Textos: Carlos Marí

Imágenes: Duilio Rodríguez, Consuelo Pagaza y Robin Canul.

 

Villahermosa, Tabasco.- “Paisanas, paisanos, me da mucho gusto, como siempre, estar con ustedes, mis hermanas, mis hermanos”, dice Andrés Manuel López Obrador a sus seguidores reunidos en una plaza de la capital tabasqueña, abrazados por una temperatura de 30 grados centígrados. Es 14 de octubre de 2018. El entonces presidente electo vuelve a su tierra a reafirmar compromisos de campaña. Los enumera y destaca que echará a andar el programa Sembrando Vida, con el que pretende reactivar el desarrollo del sureste del país con base en la siembra de árboles frutales y maderables.

“Va a haber trabajo para todos en sus comunidades de origen. Nadie va a estar obligado a irse”. López Obrador se emociona y eleva el volumen de su voz: “¡Va a haber trabajo en cada pueblo, comunidad y ejido en Tabasco!…”.
Alguien grita “¡Bravoooo!” y otras voces replican. Luego corean su apellido: ¡Obra-dor! ¡Obra-dor!

En el templete, con las efigies de Juárez, Madero y Cárdenas detrás, una treintena de personas arropan a AMLO, quien explica cómo funcionará uno de sus programas favoritos, como lo ha llamado. Después, lanza otro dato: 54 mil empleos para el campo con el nuevo programa.

Sembrando Vida fue difundido desde la campaña obradorista como una de sus grandes apuestas para combatir la degradación natural y la pobreza rural. Para rescatar del abandono al campo mexicano.

Tiene la meta de subsidiar a 400 mil beneficiarios con 5 mil pesos al mes por cultivar y cuidar la tierra. “No va a ser crédito, va a ser apoyo para que les quede eso como un patrimonio, se van a cultivar las tierras del estado”.

Este 1 de febrero, el mandatario vuelve a su tierra, ahora en el municipio de Cárdenas, para por fin iniciar el programa de manera oficial.

Sembrando Vida, sin embargo, podría no alcanzar las grandes expectativas que enumera el tabasqueño. Expertos en la materia advierten sobre el peligro que tiene de fracasar. Primero, por la incapacidad de producir y sembrar con calidad los millones de árboles requeridos, y después, por no poder evitar que los ya plantados se mueran.

Cuando López Obrador presentó Sembrando Vida, el 8 de octubre pasado en la Ciudad de México, destacó su afán de reducir la diferencia de desarrollo que tiene el sureste con respecto al norte del país. El tabasqueño machacó que “sí va a funcionar”.

Desde entonces, la secretaria del Bienestar, María Luisa Albores González, anunció que la meta es sembrar árboles maderables y milpa intercalada con frutales en 500 mil hectáreas en el 2019, y otras 500 mil para el próximo año, hasta sumar un millón de hectáreas en 19 entidades del país.

Con el programa cada beneficiario cultivará 2.5 hectáreas de tierra y, junto con otros 24 campesinos, conformarán una Comunidad de Aprendizaje Campesina (CAC), coordinada por dos técnicos, llamados también extensionistas o facilitadores. Uno de estos técnicos será social, para impulsar las relaciones de corresponsabilidad, y otro técnico productivo, quien los asesorará sobre herramientas de producción y tipos de suelo.

En cada CAC apoyarán tres integrantes del programa Jóvenes Construyendo el futuro.

Así como ocurrió con otros programas estratégicos, como el del Nuevo Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México o el de la refinería en Dos Bocas (Tabasco), el Sembrando Vida fue anunciado por AMLO desde campaña por la Presidencia y lo sometió a consulta, los días 24 y 25 de noviembre, sin que hubiese difusión previa del método de selección de los municipios seleccionados y de estimación de la cantidad de beneficiarios y las hectáreas a reforestar.

El programa es una de las principales apuestas del gobierno federal para atender al México rural; sin embargo, especialistas del sector forestal y funcionarios públicos consultados por Pie de Página ponen en duda su viabilidad.

¿Árboles suficientes?

Vicente Arriaga Martínez, quien fue el coordinador de Conservación y Restauración de la Comisión Nacional Forestal (Conafor) en la administración de Felipe Calderón, cuando se impulsó el fallido Pro Árbol, alerta de la dificultad para conseguir el millón de hectáreas a reforestar y la cantidad de árboles requeridos.

“No va a faltar quien diga: ‘Yo les produzco tantos millones’ (de arbolitos), pero que lo pueda hacer en tiempo y con la calidad obligada, a eso es a lo que le veo un gran problema. Se haría un cuello de botella enorme, que es lo que le puede dar al traste al programa”, advierte el ahora coordinador del Proyecto GEF (Fondo para el Medio Ambiente Mundial) de Agro-biodiversidad.

Arriaga advierte que una dificultad adicional será conseguir las especies adecuadas para cada región.

“El problema es la disponibilidad de plantas, no sólo la cantidad, sino la especie de planta que se requeriría para cada uno de los sitios y para cada uno de los propósitos”, apunta el también experto de la Comisión Nacional para el Conocimiento y Uso de la Biodiversidad (Conabio).

Arriaga añade que no existe un protocolo para cuidar las plántulas y evitar que se mueran.

De acuerdo con el gobierno federal, las plántulas provendrían de los viveros de estatales, de la Conafor, la Sedena y empresas particulares.

En charla con Pie de Página, Gustavo Winzing Negrín, ex director de la Comisión Estatal Forestal (Comesfor) de Tabasco, sostiene que en esta entidad, los viveros gubernamentales tienen una producción conjunta de 2.5 a 3 millones de plántulas al año, para los 93 millones que estima se requerirán durante los dos primeros años de siembra. Es decir, apenas alcanzaría a proveer 3 de cada 100 arbolitos necesarios.

“Si estimamos que se siembren 50 mil hectáreas en el primer año, se requieren en promedio 625 arbolitos por hectárea, que estaríamos hablando 31 millones de plantas, que no se tienen en Tabasco.

“En el caso de la Comisión Estatal Forestal se puede producir los forestales, pero tiene una capacidad en vivero limitada de tres millones y medio al año, y Conafor produce en viveros comunitarios que tiene, también otra cantidad similar, para completar los siete u ocho millones. Desde ahora tendrán que solucionar el problema de la producción de la planta, de la calidad genética, del manejo y la organización; tienen que empezar en esa etapa de planeación a identificar sus limitantes”, recalca.

En el mismo sentido, Rafael Abreu López, ex director de Conservación y Restauración de la Comesfor, advierte que será desde el primer año del periodo de siembra cuando más impacte el faltante de plantas.

“En el primer año se encuentran con una falta de material, eso es probable, y va a ser suplido por los propios productores que tienen viveros comunitarios; de ahí que puede obtenerse una muy buena cantidad de plantas, como también de los viveros de los militares, pero habrá que estimar hasta qué cantidad puedan hacerlo y con calidad”, comenta.

Añade que una limitante del plan de reforestación es tener que hacerlo con especies nativas, porque las plántulas tienen que ser producidas en su región o estado, además de ser prácticamente imposible transportarlas.

De la cifra de árboles lograrán sobrevivir por cada 10 sembrados, no hay todavía ninguna estimación. La referencia más cercana de un programa de reforestación federal es la del fallido Pro-Árbol, en la administración de Felipe Calderón, en la que murieron 9 de cada 10 árboles plantados.

¿Insuficiencia económica?

El documento público con los detalles del programa señala que Sembrando Vida arrancará en 2019 en Veracruz, Tabasco, Chiapas y Campeche; sin embargo, la secretaria del Bienestar lo promovió también en Quintana Roo y Yucatán, y en sus discursos se ha comprometido a reforestar en las seis entidades 750 mil hectáreas y otorgar subsidios para 220 mil de los 400 mil campesinos que se tienen como meta total.

La Federación destinó 15 mil millones de pesos para Sembrando Vida, monto que representa el triple de lo que se invertirá para rehabilitar la refinería de Tula, Hidalgo, pero que resultaría insuficiente al considerar los subsidios para los 220 mil campesinos y 17 mil 600 técnicos.

En 2019, Sembrando Vida requerirá sólo para el subsidio a los 220 mil campesinos previstos: mil 100 millones de pesos cada mes, 13 mil 200 millones al año.

Además de los mil 416 millones de pesos correspondientes al sueldo de los técnicos (18 mil pesos mensuales).

Es decir, si inicia el pago de subsidios a principios de febrero como está contemplado, en 2019, se gastarían 15 mil millones 576 mil pesos.

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