Hospital incurable \ Servicio a la carta. Segunda parte.

Hospiatl incurable

Hospital incurable .- Por lo que yo considero una necesidad operativa, ya que como he mencionado con anterioridad hay muchos médicos, sobre todo internos y residentes, que pasan muchas más horas ahí que en su casa, hay en el hospital servicio de comedor. Pero la prestación no se limita a ellos, todos tenemos derecho a un desayuno, comida o cena. Supuestamente es así, sólo uno de dichos alimentos, pero como no hay nadie que esté vigilando, en ocasiones alguien se puede colar y tomar dos.

Desafortunadamente el comedor del H.G.D.A.V. no es ni de cerca “lo que debería de ser todo comedor institucional” según la directora del ConaCyT, donde ahora sabemos que hasta 15 millones de pesos se gastan en un menú gourmet y tienen específicamente prohibido los encargados del servicio reutilizar los sobrantes para preparar otros platillos y tampoco pueden repetir un menú por lo menos en dos meses. Y como no podía ser de otra manera en un comedor de esta clase la comida es en tres tiempos, ¡faltaba más! Lo que más coraje me da es enterarme que de postre estos insignes funcionarios se pueden dar el gusto de saborear “flan napolitano, crepas, fresas con crema, nieve, arroz con leche de almendras, pay de frutos rojos, pastel de elote y de zanahoria”. ¿Sabe usted qué nos ofrecen de postre en el hospital? Pues sólo una fruta. Comúnmente plátano, manzana, pera o mandarina. No está mal pero ¿se conformarían aquellos con eso?

Las especificaciones, exigencias para mí, de esos ejemplares comedores institucionales llegan al ridículo de dedicar un capítulo completo a mobiliario y equipo donde se consignan las medidas, el material y el estilo de las mesas así como el número de sillas para cada una y que los utensilios no deben ser de material plástico sino loza de porcelana o material equivalente, blanca o de color claro. ¡Y pensar que en el hospital nos sirven en charolas de plástico rígido y además cada quien debe llevar su juego de cubiertos o por lo menos una cuchara así como una taza o un vaso!

En el hospital la comida de los empleados se prepara en el mismo lugar y por las mismas personas que cocinan para los pacientes. Y como no podía ser de otra manera, hay muchos puntos qué comentar.

Mis quejas no son sobre los compañeros de la cocina y su trabajo, o al menos no completamente, ya que están en la misma situación en la que todos nos encontramos: hacen lo que pueden con lo que les proporcionan.

Y lo primero que habría que comentar es la poca variedad que hay en lo que se sirve. Últimamente nos hemos enterado de los banquetes que se sirven para los altos funcionarios, se gasta mucho dinero en este país para los alimentos de gente que en realidad es poco productiva y que sin embargo está convencida que merece degustar suculentos cortes de carne, jamón serrano, lomo de atún, variedad de quesos, frutos exóticos y desde luego agua embotellada de las marcas más caras y finas bebidas, todo ello de la mejor calidad y del peor precio porque usualmente son adquiridos a uno mayor del promedio. Y aquí los médicos, básicamente internos y residentes ya que los adscritos por lo regular no se paran por ahí, el día que les va bien se comprarán una pizza o una buena torta y la respectiva coca cola o pedirán algún servicio a domicilio de algún restaurante. ¡Qué mal! Acá cuando nos toca atún es del de lata, de ese que es mitad soya, el queso no es de cabra ni gruyere, ni en sueños, sino simplemente queso (como María). ¿Salmón? ni pensarlo, ni siquiera del enlatado. Quienes deseen agua mineral deben comprarla de su propio dinero, de esa que tiene arsénico (pero tranquilos, que no nos matará… al menos no ahora… porque esa cosa se acumula en el organismo y luego…)

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La oferta principal aquí es el pollo. Tanto así que medio en broma y medio en serio entre los trabajadores es común preguntar: “¿Ya fuiste por tu pollo?”, en vez de “¿Ya fuiste a comer?”, y no se hace sin fundamento, yo creo que al menos 4 de los días de la semana es el platillo principal. Aunque tratan de presentarlo de la mejor manera no siempre tienen éxito. Lo usual es servirlo medio asado, a veces medio crudo y a veces medio en mal estado. Supuestamente en gran medida se debe, como siempre, a problemas económicos. La secretaría de salud debe mucho dinero a proveedores que ante la falta de pago han optado por no surtir más de sus productos, pero según se dice, el único que no ha dejado de tener tratos con la secretaría es aquél que vende pollo. De modo que pollo comemos. Pero al menos “es gratis”, y uso las comillas porque seguramente de alguna manera parte del costo lo cubrimos con alguna deducción en nuestro pago quincenal. Entre el personal las opiniones se dividen, algunos simplemente van, comen y ya, no se quejan nunca y agradecen lo que les den, al menos por un tiempo. Hay usuarios que nada más quisieran quejarse y otros que sí se quejan. Ha habido intentos de mejorar pero no se han logrado grandes cambios. Y después de todo se tiene la opción de renunciar a este beneficio a cambio de una reducción de media hora en la jornada diaria, al menos para el personal de base, desconozco si es igual para los formalizados, regularizados y eventuales. Seguramente la excepción somos como siempre los eventuales.

El  desayuno y la cena suelen ser mejores que la comida, notablemente mejor los días sábado y domingo. En las mañanas hay café y té. Con azúcar y sin azúcar. A mi parecer sería mejor que todo lo hicieran sin azúcar y poner algunos sobrecitos para quien desee endulzar su bebida. En la comida hay agua de sabor y en la cena café.

El tema puede ser causa de un interesante debate, según yo. ¿Es un derecho o es un favor que nos hacen? Si es derecho, ¿cómo se justifica? ¿Debería ser para todos? El caso de los residentes e internos es especial, ya que por norma se tiene la obligación de proporcionarles sus alimentos cuando estén de guardia ya que deben permanecer en el hospital. Por el horario al que están sujetos, pueden llegar a pasar días enteros ahí adentro y los médicos residentes tienen un espacio dónde quedarse a descansar (¡ah!, ¿por eso se les llama ”residentes”?), no lo puedo asegurar pero seguramente cuentan también con instalaciones sanitarias, hay además casilleros donde guardar algunas pertenencias y de hecho hay a un lado de los servicios sanitarios generales regaderas disponibles para el personal que desee hacer uso de ellas, pero no se garantiza que siempre haya agua caliente. Ahora que lo menciono me enteré de un asunto un tanto jocoso relacionado con ese punto. Resulta que un compañero con cierta frecuencia decidía tomar un baño al terminar su turno, como sabía que prácticamente nunca había agua caliente ideó una estratagema que al parecer le funcionó hasta que fue de alguna manera descubierto. Resulta que antes de meterse a bañar hacía una llamada al área de mantenimiento:

  • Qué tal, buenas tardes, habla el Dr. Elmer…
  • ¿Dr. Elmer?
  • Sí, Elmer Homero…
  • ¿Elmer Homero…?
  • ¡Sí! ¡Elmer Homero P. Tatero…!
  • ¡Ah! Disculpe Doctor, dígame, ¿en qué le puedo servir?
  • Quisiera tomar una ducha, ¿sabe? Pero parece que no hay agua caliente por aquí…
  • ¡Ah, sí! Bueno, creo que podríamos hacer algo al respecto…
  • ¿En qué tiempo?
  • Sólo cinco minutos, Doctor, por favor…
  • Bien, gracias. Espero entonces.

Como dije, funcionó un par de veces y no más. En fin.

El caso es que el resto del personal tiene una jornada laboral de 8 horas, la cual no justifica plenamente el que reciban alimentos. Después de todo, ¿cuántas empresas y dependencias de gobierno cuentan con servicio de comedor? Bueno, al parecer más de las que deberían. Y no precisamente en la forma en que deberían.

Adrián Lobo

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