Hazel Zamora Mendieta

Cimacnoticias |

Ciudad de México.- El comedor de la casa está lleno. Unas cinco mujeres, cada una en una mesa, buscan que sus hijos e hijas terminen el pedazo de panqué sabor naranja que prepararon juntas como parte de las enseñanzas que reciben durante los tres meses que habitarán en este refugio.

Mientras ellas disfrutan de un tiempo libre, en la habitación contigua las trabajadoras preguntan a la directora del refugio: “¿Tendrán sueldo para la quincena?” “¿Hay presupuesto para salir de la ciudad y dar seguimiento a la denuncia de una de las mujeres víctimas de violencia familiar?”.

Como en otros refugios dirigidos por organizaciones civiles la incertidumbre crece ante los anuncios del presidente Andrés Manuel López Obrador de no entregar a las agrupaciones de la sociedad civil recursos públicos a fin de evitar “discrecionalidad, opacidad y corrupción”. El presidente no ha terminado por aclarar cómo será que el Estado asumirá la rectoría de estos espacios que salvaguardan a mujeres sus hijos e hijas víctimas de violencia extrema.

Los últimos datos recolectados en 2015 por Fundar, Centro de Análisis e Investigación AC, señalan que hasta entonces operaban en el país 72 refugios: 34 pertenecen a organizaciones de la sociedad civil, cuatro a instituciones de asistencia privada y 34 son instituciones públicas. Mientras, la información con que cuenta el equipo de López Obrador es de 70 refugios de los cuales sólo 20 tendrían las condiciones para operar.

El funcionamiento del refugio que visitó Cimacnoticias depende mayoritariamente del presupuesto que recibe del gobierno Federal. Como lo hacen cada año, se postularon en la convocatoria 2019 de la Secretaría de Salud para acceder al fondo de 346 millones 482 mil 708 pesos etiquetados para los refugios y centros de atención externa, que manejan organizaciones y gobiernos locales.

Este refugio, detalló su directora quien pidió el anonimato ante el adverso contexto, solicitó 5 millones de pesos, a cuestas, alcanzará para solventar de abril a diciembre de este año las necesidades básicas de las 8 mujeres con sus hijos e hijas que el refugio alberga durante tres meses o más si lo necesitan (hospedaje, alimentación, vestido, calzado, servicios médicos, asesoría legal y psicológica). Todo el año la casa está llena.

Esos 5 millones de pesos, además, deberán alcanzar para pagar la renta de la casa, los servicios de agua y electricidad, su mantenimiento. El sueldo de las 20 trabajadoras que lo hacen funcionar: la directora, tres trabajadoras sociales, una abogada, dos psicólogas para las mujeres, una psicóloga para la niñez, dos pedagogas, dos personas de vigilancia, una cocinera, un chofer, una mujer de intendencia, tres enfermeras, una encargada de administración y una para el registro de las atenciones que dan.

La convocatoria para acceder a los subsidios se publicó a finales de enero, la Secretaría de Salud se retractó de suspenderla permaneciendo abierta hasta el pasado 6 de marzo. Si este año se garantiza la entrega del recurso como lo ha comprometido la presidenta del Instituto Nacional de las Mujeres (Inmujeres), Nadine Gasman, recibirán el monto de 5 millones –o quizá menos como normalmente ocurre- hasta el mes de abril.

En tanto el refugio subsiste a cuestas con los ingresos que reciben de donaciones, las interrogantes se mantendrán hasta verse instrumentada la convocatoria de la Secretaría de Salud.

El SALVAVIDAS

La violencia familiar no deja a las mujeres otra salida más que huir, refugiarse para conservar su vida. Escapan sin nada, en una oportunidad que tuvieron por la ausencia de su pareja, huyen de una amenaza de muerte o después de estar al filo de ser asesinadas.

La mayoría de ellas no trae consigo nada al refugio. Sin ropa, ni dinero, juguetes o medicinas, en los refugios reciben lo más elemental, un primer paquete de ropa y calzado que cubrirá 15 días de cambios, si necesitan atención médica por lesiones físicas o psicológica de emergencia se les dará.

Aquí vivirán tres meses, sin salir o contactar a sus familiares por seguridad. En este tiempo ellas y sus hijos buscarán reconstruirse de años de violencia, recibirán atención psicológica, la niñez educación, planearán un proyecto de vida y si lo desean, algunas buscarán justicia y sanciones contra sus agresores.

La ubicación del refugio y los datos de las mujeres que permanecen en él deben preservarse como confidenciales, quienes permanecen en él y sus visitantes se comprometen a no divulgar la localización. La directora nos cuenta como son medidas fundamentales, en los últimos años los casos de violencia familiar han recrudecido y cada vez reciben a más mujeres que huyen de parejas implicadas en el crimen organizado.

La seguridad entonces es uno de los indicadores que considera la Secretaría de Salud por medio del Centro Nacional de Equidad de Género y Salud Reproductiva (CNEGySR) para otorgar los financiamientos. Todos los refugios deben tener un plan de seguridad que contemple el estado emocional de las víctimas hasta el peligro potencial del agresor.

Otra diferencia de la atención en los refugios, en comparación de los Centros de Justicia para las Mujeres o Ministerios Públicos que atienden a mujeres víctimas de violencia de género, está en la atención integral y especializada que brindan, nos dice la directora.

La atención emocional es lo primero que reciben de manera individual y colectiva las mujeres. En tres meses se busca transmitirles de herramientas que les permitan tomar decisiones más asertivas, transformar sus formas de relacionarse y saber que tienen el derecho de vivir una vida libre de violencia.

Para que un refugio pueda acceder el recurso público es indispensable contar con el Modelo de Atención para mujeres que han sobrevivido violencia previsto en reglamento de la Ley General de Acceso de las Mujeres a una Vida Libre de Violencia (LGAMVLV) y creo en 2011 el Instituto Nacional de las Mujeres.

También como parte del proceso de recuperación de las mujeres reciben diversos talleres con los que pueden realizar actividades para tener un ingreso. Las trabajadoras del refugio se encargan de vender los chocolates que realizan para que ellas pueden tener algo de dinero para sostenerse en su salida. Una cantidad que ciertamente es mínima reconoce la directora, pero les ayuda en su independencia económica.

Cabe mencionar que el refugio todavía da seguimiento por un año a las mujeres y sus familias que salen de él, ellas siguen acudiendo a los denominados centros de atención externa para recibir atención psicológica. Estos espacios se postulan aparte al subsidio de la Secretaría de Salud, pues también tienen toda una infraestructura para funcionar, son quienes realizan cuestiones administrativas, reciben y dan seguimiento a los casos.

VIVIR EN UN REFUGIO

En un día común en el refugio, las actividades comienzan a las 6 de la mañana. Las mujeres reproducen sus discos de zumba para ejercitarse un poco y después alistarse a desayunar. La cocinera ya tendrá a las 8 de la mañana los alimentos preparados.

Sus hijas e hijos también deben alistarse, las trabajadoras del refugio se encargan que no abandonen sus estudios, los inscriben a escuelas cercanas y aunque no asisten por seguridad, envían los trabajos que les requieren. En el refugio dos maestras se encargan de darles la educación que corresponda a su edad.

La directora nos da un recorrido en la casa y nos lleva a la ludoteca. La niña más pequeña de 2 años de edad dibuja, mientras las más grandes de hasta 8 años, leen y realizan actividades de gramática. La directora nos explica que la niñez es otra de las prioridades de los refugios, en medio de la violencia familiar suelen ser testigos o reciben los mismos tratos que sus madres, por lo que una psicóloga se encarga de darles atención también. Entusiastas, las niñas se acercan a saludar a la directora, muchas de ellas antes ni siquiera tenían la confianza de hablar o saludarla, aquí retomaron lo que les fue arrebatado.

El acceso a la justicia viene de la mano de la rehabilitación de las mujeres, cuentan con una abogada para interponer y dar seguimiento a las denuncias de las mujeres refugiadas. Un trabajo que se complica cuando las víctimas son canalizadas de otras entidades federativas, pues deben trasladarlas obligatoriamente a su lugar de origen para seguir las diligencias. Entonces el refugio debe hacerse cargo de todos los gastos que ello implica, seguridad y transporte, viáticos.

Muchas ocasiones, revela la directora, las trabajadoras ponen de su salario para cubrir atenciones médicas, comprar ropa, zapatos, seguir diligencias o cualquier otras necesidades imprevistas en el refugio. Son mujeres que trabajan más de ocho horas al día por el compromiso que tienen con los derechos de estas mujeres y sus familias.

El tema médico es complejo. Por ejemplo, uno de los niños del refugio se prepara para salir a su cita médica con el oftalmólogo, necesita lentes pero los refugios tienen que buscar los medios para acceder a estos servicios como cualquier otra persona. Son muy pocos los convenios que les da la Secretaría de Salud. En este caso un oftalmólogo ha decidido dar el servicio como donación a los niños y niñas del refugio, pues las trabajadoras le explicaron su situación.

Lo mismo sucede si alguno de los niños, niñas o sus madres tienen alguna enfermedad, las trabajadoras del refugio buscan que tengan la atención. En este rubro las tres enfermeras son quienes tienen guardias de 24 horas, nunca dejan el refugio solo, siempre están cuidando a quienes habitan ahí.

Las necesidades en los refugios son más de lo que los recursos públicos que reciben pueden cubrir. De acuerdo con Fundar en su diagnóstico sobre los refugios en México, la cantidad total del dinero gastado en los refugios aumentó a partir del 2012 y 2013, pero en los años posteriores no ha tenido grandes incrementos, comparando el 2015 con el 2012, el presupuesto total de los refugios sólo se incrementó 2 por ciento.

Ante las acusaciones del presidente de la opacidad con la que funcionan los refugios de las organizaciones civiles, la directora de este espacio acentúa que cada peso que reciben es auditado. Nos da un ejemplo concreto, compraron pintura para mejorar la casa, sobró dinero y tuvo que regresarse.

También reflexiona sobre la posibilidad que el Estado se haga cargo de estos espacios, algo casi imposible. La directora nos dice que no sólo los costos serían mayores, las organizaciones civiles desde la década de los noventa, han logrado lo que el gobierno no pudo, garantizar a las mujeres un plan de atención, seguridad y sobre todo, la evolución de ellas y sus hijos e hijas, la mejor ganancia que tienen las trabajadoras de este refugio.

De acuerdo con lo que ha anunciado López Obrador el Estado buscaría la construcción de más refugios en los municipios, el estudio de Fundar indica que hasta 2014 había entidades federativas sin refugios apoyados por presupuesto de Secretaría de Salud: Baja California Sur, Colima, Sonora, Tamaulipas y Zacatecas no solicitaron este subsidio entre el 2008 y el 2014, mientras que Nayarit sólo tuvo el apoyo a un refugio en el 2011.

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