Adrián Lobo | Primera parte.

Dedicado a la mejor enfermera del mundo y mi favorita, Francisca Cruz García (Panchita).

OAXACA.- Es mucho y muy interesante lo que puede comentarse sobre la enfermería, tanto así que libros completos se han escrito sobre el tema, de manera que lo siguiente será únicamente un repaso muy somero en ocasión de la conmemoración en México del día de la Enfermera: 6 de enero.

Fue instituido en el año de 1931 por el director del Hospital Juárez de México (conocido anteriormente como Hospital de San Pablo, fundado en 1847), dejando la recomendación para quienes deseen profundizar en él debe recurrir a las fuentes originales de ser posible. Según el Instituto Nacional de Salud Pública en un documento html sin fecha (https://www.insp.mx/avisos/3950-6-enero-dia-enfermera-enfermero.html) que cita a la Secretaría de Salud, que a su vez cita al INEGI, se tienen los siguientes datos:

“De cada 100 profesionales de enfermería 85 son mujeres.

Por cada 100 personas con esta ocupación, 43 son profesionistas o especialistas, 31 técnicas y 26 auxiliares en enfermería.

Su edad promedio es de 36.8 años; 61 de cada 100 enfermeras y enfermeros tienen menos de 40 años de edad.

El promedio de escolaridad de la población en esta ocupación es de 13.9 años de estudio, lo que equivale prácticamente a dos años aprobados en educación superior.

La enfermería es una de las ocupaciones más respetadas y valoradas por la sociedad en México, considerado así por el 33.9 por ciento de la población del país, de acuerdo con la Encuesta sobre la Percepción Pública de la Ciencia y la Tecnología en México 2013, ubicándose solo detrás de los bomberos, que ocupan el primer lugar.”

La etimología de la palabra es fascinante. El sitio web www.diccionarioactual.com consigna lo siguiente:

La palabra enfermería tiene su origen en el latín. Proviene de infirmus, infirma, infirmum. Término conformado por el prefijo -in (negación) y el adjetivo firmus, firma, firmum que significa firme, sólido, estable, resistente, fuerte. 

La raíz de este adjetivo proviene de la indoeuropea *dher- (sujetar). Se completa la formación de este vocablo con el sufijo -ería en español que significa actividad, ciencia o establecimiento. Puede considerarse entonces, como su concepto original la actividad y el lugar (relacionado) con los no fuertes, no firmes (enfermos). Clase: sustantivo, femenino, singular.

Me encanta la concepción original de enfermos como “no firmes”, para mí indica que se encuentran en una situación en la que requieren asistencia por hacerles falta “solidez” o “estabilidad”. 

Por extensión, según el sitio web mencionado anteriormente: “También se llama de esta manera a la profesión de quien realiza tareas de atención, cuidado de enfermos o de personas sanas para ayudarlas en su salud, facilitar su recuperación y atendiéndolos según las normas clínicas correspondientes”. 

Como dije en un principio el tema es muy amplio, así es que existe otra concepción de la enfermería como “…la de una profesión del área de salud que atiende emocional y físicamente [ … ] y que fomenta la salud de las personas a través de determinadas actividades como la atención de los pacientes, la instrucción sanitaria o la investigación”. 

Si hay elementos distintivos de la profesión éstos seguramente son: La cofia, la capa, la lámpara y el delantal, en ese orden. Hay muchísima y muy interesante información disponible en internet al respecto, de modo que procuraré no extenderme demasiado en este tema, ya que no puedo dejar de comentarlo. 

Cada uno de estos elementos tiene su historia, en su momento hubo una razón de ser para cada uno e igualmente todos se han ido descartando conforme han avanzado los tiempos. Actualmente el único que puede verse todavía acompañando a alguna que otra enfermera, sobre todo las supervisoras, es la cofia. Bueno, esto es hablando de este Hospital oaxaqueño, y de México en general.

En lo personal, la cofia  es un elemento de mi agrado y es que, claro, nunca tuve que usarla y portarla durante ocho o más horas en forma continua. Se dice que puede ser algo molesto y llegar a provocar algunos dolores de cabeza. Además se dice, no sin cierta razón, que este accesorio es enemigo mortal de cualquier costoso peinado de alta escuela. 

Sin embargo, según mi opinión, hace que cualquier enfermera luzca más pulcra, elegante, más profesional y, por qué no decirlo, aunque esto pueda carecer de toda relevancia, ayuda a que se vea más linda. También como que les confiere cierta autoridad. 

No en vano ciertas figuras que representan a alguna a menudo utilizan ciertos elementos sobre sus cabezas, como policías, militares, algunos jueces, etc. Y en este sentido la razón para hacerlo es una bastante primitiva: Los hace verse más altos e imponentes. 

En el caso de las enfermeras la finalidad era otra. Se suponía que como su uso requiere que quien la porta recoja muy bien su cabello con ello se favorecía la higiene. Pero ha resultado a últimas fechas que más bien podría resultar todo lo contrario y terminar favoreciendo la propagación de algunas infecciones nosocomiales, de modo que ahora se desaconseja su uso. 

Curiosamente, en un capítulo oscuro de su historia este adminículo fue utilizado principalmente para diferenciar a las enfermeras, sobre todo aquellas que servían por las noches, de otras profesionales de dudosa reputación. 

Hace poco, ya en septiembre del 2018 he sabido que en el ámbito militar en México la cofia ha dejado definitivamente de ser un elemento reglamentario y obligatorio del uniforme de las enfermeras.

La atención de un paciente, desde los inicios de la profesión, ha sido una actividad que abarca las 24 horas del día, de modo que siempre se ha tenido la necesidad de trabajar por las noches. 

En otros tiempos la capa de fieltro que usaban era imprescindible en esas guardias nocturnas para soportar el frío, pero además es un símbolo que representa el peso de la responsabilidad que cae sobre aquella persona que se dedica a la profesión. 

La lámpara llegó a ser otro elemento indispensable. Tanto así que a la fundadora de la enfermería moderna se le llegó a conocer como “La dama de la lámpara” ya que se dice que llevaba una siempre con ella en sus recorridos nocturnos para atender a sus pacientes puesto que no se contaba entonces con iluminación eléctrica.

El delantal fue el primero de los elementos utilizados por las enfermeras, de hecho por un tiempo fue el único que utilizaban. Tenía la obvia utilidad de proteger la ropa y a la propia enfermera de toda clase salpicaduras. Aunque no dispongo de datos sobre la efectividad de su uso como medida para conservar la higiene sí puedo decir que luce actualmente como un elemento anacrónico, al menos en cuanto a la enfermería se refiere y hace que se parezcan más a alguien que ejerce como tablajero que como enfermera. 

Actualmente todos estos elementos sólo se pueden ver juntos en algunas ceremonias tradicionales de graduación de enfermeras.