La defensora de los derechos lingüísticos en los tribunales

Desde una ciudad multicultural como Los Ángeles, Odilia Romero, coordinadora del Frente Indígena de Organizaciones Binacionales, defiende los derechos de los migrantes indígenas a través de la interpretación de sus lenguas maternas, siempre con conciencia política

LOS ÁNGELES, CALIFORNIA.- Esta ciudad es un cúmulo de los idiomas del mundo. El inglés, la lengua oficial de Estados Unidos, ha sido rebasada por el castellano. Y en las calles es común encontrar a personas provenientes de distintas comunidades que hablan su lengua materna. Las lenguas indígenas florecen en los barrios mexicanos situados al este y sureste de la urbe: el ñuu savi (mixteco), el binizaa (zapoteco), el triqui o el náhuatl, de Oaxaca, Guerrero y Chiapas.

La diversidad lingüística en Los Ángeles se nutre de personas de 140 países, que hablan alrededor de 92 idiomas diferentes, muchos de ellos migrantes, por lo que quienes se comunican en lenguas indígenas enfrentan la separación de sus familiares cuando son detenidos por Migración y, ante la falta de intérpretes en las audiencias en la Corte, son deportados.

La oaxaqueña Odilia Romero Hernández trabaja para cambiar esa realidad.

Es la primera mujer que coordina el Frente Indígena de Organizaciones Binacionales (FIOB), una coalición de agrupaciones y personas indígenas, en ambos lados de la frontera de México y Estados Unidos, que defiende y promueve la identidad y los derechos indígenas.

La FIOB trabaja por los derechos lingüísticos en los tribunales, tanto en la interpretación, como en la capacitación de nuevos intérpretes de lenguas indígenas.

La activista señala que los obstáculos que padecen los indígenas en Estados Unidos no son muy distintos de los de México. La discriminación se traslada al otro lado de la frontera.

“Muchos mexicanos llegaron con su comida y su música, pero también trajeron sus prejuicios hacia los pueblos indígenas”.

Lo mismo ocurre con el desconocimiento sobre la diversidad de las culturas: “asumen que todos somos aztecas”.

Uno de los casos emblemáticos en los que FIOB se ha involucrado es el de Cirila Baltazar Cruz, quien en un juicio tuvo como intérprete una puertorriqueña que ignora el contexto cultural de los indígenas chatinos de Oaxaca.

El caso de Cirila sucedió en la costa del Golfo de Mississippi, en noviembre de 2008, cuando acudió al hospital para dar a luz a su hija Rubí. Según documentos obtenidos por el Clarion-Ledger de Mississippi, el hospital llamó al Departamento de Servicios Humanos (DHS) del estado, que dictaminó que Baltazar Cruz era una madre no apta en parte por su falta de inglés y concluyó que: “puso en peligro a su bebé, por lo que determinaron lo volverá hacer en el futuro”.

Baltazar Cruz, de 34 años, había emigrado a principios del año 2000, con la esperanza de trabajar y enviar dinero a México para manutención de dos niños que había dejado con su madre. Sin una intérprete de su lengua materna (chatino), la Corte de Migración le quitó su bebé y la deportó a Oaxaca. Cirila sólo habla el chatino, poco de español y nada de inglés.

Esa historia llevó a Odilia a organizar talleres de capacitación para hablantes de lenguas maternas, y combatir las deportaciones y las violaciones a los derechos humanos por falta de intérpretes y traductores en hospitales, comandancias de policía, en la Cortes de migración y penales de Estados Unidos.
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La primera experiencia de Odilia como intérprete profesional ocurrió cuando era muy joven. Tenía entre 13 y 14 años de edad cuando un paisano suyo se preparaba para ser peluquero y quería acreditarse para atender una peluquería estatal.

La activista ríe al recordar: “No sé cómo pasamos ese examen… y así es como él tiene ahora su peluquería, pero en ese entonces yo no sabía que era una profesión ni que te pagaban”.

El hombre quiso pagarle con dinero pero los padres de Odilia lo impidieron. “Me regaló una cadenita de oro con un crucifijo, quién sabe dónde quedó…”.

Más de tres décadas después como intérprete, Odilia se ha topado con prejuicios similares hacia comunidad latina e indígena, por la idea preconcebida de que un indígena es una persona no pensante, sin derecho a un intérprete en su lengua.

Las instituciones, lamenta, hacen el mínimo esfuerzo para conseguírselo.

“Rara vez se han visto los casos donde alguien hace este gran esfuerzo por apoyar”.

La zapoteca habla del avance de la reivindicación de la identidad lingüística en Los Ángeles. El FIOB fue iniciado por Rufino Domínguez, en 1993, como un acto político de conciencia, que un cuarto de siglo después se ha consolidado como una opción que colabora directamente con asesorías en la Corte en la evaluación de acusados hablantes de un idioma indígena de México o Sudamérica.

En sus actividades diarias, Odilia acude a los tribunales a asesorar a los acusados indígenas, averigua de qué lengua se trata y, si no es zapoteco, se encarga de conseguir un intérprete para el caso necesario.

Pese a las resistencias que encuentra con los funcionarios estadounidenses, Odilia considera que éstas serían mayores en su país natal.

“México es un país racista, muchos, no todos los mexicanos son así, claro, pero la gran mayoría tienen un prejuicio hacia las comunidades indígenas desde sus famosos dichos: ‘no seas indio’”.

Por lo que Odilia considera que los avances que ha tenido la organización a la que pertenece en Estados Unidos serían más difíciles en México.

“No pasaría en México, y creo que estos funcionarios públicos no se dejarían educar en cuanto a la población indígena. Aquí sí lo hacen, a regañadientes pero se sientan, les informas las causas del desplazamiento y se terminan solidarizando con los detenidos”.

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