12 de mayo, Día Internacional de la Enfermería | Primera parte

12 de mayo, Día Internacional de Enfermería. Imagen de Flickr.

¿Por qué tenemos las mujeres pasión, intelecto, actividad moral (las tres cosas) y un lugar en la sociedad donde ninguna de las tres puede ser ejercitada?

Florence Nightingale

OAXACA, (pagina3.mx).- La trascendencia del trabajo de Miss Florence Nightingale en enfermería es tal que tiempo después de su muerte se propuso instaurar en la fecha de su natalicio, el doce de mayo, el Día Internacional de la Enfermería.

Sin embargo tanto durante su vida como después de su fallecimiento tuvo y ha tenido lo mismo seguidores que detractores.

Persiste una opinión plasmada en la Wikipedia y después replicada en numerosos sitios web “… Florence Nightingale no está vista como un ejemplo de conducta decorosa en algunas partes del mundo”.

A pesar de ser tantas veces repetida dicha afirmación, no son tantas las fuentes que explican por qué.

Pero como sea, resulta que hay quienes han promovido o solicitado que se cambie la fecha en que se conmemora el Día internacional de la enfermera.

En concreto lo que podría ser el equivalente de la FSTSE en el Reino Unido, la UNISON, que agrupa a servidores públicos tanto del área de la salud como de la educación, policía y otros sectores como gas, electricidad y agua, determinó por consenso en un momento dado solicitar al Consejo Internacional de Enfermería cambiar la fecha de dicha conmemoración.

Específicamente proponen que sea el 21 de mayo, fecha del natalicio de Elizabeth Fry, fundadora de la “Institution on Nursing Sisters”, varios años antes que Nightingale iniciara sus trabajos, y que también aportó con los suyos a la reforma del sistema hospitalario pero enfocándose más en la atención a reclusas y enfermos mentales.

Sorprendentemente una de las primeras en expresar dudas y críticas sobre Miss Nightingale fue su propia hermana mayor Parthenope (al parecer los padres de ellas no se complicaban para nombrar a sus hijas, simplemente les ponían un nombre alusivo al lugar donde nacieron).

En una carta a una amiga en común, Mary Mohl, se refiere a ella como una “enfermera chocante” o “impactante” (“a shocking nurse”). Escribió también:

“She has little or none of what is called charity or philanthropy, she is ambitious — very, and would like . . . to regenerate the world. . . . I wish she could be brought to see that it is the intellectual part that interests her, not the manual”.

(“Tiene poco o nada de lo que se llama caridad o filantropía, es ambiciosa, mucho, y desearía… regenerar el mundo… Desearía que le hicieran ver que es la parte intelectual la que le interesa a ella, no la manual.”)

Además se puede encontrar por ahí la siguiente afirmación: “Un documental de la BBC publicado en el 2001 titulado “”Reputaciones: Florence Nightingale, Iron Maiden”, la presenta muy lejos de la imagen romántica de la dama de la lámpara, como una persona neurótica, manipuladora y sexualmente reprimida que era impulsada más por la ambición que por la compasión”.

Personalmente creo que la frase que encabeza estas humildes líneas, atribuida a la propia Florence resume contundentemente lo que yo interpreto como la frustración que sentía y en la que la sociedad de su época pretendía mantenerla sumida, creo además que simplemente nada de lo humano le resultó ajeno y no hay más que criticar en ese sentido.

Considero que antes como ahora es inconcebible que a una persona de mente inquieta y curiosa, intelectualmente dotada, que ha recibido una educación extensiva, se le pida finalmente que se siente a esperar a que se concrete un matrimonio donde se vería recluida y limitada en sus aspiraciones a elegir sombreros lindos y pasar las tardes tomando té.

Y, efectivamente, según sus biógrafos ella rechazó una propuesta matrimonial en 1849. “No anticipo que los episodios de amor serán frecuentes en su vida”., habría dicho su madre en 1838. Miss Nightingale por su parte habría expresado:

“Yo tengo una naturaleza moral y activa que requiere satisfacción, y eso no lo encontraría en la vida de él. Yo podría sentirme satisfecha si pasara la vida combinando nuestros diferentes poderes para lograr un gran objetivo.

Pero no podría satisfacer esta naturaleza pasando la vida en compromisos sociales y organizando las cosas domésticas”. (Mujeres en la ciencia. Florence Ninghtingale: La lámpara del humanismo científico. María Angélica Salmerón. La ciencia y el hombre, Vol. XXVI, número 3)

En años recientes, aunque seguramente su origen sea muy anterior, se ha avivado un acalorado debate entre sus críticos y partidarios, cada uno de los bandos tiene planteamientos interesantes a mi parecer.

Se le ha criticado duramente por supuestamente practicar una hipócrita misoginia. Se dice que no apoyaba el sufragio femenino y la verdad es que su posición sobre los derechos de las mujeres era polémica, lo es más aún en estos tiempos en que el feminismo más contumaz defiende que incluso el lenguaje es machista.

El asunto es que Nightingale escribe en una nota previniendo a sus “hermanas” sobre “[…] los ‘derechos’ de las mujeres, que las animan a hacer todo lo que hacen los hombres, incluyendo la profesión médica y otras profesiones, simplemente porque los hombres lo hacen y sin tener en cuenta si eso es realmente lo mejor que pueden hacer las mujeres”.

Parece ser que no apoyaba tampoco que las mujeres incursionaran en la carrera de medicina y que mantenía una estrecha vigilancia sobre sus enfermeras “para asegurarse de que fueran puras…” (Lauren Oyler, 1 de junio del 2016).

Supuestamente también “Varios académicos han afirmado que Nightingale consiguió que las enfermeras fueran respetadas animándolas a conformarse con las normas sexistas de pureza y sumisión”.

Por otra parte hay quienes la consideran “pionera del pensamiento científico y ético en enfermería”.

Es lógico pensar de que los alcances de su trabajo como la primera teórica de enfermería podrían verse reducidos a la luz de los avances modernos pero aún así su trabajo ha sido en definitiva el punto de partida y el sostén del desarrollo de la profesión históricamente.

Creo que fue la misma Florence quien propició algunos de los cuestionamientos más ácidos, pero también proveyó la fuente de los argumentos de la defensa más férrea:

“Estoy lejos de desear que las enfermeras fregoteen. Es un despilfarro de potencial. Pero si lo hacen poseen verdadera vocación”.

“Para ser una buena enfermera es necesario ser una buena mujer de lo contrario no se es otra cosa que una campanilla. Para ser una buena mujer es necesario realizar progresos, porque el agua y el aire estancados se corrompen y no son aptos para su uso”.

(Revisitando a Florence Nightingale desde una perspectiva de género. Alicia Narváez-Traverso, Juan Miguel Martínez-Galiano, Blanca Pérez-Martín.)

En una carta escrita en 1860 plasmó la demoledora crítica: “Las doctoras solo han intentado ser ‘Hombres’ y lo único que han conseguido es convertirse en hombres de tercera”. Y también que las médicas en ese tiempo, “no habían logrado mejora alguna”. Pero también habría dicho en otra oportunidad:

“Toda reforma de la enfermería ha consistido en lo siguiente: retirar el poder sobre las enfermeras de las manos de los hombres y ponerlo en manos de una mujer capacitada que esté al mando y se haga responsable de todo lo que se lleva a cabo”.

Defendía que “el más grande de los deberes de una mujer consiste en prodigar sus cuidados a niños, ancianos, enfermos y pobres” y proclamaba la existencia de “profesiones en las que es decididamente fundamental la bondad femenina”.

Pero sin embargo criticaba también duramente lo que supongo que ella interpretaba como apatía de muchas de ellas en esa época: “[las mujeres]… son incapaces de exponer un hecho de forma precisa a otra mujer, y esa otra mujer es incapaz de atender con suficiente precisión como para que eso se convierta en información”.

“Pagaría encantada 500 libras al año por que mi secretaria fuera mujer. Pero soy incapaz de encontrar ni siquiera una”.

¿Entonces en qué quedamos? Pues nada, que era una mujer fuerte, osada, llena de determinación y coraje, hasta el punto que era inusualmente temida por algunos médicos con los que trabajó que, mientras que sus pacientes la llamaban “la dama con la lámpara”, ellos la conocían como “El diabo Flo”.

Conozco en el HGDAV algunas generalas de esa misma clase, debo decir.

Ella, “aunque nunca cuestionaba una orden médica frente a los pacientes o las alumnas era capaz de montar acaloradas discusiones en las juntas de los hospitales en los que tenía responsabilidades”.

Adrián Lobo.

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