Hospital incurable / El patrón.

Hospiatl incurable

 

Damas y caballeros tengo ahora el gusto de hacer una revelación. Bueno, en realidad no será una en sentido estricto, ya que seguramente algunas personas lo saben pero habrá también quienes se sorprendan y pueden ser muchos.

Resulta, señoras y señores, que el Hospital Civil tiene un patronato. Lamentablemente es como si no lo tuviera, como un padre ausente, nunca se les ve por aquí, salvo en contadas excepciones: día de la madre, día del niño y pare usted de contar.

Traen algunos regalos para los pacientes, se toman muchas fotos, a veces selfies y a veces traen su propio fotógrafo, me imagino que para publicitarse en redes sociales como las grandes y nobles almas caritativas, piadosas y solidarias que no son o para aparecer en las páginas de sociales en los diarios y revistas donde tanto le gusta salir a la gente bonita y de la mejor sociedad.  Pero yo, por ejemplo, que soy un chismoso, metiche y encajoso, no tengo ni la menor idea de quienes lo integran o qué hacen, ¡y para que ni siquiera yo me entere…!

¡Tanto que podrían hacer y tan poco que hacen…! Ojalá y sea únicamente que no publicitan sus obras y prefieren hacerlas discretamente, pero es lo menos probable. A veces incluso dudo que ese patronato realmente exista. ¿O es que faltan ideas? ¿A poco es muy difícil convencer a Lila Downs de venir a dar un concierto a beneficio del Hospital Civil o hacerlo en la ciudad de México? ¿Convencer a Francisco Toledo de donar alguna obra para ser subastada? ¿Una serie de conciertos de la Sinfónica de Oaxaca? Y  así por el estilo podría continuar. ¿Qué tal invitar a Vinny Castilla a una convivencia con aficionados, algunas prácticas incluso, como un campamento de béisbol? O hablar con Alfredo Harp y decirle: “Oye, mi buen Feyo, ¿qué vas a donar este año? No quiero que me des dinero, mira, sólo haz que me arreglen todas las camas, camillas y sillas de ruedas que están ahí arrumbadas porque no funcionan y con eso tengo”. ¿Y qué tal contactar al maestro Faustino Díaz para organizar un festival musical? ¡Es el mejor trombonista del mundo, caramba! Seguro que tiene poder de convocatoria y su propia hermana es una enfermera que trabaja en el “Aurelio Valdivieso” no creo que no acepte. Hay tantos artistas, escritores, músicos, cantantes de origen Oaxaqueño que es difícil creer que no haya algunos que acepten colaborar. Ahora bien, ¿qué tal algo tipo “Sorteo Tec” para el hospital? ¿Una colecta anual?

Mucho más visible, por frecuente e intensa, es la actividad que realizan algunos grupos religiosos y ni siquiera entran al hospital, estas personas a distintas horas del día, especialmente en la tarde- noche, llegan incansablemente todos los días a las puertas del hospital donde siempre hay personas esperando por si sus familiares que están hospitalizados necesitan algo. De hecho los mismos médicos y enfermeras les indican que tienen que estar por ahí cerca, pero claro, adentro del hospital no pueden estar. La razón es que no hay espacio. Estos grupos llegan con fruta, pan, alguna bebida caliente, tortas, sándwiches o algún platillo, un día vi que llevaron pozole. Y las personas que anden por ahí ni siquiera tienen que pedirlo o hacer una fila, a todos hasta su lugar van y les ofrecen no una ni dos piezas de lo que lleven para repartir, cada quien puede tomar las que desee, sin ningún problema y sin que se les pida nada a cambio, invitan, sí, a quienes gusten unirse después a hacer una oración o a escuchar una reflexión pero no es obligatorio. Pero no sólo eso, también llevan a veces ropa y cobijas para obsequiar. Ya tan conocida y puntual es esta noble y generosa labor que realizan que hay algunas personas que se encuentran en situación de calle que ya saben que si llegan por ahí a cierta hora seguramente encontrarán un desayuno, comida o cena. Y convidan a todos y cuando digo todos es absolutamente todos los que estén por ahí, los compañeros vigilantes, como tienen que estar cerca por su labor, a veces aceptan de buena gana un café, otros más de otras áreas también lo hacen en ocasiones. A uno que a veces coincide con ellos en la puerta a la hora de la salida del turno también le ofrecen de lo que lleven para compartir. Algunas veces he aceptado un café también, cómo no. Pero usualmente declino la oferta porque como ya dije generalmente me topo con ellos cuando mi turno ya ha terminado y me dirijo a mi hogar y aunque el fragante café caliente sea muy tentador pienso que aunque me vendría bien, tengo una posibilidad que aquellos que están ahí esperando no tienen y es la de ir a casa donde estaré a salvo del frío y de la lluvia y podré descansar cómodamente.

A esas personas, esos héroes cotidianos y anónimos que todos los días sin falta emplean por iniciativa propia su tiempo, dinero y esfuerzo en comprar, preparar y repartir una ayuda solidaria solamente les  puedo decir, a nombre de todos aquellos a quienes apoyan: Muchas gracias.

 

 

Adrián Lobo.

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