Antonio MUNDACA

OAXACA, (pagina3.mx).- Rubén Vasconcelos Méndez, fiscal General de Justicia del Estado de Oaxaca, compareció en el Congreso ante la LXIV Legislatura para hablar sobre feminicidios, desaparición forzada, secuestros y crímenes de alto impacto social, como un hombre que nunca ha sido apuntado por un arma.

Llegó al Congreso local poco antes de las 11 de la mañana de este 5 de febrero de 2019, rodeado de merodeadores y un séquito de pistoleros juramentados que coparon la sala de sesiones por las rampas y los accesos públicos. Camuflados torpemente, con la mano en la fusca durante las 4 horas que duró su comparecencia, hasta que los diputados fueron vencidos por la simulación y los intereses de partido y dejaron Vasconcelos Méndez en la soledad de sus cifras, con su comparecencia incompleta, sometidos por el agotamiento de un fiscal que, insistió, “Yo no hago las leyes” o “Nosotros sí tenemos una estrategia” mientras persistían los reclamos de familiares de las víctimas presentes en la sala.

II

La comparecencia estuvo repleta de preguntas que tuvieron una sola respuesta de Vasconcelos Méndez, una y otra vez: solo existe el demoledor discurso de la verdad oficial. “El Estado es el Fiscal General y después de él, el diluvio”*. El diluvio y los aplausos y la desidia y la frivolidad, y la actitud forense de quien tiene una manera de mirar a los muertos que se acumulan en la entidad oaxaqueña como dígitos y nada más. 

Afuera, la vendimia del quesillo, el olor a carne asada en la carpa dentro de las instalaciones del Congreso se fusionaba con manifestantes al sol, militantes del Movimiento Indigenista Zapatista (MAIZ), cercados por los barrotes de la entrada del edificio público, con consignas en cartulina, cargando a sus hijos pedían la renuncia del Fiscal por la falta de justicia en el asesinato múltiple ocurrido hace más de 8 años en una emboscada en el paraje La Sabana, San Juan Copala, Juxtlahuaca.

En una comparecencia pública del Fiscal General Rubén Vasconcelos, Congreso del estado le cierra la puerta a manifestantes de la región de la Mixteca, quienes exigen la renuncia del fiscal por omisión, insensibilidad y falta de resultados.

Posted by Página 3 on Tuesday, February 5, 2019

III

El circo romano del Congreso oaxaqueño recibió a Vasconcelos Méndez que llevó oficinistas, agentes ministeriales, personal de servicio, burócratas de la justicia, una porra atómica que se activaba ante las rechiflas del público de un fiscal acomodado en la abstracción del combate a la impunidad: “trabajo técnico”, “no prevenimos delitos, le damos respuesta”, “no es nuestra causa el incremento de los delitos”, “indicadores objetivos”, “análisis serios”. Fue su comparecencia la delgadez. 

Se presentó en el pleno con la seguridad de que es el escudero oficial de la clase política oaxaqueña en el poder, y lleva la partida ganada. Las y los diputados giraron la ruleta, lanzaron en su mayoría dardos de salva, y él dio cifras sacadas de la chistera de una oficina que no siente la tierra ensangrentada y deja pasar los vientos sin cambio.

El lugar común de una clase de Derecho Penal impartida por el Fiscal, frente a una tribuna de ciudadanía indignada, una prensa escéptica y una legión de paleros que callaron cuando la diputada del PAN, María de Jesús Mendoza, les dijo: “Oaxaca no solo es el zócalo de la ciudad”, o cuando el diputado del PT Saúl Cruz Jiménez, le preguntó: ¿por qué está protegiendo al Gobernador?

IV

Austero, parsimonioso, siempre lejano, Vasconcelos Méndez fue el funcionario judicial modelo y pulcro, casi de modales exquisitos, que sabe que igual que cuando fue Coordinador de Asesores de la Secretaría General de Gobierno del Estado de Oaxaca, lo suyo es un trabajo político donde se lidia contra declaratorias nacionales de emergencia por asesinato sistémico de mujeres con los protocolos estériles. Mencionó, sin detalles, que en el ataque a defensores de derechos humanos solo existe una orden de aprehensión y no ha sido ejecutada. Para el Fiscal tampoco existe la desaparición forzada en Oaxaca. En su vocabulario no hay fosas comunes, no hay periodistas asesinados. Existen 27 carpetas de investigación sobre el tema y pueden resolverse dando talleres de ‘Libertad de expresión’ a las autoridades que agreden a reporteros. 

Los diputados del PRI -en su papel de comparsa gubernamental-, aplaudieron los “resultados óptimos”. Gustavo Díaz Sánchez criticó que se hiciera más de una pregunta al Fiscal, hizo efectiva su denuncia sobre los excesivos cuestionamientos de la diputada de Morena, Magaly López, cuando tocó el tema de agresión a periodistas y sus carpetas de investigación, a pesar de que en el distrito I con cabecera en Acatlán de Pérez Figueroa, que representa el diputado priista ubicado en la Cuenca del Papaloapan, es una de las zonas más violentas de Oaxaca con un registro de 2 periodistas asesinados en Cosolapa su tierra natal.

Durante la comparecencia, el presidente de la mesa directiva del Congreso local, César Morales Niño, no controló los tiempos. Amagó con desalojar los pasillos cuando personas pedían justicia por Ivanna Mingo López y por la masacre ocurrida en la Sierra Sur en Santa María Ecatepec y Yautepec en julio de 2018, donde fueron asesinadas 13 personas y no existen órdenes de aprehensión.

V

En San Raymundo Jalpan, dispuso Vasconcelos para enfrentar la crisis política de seguridad estatal una oratoria de cifras negras, donde su mayor logro son los delitos que no han llegado a ser, y enfrentó los ojos y la voz de la periodista Soledad Jarquín, a la que le mataron a su hija María del Sol Cruz Jarquín en junio pasado, durante el proceso electoral cuando fungía como fotógrafa en el Istmo.

“Trabajamos porque los familiares de las víctimas tengan respuestas”- afirmó Vasconcelos, sin decir nada de las mujeres muertas en la Cuenca y en el Istmo, muertas a las que nadie va a llorar porque no aparecen en las estadísticas de la verdad oficial.

“Yo, yo, yo quiero justicia”, dijo Soledad Jarquín, frente al Fiscal General desprovisto de emoción.

“En la Fiscalía ya no se improvisa”, insistió el Fiscal General y la rechifla en los pasillos fue generalizada. El derecho por decreto, la oscuridad. Las risas ascendieron por el aula magna y los policías encubiertos forzaron sus seños, alzaron sus caras para todos lados, demasiados enemigos, demasiadas caras, demasiados asesores, demasiadas cámaras.

“No actuamos por presiones mediáticas”, dijo frente a los cuestionamientos de observatorios nacionales que ubican a Oaxaca como uno de los estados con el mayor número de violencia contra las mujeres, y tiene 40 municipios en estado de alerta de género. Y soltó la cifra que prendió por momentos la rabia de muchas personas presentes.

Para Vasconcelos, sus estadísticas tienen la verdad absoluta. Sus números no lloran por los muertos que vendrán. El 75 por ciento de los feminicidios cometidos en Oaxaca están resueltos y existen estrategias de la inclusión. Para Vasconcelos el cambio es obvio, disminuyeron las carpetas de investigación y por lo tanto, disminuyó el feminicidio; en 2017 fueron víctimas 129 mujeres y en 2018, 127. La justicia por decreto. Una y otra vez. Un legajo que sepulte una historia, un nombre y una verdad. “Disminuyó 75 por ciento el feminicidio en Oaxaca”. Repitió. Y los familiares de  las víctimas consignaban: ¡Mientes! ¡mientes!

VI

Rubén Vasconcelos no terminó su comparecencia. No hubo el quórum de legisladores para que continuara ¿Todo estuvo previsto? ¿”Planchado” para que así fuera? De los 31 que iniciaron las rondas de preguntas, solo permanecieron 20. El Fiscal General no permitió preguntas de la prensa. Salió rodeado de los mismos alcatraces que lo acompañaron cuando protestaban desde la puerta metálica por su opacidad. Salió del Congreso oaxaqueño con la misma sombra con la que entró, mientras Oaxaca enfrenta la peor crisis de feminicidios documentados de su historia, con la aplicación de la justicia como un relámpago privado de luz.