El amor en febrero

 

Horacio Corro Espinosa

Alguien me preguntaba que por qué no hablé nada del amor en el mes de febrero. Es cierto, casi no hablé del amor ni de la amistad. Pero bueno, antes de que acabe el mes del amor, les diré que ese término es un significado que todos conocemos, pero a veces somos incapaces de definir.

Todos entendemos cuando decimos que nuestro perro nos ama, que nuestra madre nos ama, y que Dios nos ama, aunque no todos sean hijos de él.

Pero también, el significado de ese verbo varía con cada uno de los sujetos amantes, porque luego dicen que todos hablan según les va en la feria.

Está, por supuesto, el amor propio, el amor por uno mismo. Y dentro de todos estos colores del amor, hay, además, todos los tonos posibles. Está el amor por nosotros mismos, sin el cual no podríamos sobrevivir. Si no nos amáramos, nunca haríamos nada por curarnos, por aprender, por satisfacer nuestras más elementales necesidades ni nada de nada. Las plantas, aunque no lo creas, tienen su amor propio, ellas se protegen con sus espinas, buscan el sol, el agua y, además, quieren sentirse amadas por eso producen colores hermosos, así como su aroma que, desde siempre, el hombre ha querido imitarlo a través de la química.

Entonces, todo eso puede ser el primer acto de amor de los seres vivos hacia sí mismos.

También está el extremo humano del amor por sí mismo, pero eso ya es narcisismo, egolatría, que conduce al poseedor a la enfermedad mental. Quien llegó a esos extremos fue Lucifer, el ángel que por su acto de orgullo y narcisismo fue arrojado al infierno y convertido en Satanás. De ahí que uno de los primeros pecados sea el desamor por los demás, la soberbia.

La soberbia la padecen muchos políticos. Y cosa curiosa, siempre hay un espíritu alrededor del espíritu de soberbia. Esos son los capaces de tapar con el lomo un bache para asegurarle a don chipotes, o a don soberbio, que el camino es llano o hasta terso. Entonces los jefes hacen como que les creen para sentirse tranquilos.

El amor de los animales se expresa entre ellos mismos con una variedad tan grande como la que hay entre animales humanos.

El olor es de enorme importancia, sin embargo, la civilización nos lleva a los humanos a rechazar muchos de nuestros olores. Los que saben de esto, dicen que el olor es la parte más importante para la atracción sexual.

No es aquella cuando responde el enamorado que entre él y su pareja hay química, hay clic. El olor significa mucho en una relación amorosa, incluso, muchos y muchas, hasta duermen abrazando cualquier trapo del sujeto para imaginar que lo tiene ahí cerquita.

En conclusión, las espinas de la rosa, la alarma de la gallina llamando a sus pollos, la atracción que le llaman química, el llanto del perro cuando ve hacer maletas a su amo o sus saltos de gusto cuando éste regresa, son manifestaciones de amor.

El amor es la emoción que nos hace decir “te quiero”, a alguien que no había estado nunca en nuestra vida, y se desea pasar el resto de nuestros años juntos.

Este comentario pude haberlo dicho en cualquier otra época del año. Pero como muchos creen que en febrero solo se ama, no cabe duda que estas ideas retorcidas solo las ha provocado el comercio.

Tampoco el amor es febrero ni marzo, como los meses en que se empinan los papalotes. El amor es toda la vida. Además, el amor no es un sentimiento, es una decisión.

 

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