Hospital incurable | 12 de mayo, más allá del día internacional de la enfermería. El día del camillero. Primera parte.

Como sabemos todo cambia con el paso del tiempo, las formas, los métodos, las costumbres, van cambiando en respuesta a avances, científicos y tecnológicos, principalmente, aunque se me ocurre que también culturales por decirlo de alguna manera. Ahora mismo nos encontramos en un punto de quiebre que nos debe llevar a adoptar cambios drásticos en la forma en la que nos relacionamos con nuestro medio ambiente. Así como hace muchos años se consideraba positivo darle a los niños productos derivados del opio o consumir cocaína habitualmente, ahora estamos (debemos estar) convencidos de lo nocivo que resulta el mal uso de toda clase de plásticos y tomar medidas en consecuencia. Incluso ya sabe usted que hasta se busca su prohibición total.

Estos cambios suelen llegar a prácticamente todos los rincones del mundo, a todas las actividades humanas. De manera que hasta en el hospital se han ido produciendo cambios, adaptaciones que obedecen a los dictados de los nuevos conocimientos y resulta además que dichas novedades producen al difundirse una reacción en cadena que va modificando importantemente muchas cosas.

Un ejemplo de estos cambios en el hospital ocurrió más o menos así: Hace muchos años, toda una vida, lo que yo llamo los servicios auxiliares se concentraban en el departamento de intendencia, del que orgullosamente mi abuelito fue jefe durante muchos años. A ese departamento le correspondían las tareas de jardinería, limpieza, camillería (¿o camillaje?), así como todas esas otras que médicos y enfermeras no pudieran, o no quisieran, hacer. Me resulta irritante, no lo puedo negar, percibir que subyacía cierto clasismo o racismo en la forma de referirse a los integrantes del Honorable Departamento de Intendencia como “mozos” Lo que quiero decir es que si médicos y enfermeras podían dedicarse a lo suyo y ofrecer una mejor atención a los pacientes era en buena parte gracias a aquellos “mozos” que se encargaban de crear las condiciones necesarias, como asear el lugar, mantener el hospital en las condiciones óptimas, apoyar con la  movilización de los pacientes y todas esas cosas que hacían, así que un poco de respeto, consideración y aprecio no creo que fuera mucho pedir.

El punto es que llegó el momento de actualizarse, de organizar el sitio en una forma más adecuada, de adoptar los cambios necesarios para adecuar el servicio a mejores y más modernas formas. Aparece entonces en escena un puesto que en el H.G.D.A.V. no se conocía como tal: El de camillero.

Así es que se decide entonces crear el Departamento de Camilleros. Es esta decisión la que desata una reacción en cadena como la que mencioné líneas antes. Desconozco si hubo una planeación meticulosa o al menos hubo un plan general o si como suele suceder se empezaron a hacer los cambios y los aspectos periféricos se fueron resolviendo como se iban presentando, el caso es que los elegidos para desempeñar las funciones de camillero no fueron otros sino los integrantes del departamento de intendencia, así es que hicieron un hoyo para tapar otro, porque obviamente alguien tenía que encargarse de las demás tareas del departamento. Ese es un tema que comentaré quizá en otra ocasión ya que a mi  parecer hay algunos puntos de interés. Pues bien, con la respectiva capacitación de por medio los flamantes camilleros aparecieron en el hospital. Con funciones más o menos definidas y objetivos específicos, que constantemente se han ido afinando más y más.

Los fundadores del departamento tuvieron una visión de independencia que lograron plasmar desde dicha fundación y es que se previnieron de no quedar bajo la tutela de ningún otro, ya que sucede que en otros hospitales éste depende de la jefatura de enfermeras. Desde entonces en el H.G.D.A.V. esto se traduce en que el jefe del ésta área lo eligen los propios camilleros, en la breve historia de su existencia nunca un jefe de camilleros ha sido designado directamente por la dirección, recientemente se intentó con no muy buenos resultados, ya que se produjo una pequeña revuelta que terminó en la destitución de aquél bateador designado y la instauración de uno que fue seleccionado por los camilleros de entre los propios camilleros. Es casi una tradición que se ha mantenido y por lo visto piensan en continuar. Otra ventaja es que de este modo el jefe de camilleros se posiciona, al menos en teoría, al mismo nivel de, por ejemplo, las supervisoras de enfermería y también así los camilleros pueden organizarse libremente para trabajar sin que se les impongan funciones, horarios o guardias y adquiere entonces un sitio propio en cualquier mesa de trabajo seria sobre el trabajo en el hospital.

Confieso que esta actividad la percibía como algo relativamente moderno y reconozco que estaba completamente equivocado puesto que desde los tiempos más antiguos los grupos humanos han tenido la necesidad de trasladar enfermos y heridos, misma que es la función principal del personal de camillería o camillaje. En tiempos de guerra, por ejemplo, siempre ha sido necesario llevar a los soldados que requieren ciertos cuidados a los sitios en donde puedan atenderlos.

Se supone que el primer método empleado para trasladar a un paciente habrá sido sobre las espaldas de alguien o sosteniéndolo en la mejor forma posible entre dos o más personas sin emplear herramienta alguna, posteriormente se inventó la camilla más básica y ampliamente utilizada a lo largo de la historia, que se construyó empleando dos palos largos a los que se sujetaba una manta o algún tipo de cuerda entrelazada donde el paciente pudiera recostarse para ser llevado de un lado a otro por dos personas. La forma de realizar esta tarea evolucionó con la misma humanidad y se adaptó posteriormente para tal fin el uso de vehículos con ruedas para emplear tracción humana o animal, según la disponibilidad o la necesidad específica.

Resulta demasiado fácil restar importancia a este personaje, se puede pensar que quizá su trabajo es demasiado simple, total, llevar a un paciente de acá para allá… Incluso he visto pacientes que miran con curiosidad a los camilleros desempeñar su trabajo, imagino que por dentro se dicen a sí mismos: “Yo podría hacer eso…”. Y seguramente sí, supongo. Pero es necesario tomar en cuenta ciertos aspectos para apreciar en su justa dimensión la importancia de lo que hace.

En una ocasión un paciente adulto mayor, no tan mayor realmente, que había estado esperando en un servicio algunos minutos para que un camillero lo trasladara a otro sitio me preguntó impaciente si podía yo “llamar al mozo” que lo había llevado hasta ese lugar, para que lo regresara a su cama. No pude evitar pensar que algunas cosas cambian más fácilmente que otras.

Por alguna razón en el H.G.D.A.V. se instituyó desde hace unos años el 12 de mayo como el “Día del camillero”, compartido además con el personal de lavandería y cocina. No es algo generalizado en los S.S.O. por ejemplo en el H.R.A.E.O se instituyó el 10 de diciembre. Seguramente en el I.M.S.S. y en el I.S.S.S.T.E. existe su equivalente en otras fechas.

 

Adrián Lobo.

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