la tía abuela y como es mi única hija se lo entregué. Para ella tiene un gran significado porque no conoció a la abuela, pero ella la quería mucho, así que es una forma de homenajearla, de tener algo que le perteneció. Con el tiempo podrá decirle a sus hijos que fue de la tía, luego mía y después de ella”, comenta María de la Luz ante la mirada cariñosa de la novia.

La pérdida

El baúl forma parte del mobiliario de la casa sagrada de los zapotecas del Istmo y siempre está ubicado cerca del altar de los santos. Pero el baúl, con el paso de los años, sufrió modificaciones en sus formas y tamaños, los más antiguos que aún se conservan datan de finales del siglo XIX, eran pequeños, austeros y plegables, eran conocidos como guiña ndaga (baúl rustico) o también llamado “de tijera”.

Elvis Jiménez, arquitecto y el más grande coleccionista de baúles del Istmo en Oaxaca, posee alrededor de 60 piezas. En su colección tiene varios “de tijera”, este mueble que no rebasa el metro de altura del piso al cofre, está compuesto de dos partes: las patas en forma de tijeras que se repliegan y el cofre que no mide más de un metro.

Se piensa que su tamaño y la cualidad de desmontaje eran para facilitar la movilidad de las familias o por su practicidad en las emergencias naturales (inundaciones, terremotos o huracanes), dice el coleccionista.

Luego, también a finales del siglo XIX, los baúles se hicieron más grandes. Estos se clasifican en dos tipos; los provenzales, en donde las patas eran curvas, se incrustaron piezas de madera en forma de animales, flores, jarrones y hasta un águila devorando a la serpiente, entre otros motivos, no utilizaban clavos ni pegamento, todas las piezas eran precisas y encajaban.

Los segundos eran “torneados”, recibían ese nombre porque las patas eran torneadas, tenían las mismas características que los primeros en cuanto a decoración.

Elvis explica que por los años 50 las cajas o cofres de los baúles sufrieron otras modificaciones, sobre todo los torneados; comenzaron a pintarse los nombres de las propietarias y flores que imitaban a las de los trajes tradicionales, otros más agregaron retratos de las dueñas, eran más coloridos. Ambos eran elaborados de caoba, por eso con el tiempo adquieren el color café oscuro característico.

De acuerdo al monitoreo que el coleccionista ha realizado por 20 años en su trabajo de recuperación de muebles tradicionales, antes del terremoto de 2017 existían al menos 2 mil baúles en Juchitán, considera que con la destrucción de 12 mil casas tradicionales se perdieron más de la mitad de los baúles.

Leer nota completa: http://oaxaca.eluniversal.com.mx/especiales/10-01-2019/baules-de-madera-herencia-zapoteca-que-se-encuentra-en-riesgo

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