Adrián Lobo

Un hospital puede ser  un sitio muy estresante, tanto para los trabajadores de la salud como para los pacientes y visitantes. Si uno se presenta así sin al menos haber recibido una orientación básica puede llevarse algunas sorpresas de modo que es preferible estar apercibido en cuanto a lo que se puede y lo que no se debe hacer. Como siempre estos comentarios están orientados de preferencia a hospitales públicos, en específico el H.G.D.A.V.

Primeramente tenga presente que hay normas para poder ingresar, hay restricciones relativas a la cantidad de personas que pueden pasar a la vez y a la hora a la que pueden hacerlo. Como en cualquier lugar, como podría ser un cine, necesita un salvoconducto para poder entrar, aquí se trata de un pase de visita. Asegúrese de tener su pase a la mano antes de solicitar su ingreso. Hay un tipo de pase que otorgan a los familiares de pacientes que se encuentran en una situación especial, es un pase permanente que le permite estar más tiempo dentro, cerca de su paciente, y también entrar fuera de horario una vez que ha salido.

Por favor haga todo lo humanamente posible por obedecer las instrucciones que le den al pie de la letra. No se quede con ninguna duda, por pequeña que pueda parecer. Se arriesga usted a ser tratado como un niño de tres años pero es preferible con tal de evitar un mal mayor.

Estrechamente relacionado con el punto anterior tenemos el siguiente: Absténgase de proporcionarle cualquier cosa a su paciente que está internado sin haber consultado antes con el personal que está a cargo de su cuidado. Me refiero principalmente a comidas y bebidas. Igualmente de flores mejor olvídese. El uso de celulares y tabletas está restringido pero puede haber cierta flexibilidad. Lo mismo con libros y revistas, pero siempre es mejor preguntar para asegurarse. Lo de la comida es importante en muchas situaciones, si le indican ayuno los médicos tendrán sus buenas razones. En el caso de pacientes que tienen programada una intervención quirúrgica es imperativo que al momento de ingresar al quirófano el paciente haya cumplido con un ayuno de un mínimo de ocho horas por razones de seguridad, llamado ayuno preoperatorio, ya que los medicamentos anestésicos conducen al paciente a un estado tal de relajación del tono muscular que entre otras cosas se reducen los reflejos que impiden que el contenido del estómago sea regurgitado lo que podría  derivar en una bronco – aspiración, es decir, que sustancias provenientes del estómago lleguen a los  pulmones. Este ayuno es una de las providencias elementales que deben tomar los médicos para reducir al mínimo o evitar complicaciones perioperatorias, es decir los riesgos que entraña una cirugía, ya que ninguna por menor que pueda parecer está exenta de ellos, ningún anestesiólogo se arriesgará a admitir a un paciente que tiene una cirugía programada si no cumple con esta condición. Ahora que recuerdo sucedió algo gracioso una vez con una enfermera novata. Resulta que tenía a su cargo un paciente que había sido hospitalizado con la finalidad de practicarle una cirugía, entonces como es normal tenía indicado “nada por vía oral, excepto medicación”, es decir ayuno. Llegó la hora de pasar a quirófano y en el transfer en la entrevista final cuando le preguntaron a qué hora había comido por última vez confesó que un par de horas antes. Los médicos anestesiólogos se sorprendieron y le preguntaron entonces a la enfermera:

  • ¿Tu paciente ha comido algo? – Imagino que la chica pensó que había actuado correctamente y que si sospechaban que había fallado en el cuidado de su paciente sería duramente cuestionada y respondió enfáticamente:
  • ¡Sí, sí, claro! Le pasaron su dieta y comió muy bien. – Supongo que por pura curiosidad quisieron saber qué había comido.
  • Le pasaron un bistec con papas, verduras y tortillas. – En realidad no recuerdo el menú pero vaya, era una comida completa.
  • Bien, entonces llévatelo de regreso a su cama, ¿no sabías que tiene una cirugía programada? ¿No tiene indicado ayuno? ¿Por qué dejaste que comiera?

Así que a pesar de sus esfuerzos aquella joven enfermera no pudo salvarse de que le dieran un zape verbal.

Por favor no toque nada, a menos que en forma clara y explícita le hayan asegurado que puede hacerlo sin contaminar algo. Especialmente esas mesitas rodantes donde las enfermeras colocan el material que emplean (su nombre es mesa pasteur, por cierto). Debe usted saber que esa dichosa mesita a menudo la limpian con alcohol antes de utilizarla y colocar sobre ella algunos medicamentos e implementos casi sagrados y benditos, es decir estériles, y si alguien, sea hombre, mujer o demonio se atreve a poner sus sucias manos encima entonces ese alguien puede salir herido.

Debe usted tener presente que no puede y repito, no puede pasar a ningún lugar donde vea que el personal lleva puesto el uniforme quirúrgico, o pijama quirúrgica, mucho menos si además puede ver que usan un gorro, botas y mascarilla quirúrgicos. Definitivamente es un lugar restringido, conocido en el argot especializado como “zona gris”, quizá incluso sea una “zona blanca” donde únicamente puede pasar el personal autorizado y la atención que ahí se brinda se realiza en condiciones de estricta higiene, es un área estéril, al menos tanto como sea posible. Si usted se atreve a cruzar el umbral que solamente aquellos elegidos tienen permitido pasar, será únicamente para que inmediatamente le hagan volver sobre sus pasos como un niño al que la maestra jala de una oreja mientras lo conduce a la dirección de la escuela, y escuchará una larga letanía básicamente compuesta por la frase: “No puede usted entrar aquí”.

Procure mantener la calma en todo momento. Es perfectamente entendible que sea muy fácil exaltarse en una emergencia, en una situación crítica, declarada o potencial, pero tenga presente que si ya es tensa y difícil, nadie gana nada haciéndola aún más. No estoy diciendo que no se queje, que no proteste o que no exija la atención que merece, por supuesto que no. Le asiste todo el derecho de hacerlo pero es mejor hacer lo posible por facilitar la labor de aquellos que le asisten a usted y a su paciente que empeñarse en complicar todo. Frecuentemente pienso que la subdirección de enseñanza del hospital debería capacitarnos a la totalidad de quienes estamos en contacto directo con pacientes o familiares en cuanto a la resolución y manejo de conflictos porque realmente nos hace falta, deberíamos saber qué decirle y cómo hablarle a una persona alterada, porque en momentos de confrontación somos nosotros los primeros quienes deberíamos mantener la calma, se supone que somos profesionales y debemos saber cómo actuar en situaciones así pero desgraciadamente no siempre sucede de esta manera. Deberíamos tener también mecanismos para asegurar que cualquier papeleo sea relegado a un segundo plano y no supeditar la atención médica a la pre existencia de algunos documentos, se me ocurre que quizá sería bueno dejar todo ese engorro para el final, y de inicio otorgar una especie de pase o pasaporte donde el usuario se compromete a completar satisfactoriamente todos los trámites solicitados una vez que ha recibido la atención.

Adrián Lobo.

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