‘Nos están robando hasta el pasaje’, protesta de taxistas contra Uber

*El rechazo de taxistas a los conductores de Uber Cabify, Didi y otras aplicaciones se llevó a la calle. | *Después de 152 reuniones infructuosas entre autoridades de la Ciudad de México con líderes taxistas y de transporte concesionado, el gobierno federal se incorporó a las negociaciones.

Protestas de taxistas contra Uber
Las protestas llegaron a las calles. Fotografía: Ximena Natera.

Los taxistas se empezaron a reunir antes del amanecer en el Zócalo capitalino, cuatro horas antes de su cita a las 10 de la mañana. A las ocho, con cientos de automóviles sobre la explanada, comenzaron a subir al templete frente a Palacio Nacional:

“Mis jornadas de trabajos son de 15 horas”, dice uno. “Pagamos por trabajar”, dice otro. “La cantidad de dinero que le damos al gobierno no para”, se queja uno más.

Abajo, sus compañeros gritan en apoyo, emocionados y alegres.

El domingo por la tarde se difundió en redes sociales que los conductores y concesionarios de taxis harían un paro masivo en la ciudad como protesta por la precarización de su trabajo y el auge de aplicaciones de transporte internacionales como Uber.

Poco antes del mediodía, uno de los manifestantes sube al templete e interrumpe al hombre con el micrófono en turno: “Nos acaban de informar que el gobierno federal nos va a recibir para dialogar, la cita es en Gobernación, vamos ahora para allá, muchas gracias a todos por estar aquí”, dice.

La plancha del Zócalo estalla en fiesta. Se oyen cumbias y claxonazos. Los taxistas se abrazan; hay selfies y bailadera.

Es un triunfo en una pelea que, explican, han vivido fuera del ojo público.

Después de 152 reuniones infructuosas entre líderes de uniones de taxistas y transporte concesionado con representantes del gobierno local, los operadores están felices de que las autoridades federales intervengan en la discusión. Para lograrlo, más de 8 mil transportistas en la Ciudad de México cerraron 25 calles y avenidas principales, entre ocho de la mañana y doce del día.

Piden que servicios de transporte por medio de aplicaciones, como Uber, Didi y Cabify, dejen las calles en definitiva. Los transportistas se aferran tanto a esa petición que los funcionarios de la secretarías de Gobierno y de Movilidad, con quienes han sostenido todas las reuniones anteriores, creen que la negociación no avanza.

“Nosotros estamos aferrados a que dejen de operar (los servicios por aplicaciones), y si no, nos vamos a seguir manifestando”, asegura José Antonio Sánchez Escalante, presidente de Rutas Unidas una organización de taxistas y transportistas, luego de la reunión en la Secretaría de Gobernación.

“Este país ha vivido saqueado, robado, por extranjeros: nuestras aguas, el oro, el petróleo, todo lo llevan. Ahora con esto nos están robando hasta el pasaje nacional… Eso hace Uber, truena la competencia, explota a sus trabajadores y se lleva el 33% de la ganancia fuera del país”, dice indignado Jorge Aranda, taxista agremiado del aeropuerto. Para él, las empresas internacionales tienen que salir del país.

Entre los autos que ocupan la plancha del Zócalo se reúnen grupitos de taxistas que platican y bromean entre ellos. Parece insertos en su ambiente natural, como si estuvieran en su base esperando a que llegue pasaje. “¿Cuánto gastamos al año? ¡Uy, nombre! A ver, Negro, tú. ¿Cuánto le das al gobierno al año?”. le grita uno de los conductores a otro.

Entre los presentes hacen las cuentas, de todo, la cifra se va a poco más de 120 mil pesos, que incluyen el pase de revista dos veces al año, el seguro de la unidad, la tenencia, la verificación del taxímetro, la pintura de la cromática vigente, la concesión de las placas, el reemplacamiento, la verificación y el tarjetón.

“Y eso sin incluir el mantenimiento”, dice Alejandro Ramírez, taxista. “De eso, son otros 2 mil 500 pesos cada dos o tres meses”, asegura.

El costo de un automóvil en la ciudad

Pero las aplicaciones no son un mal omnipotente, dicen los taxistas. La precariedad laboral y el mal servicio son síntomas de un problema que engloba fallas en el sistema de transporte público, corrupción en las instituciones e incluso un problema cultural.

Jorge Aranda, Marcos Bringas e Israel López, todos taxistas desde hace años en el AICM, discuten sobre los matices. Aranda explica que las aplicaciones llegaron con precios con los que no se podían competir y que sobre todo no son justos ni los taxistas ni los conductores de aplicaciones como Uber.

“Cuando cobramos 270 pesos por un viaje de 40 minutos, hay que quitar los 70 pesos de cuota y la gasolina, pero indirectamente se descuenta la limpieza del coche, mi comida, el seguro, todas las cosas que nos permiten brindar un servicio de calidad y seguro al usuario, con Uber eso se vuelve opcional a cambio de precios baratos”, dice Aranda.

“Aunque parece que el usuario sale ganando, no es cierto porque terminas en manos de un conductor ocasional que no sabe como se debe manejar para transportar pasaje, que sin la aplicación no se sabe mover, es peligroso”, dice Bringas.

Los conductores responsabilizan también a los usuario, por aceptar precios bajos que, aseguran, no reflejan el valor del servicio, incluso si eso pone en riesgo a los trabajadores y ellos mismos.

“En lugar de apretar la competencia con los taxistas lo que (las aplicaciones) han logrado es que se bajen los estándares para todos, y lo notamos en la calidad de Uber ahora, dale tiempo y vas a terminar subiéndote a un coche inseguro, con alguien que no sabe, básicamente todo lo que ahuyentó al pasaje”, dice Israel Lopez.

Texto: Arturo Contreras Camero y Ximena Natera

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