Diana Manzo/Corresponsal

Página3.mx

Álvaro Obregón, Oax.- El incremento acelerado de jóvenes que incurren en alcohol y las drogas como esparcimiento y la falta de espacios deportivos y culturales para los infantes fue motivo de alarma para Paula López López, una joven de 23 años, estudiante de criminología y poeta bilingüe quién fundó un Centro Comunitario y autónomo de las Artes “Gui’ xhi’ Ro’ ” en su natal Álvaro Obregón, una comunidad indígena que pertenece al municipio de Juchitán.

Paula pensó que “prevenir y no lamentar” era la mejor estrategia para disminuir los vicios de su comunidad además que en Álvaro Obregón existe una gran población de niñas y niños, son aproximadamente unos 2 mil menores que al no contar con espacios adecuados existe una posibilidad de que también incurran en su etapa de adolescencia en los vicios.

“Aquí muchos jóvenes se casan a los 14 años, y otros se vuelven alcohólicos, no hay un oficio o algo que aprendan o hagan, entonces pensé que sería bueno implementar algo en el pueblo, pregunté a mis sobrinos que me dijeran que les gustaría aprender o hacer en sus ratos libres, la mayoría me dijo que aprender a tocar la guitarra, a pintar o bailar, así fue como nació este centro comunitario que está por cumplir un año de vida el próximo mes de mayo”.

El Centro Comunitario y autónomo de las Artes “Gui’ xhi’ Ro’ ” nació en el mes de mayo del 2017 y desde entonces se imparten las clases en el quiosco ubicado en el parque principal la cual está en poder del ayuntamiento comunitario de “Álvaro Obregón” que nació por la resistencia a la implementación de un parque eólico en la laguna superior.

Paula además de escritora también es activista comunitaria que resiste a que su lengua- el zapoteco- siga vivo, por eso las clases y los bailes que se imparten en el Centro comunitario priorizan el rescate de la lengua za’ como llaman también al idioma zapoteco.

Son aproximadamente 100 niños los que acuden al taller, de lunes a miércoles toman clases de solfeo y los fines de semana el de guitarra, danza y pintura, los materiales se entregan de forma gratuita por personas altruistas que al conocer de esta idea no dudan en compartir su voluntad con los pequeños.

Los maestros no cobran un solo centavo y todo es tequio, con eso Paula piensa recuperar en la comunidad el valor de la “hermandad” y que se inculque en los niños el valor de la cooperación.

Además de asistir a los talleres, los menores también toman clases de valores que Paula imparte con la ayuda de sicólogas que les hablan sobre la violencia, el amor y la familia.

“Las niñas y niños están muy felices y eso lo vemos porque luego no quieren irse a sus casas, nos apoyan en todas las actividades y los vemos más fortalecidos anímicamente, abrimos el espacio y vemos un gran avance, les gusta y eso es lo que más importa”.

También se les inculca a cuidar el medio ambiente, reforestan plantas también realizan limpieza y trabajo comunitario, lo que Paula busca es que los niños desarrollen sus habilidades no solo en música sino en la vida comunitaria y familiar.

Para el siguiente mes, un nuevo taller comenzará a impartirse, el de fotografía con el cual Paula busca hacer un acervo comunitario de las costumbres y tradiciones que vive este pueblo zapoteca.

Por último Paula recalcó que la vida comunitaria de su pueblo parece transformarse, y es precisamente porque hay niños que ahora prefieren aprender del arte y ya no enfrascarse a los vicios.