El presidente Andrés Manuel López Obrador fue al juego inaugural del nuevo estadio de los Diablos Rojos, uno de los equipos de béisbol más antiguos de México.

Al aparecer en la cancha una parte de los aficionados lo abucheó. No se sabe cuántos. Unos dicen que fueron pocos, quienes compraron los asientos más caros. Otros creen que fueron todos los que asistieron al estadio.

El video que muestra el momento se difundió en redes sociales y en pocas horas se convirtió en uno de los más vistos. Abundantes, las críticas y burlas al presidente.

Entre los más entusiastas promotores de las imágenes aparecieron los mismos nombres que, desde las elecciones presidenciales de 2018, dedican la mayor parte de sus días a cuestionar a López Obrador.

Personajes como Javier Lozano, Fernando Belaunzarán, Mariana Gómez del Campo, Margarita Zavala y su marido o el expresidente Vicente Fox.

Todos, perdedores el 1 de julio. Todos, compañeros de la mayor depresión post voto en la historia de México.

Las horas que el abucheo al presidente fue popular en Twitter fueron las más felices para ese grupo.

La anécdota es una estampa del dramático momento que padecen los adversarios del presidente.

Más de ocho meses después de las elecciones, la oposición política al Movimiento de Regeneración Nacional (Morena) no ha logrado recuperarse de la brutal pérdida de votos –y dinero- que representó el tsunami López Obrador.

Han intentado de todo: campañas en Twitter para resaltar frases desafortunadas del presidente; financiar protestas de supuestas víctimas de acciones de gobierno, como el caso de las estancias infantiles, o crear “movimientos” como @hijasdelamx, vinculadas con el calderonismo.

Hay casos extremos, como la denuncia que el presidente del Partido Acción Nacional (PAN), Marko Cortés, presentó ante la Organización de Estados Americanos (OEA) por un supuesto intento de reelección de López Obrador.

No es la primera vez que el partido recurre a organismos internacionales. En 1986, por ejemplo, denunció en un comité de la OEA el fraude electoral contra su candidato al gobierno de Chihuahua, Luis H. Álvarez, quien mantuvo una prolongada huelga de hambre como protesta.

Pero fueron más allá. El empresario Ricardo Villa Escalera, también víctima de trampas en los comicios de Puebla, pidió al polémico senador republicano Jesse Helms que promoviera sanciones comerciales de Estados Unidos contra México.

A muchos tal vez el nombre nada signifique. Pero durante casi dos décadas el político supremacista, ultraconservador y poderoso líder del comité de Relaciones Exteriores estadounidense fue el mayor enemigo de los mexicanos.

Para ponerlo en contexto: era como Donald Trump a la quinta potencia.

Ahora el PAN no llegó a esos extremos. Nada más repitió la versión de que AMLO es enemigo de la democracia.

Y a pesar de todos estos esfuerzos, la popularidad del presidente sigue al alza. La más reciente encuesta de Parametría revela un 86% de respaldo a López Obrador.

Quizá por eso el abucheo en el estadio de béisbol fue como un rayito de esperanza para los opositores. Pero se les fundió pronto, porque como dijo antes The Economist sobre el gobierno de Enrique Peña Nieto, hoy no entienden que no entienden:

Mientras descargan su frustración en Twitter o intentan revivir en los medios aliados la versión de que AMLO es un peligro para México, el presidente arrebata día a día, mañanera tras mañanera, el granero de votos que permitirían seguir con vida política a sus adversarios.

Los expertos como Roy Campos, de Consulta Mitosfy, repiten con frecuencia que no existe un personaje, propuesta o por lo menos estrategia que unifique a los inconformes.

Existe un riesgo real de que un presidente con tanta fuerza gobierne sin contrapesos. Que diseñe solo, como ya empieza a hacerlo, su régimen político.

Hay muchos temas que necesita entender el nuevo gobierno más allá de sus convicciones. Pero hasta ahora no hay quien se lo explique.

No son, al menos, los opositores de Twitter, los perdedores del 1 de julio, extraviados en el odio y la frustración.

En ellos no existe la balanza que el país necesita.

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