I.- Cuando calienta el sol…

Los médicos, al menos en el H.G.D.A.V., pero creo que es algo generalizado, tienen una curiosa forma de designar el estado de franca mejoría de un paciente que podríamos decir que se encuentra plenamente asintomático o relativamente estable, se me ocurre, o de describir la situación confortable y libre de cualquier molestia en la que se puede llegar a encontrar, a pesar de que algún poco tiempo atrás haya manifestado algún malestar. Es un popular concepto conocido como “Signo de playa positivo”. Incluso para quienes no somos médicos es fácil aprender a reconocer un paciente que se encuentra cursando por este estadio, se proporciona a continuación una descripción, seguramente no correcta o poco acertada en términos médico científicos pero espero que sí comprensible por cualquiera independientemente de su conocimiento en la materia correspondiente:

Paciente en decúbito dorsal (acostado sobre su espalda), con las manos en supinación (las palmas hacia adelante) y por detrás de la cabeza sosteniendo la nuca y las piernas levemente cruzadas al nivel de los tobillos u ocasionalmente formando con ellas un cuatro. Hay algunas variaciones, por supuesto, puede darse el caso de quien coloque una mano a la altura del abdomen y sostenga su cabeza con la otra, con una pierna flexionada y la otra cruzada sobre ella formando un cuatro medio extraño. En fin. Ya sabe usted cómo es.

Este signo puede ser aún más acusado si acaso le han colocado en posición de Fowler (semi sentado, en ángulo de 45°, ya sea con las piernas extendidas o ligeramente flexionadas) o en semi Fowler. En fin, que esto es justamente como si estuviera en la playa, de hecho en esta situación lo único que le hace falta es una piña colada o un coco con ginebra… y claro, el sol y la arena y todas esas cosas… pero la actitud, que suele ser lo principal, ya la tiene.

Si acaso en algún momento se encuentra usted en un hospital ya sea como paciente o visitante y escucha por ahí a un médico decir: “El paciente Fulano, de la cama X, presenta signo de playa positivo”, puede usted traducirlo como: “Este tipo no tiene nada”.

II.- No culpes a la noche…

Nuestra anestesióloga pediatra (la única en el H.G.D.A.V., una de los diez especialistas en esta área que hay en el estado) estaba explicándole a un pacientito cómo le iban a dar medicamentos para que no sintiera dolor y el cirujano pudiera operarlo. El pequeño estaba un poco afligido pensando que para eso tenían que inyectarlo, cosa que no deseaba.

  • Ya no te vamos a picar –dijo la médica, y mostrándole el tubo de su venoclisis agregó: Por aquí te voy a poner las medicinas, ya no te voy a inyectar.
  • ¿Y cuando me operen me va a doler?
  • No, no vas a sentir nada porque cuando te operen vas a estar dormido.
  • ¿Entonces me van a operar de noche?

III.- What´s my name?

Independientemente de los modales y las formas correctas o recomendadas para referirse a un paciente como parte de un trato digno y humanizado, como por ejemplo llamarles o  referirse a ellos por su nombre en vez de su número de cama, es relativamente sencillo hacerlo, ¿no es cierto? Tan fácil como decir: “El Sr. Fulano de tal”, o “la señora “Zutana”, “Don Perengano”, etc. Incluso cuando se trata de menores de edad, hasta de edad preescolar. “La pacientita Fulanita”, “El niño Zutanito” o “Perenganito”. ¿Pero qué pasa con una persona cuya edad se cuenta apenas en horas o días? Por cierto que es común que en vez de decir “la nena” o “el bebé” formalmente se utilice la expresión “Persona recién nacida” para referirse a ellos. Ya en los servicios lo usual es emplear un modo de hacerlo que me recuerda a las costumbres árabes en cuanto a la onomástica, esto es las formas empleadas ampliamente en aquellas culturas para nombrar a las personas. Aunque hay distintas prácticas en la materia no solo en las culturas árabes como por ejemplo el uso de toponímicos o vocablos derivados de oficios o profesiones existe también la práctica de incluir la genealogía, así un nombre árabe clásico, podríamos decir, puede incluir un prefijo de respeto que indica de quién se es padre o madre (llamado Kunya, que se indica con la partícula Abú), más un nombre propio (conocido como Ism) más un patronímico que puede indicar de quién se es hijo, nieto, biznieto  y aún puede ir varias generaciones más atrás (Nasab, indicado con la partícula Ibn o Ben, en el caso de los hombres y Bent para las mujeres). Es también posible agregar una porción conocida como Nisba en alusión a un sitio, una tribu o un oficio, más una parte llamada Laqab que es un sobrenombre que hace alusión a una característica física, una cualidad deseable o podría incluso ser peyorativo.

Si, por ejemplo, una persona tuviera por nombre propio Asad, fuera padre de Hasán e hijo de Umar y se tuviera por una persona alta (al-Tawil) su nombre sería: Abú Hasán Asad Ibn Umar al-Tawil. También puede colocarse el Nasab al final y decir: Abú Hasán Asad al-Tawil Ibn Umar. (Fuente: http://guardafaro.net/formacion-de-los-nombres-arabes/ )

El caso es que en el H.G.D.A.V. en los servicios donde se atiende a pacientitos muy menores, que aún carecen de un nombre legal se emplea la fórmula “Hijo de” o “Hija de” más el nombre de la madre. Así entonces suele decirse: “El paciente Hijo de Fulana de Tal…”, “La paciente Hija de Zutana de Tal…” para referirse a ellos.

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