Lucas esperó dos años para ver el estreno en cartelera de la película mexicana Los años azules después de su exitosa corrida en festivales locales, nacionales e internacionales, sus premios y buenas críticas. En enero de 2019, cuando llegó a la ciudad, se percató de que estuvo en un complejo a las 22 horas como única función. Claro, ese día también se estrenó Glass con 224 funciones; esto sucede porque en la nación existen dos empresas que determinan lo que podemos ver y lo que no cuando vamos al cine.

Esta investigación se dio a la tarea de sistematizar todas las carteleras cinematográficas de los complejos de la Zona Metropolitana de Guadalajara (ZMG) de enero de 2013 a abril de 2019, con el objetivo de visualizar qué lugar se le da al cine mexicano; los resultados demuestran que, pese a que éste tiene cabida en los cines, no todo lo que vemos refleja la producción sobre la que se invierten 4 mil 430 millones 808 mil 773.11 de pesos del erario públicoy que, dadas las condiciones duopólicas en su exhibición y distribución, sólo algunas películas llegan efímeramente a la pantalla.

Por Alex Robledo, Yunuen Pérez, Miguel Ramírez, Paloma Hernández, Sonia Fernández, Daniela Gutiérrez, Jesús Tapia y Daisy Castro.

El artículo 19 de la Ley Federal de Cinematografía establece que el 10% de la cartelera anual debe ser exclusiva para el cine mexicano; por ejemplo, durante 2018, en los cines de la ZMG, se estrenaron 261 películas, y de éstas 51 fueron mexicanas; es decir, el 19% del contenido exhibido fue nacional.

La ley se cumple, sí; sin embargo, hubo cuatro películas que acapararon todas las funciones: Cómplices, Hasta que la boda nos separe, Ya veremos y Loca por el trabajo. Todas ellas pertenecientes al género de comedia romántica. Por lo que, de las 5 mil 005 funciones totales que tuvo el cine mexicano en cartelera , el 36% (2 mil 841 funciones) se concentraron en éstas cuatro películas, y en consecuencia, dejando fuera a las demás narrativas cinematográficas.

En México, las cadenas cinematográficas favorecen en la exhibición dentro de sus salas a un sólo género: la comedia romántica. Lo que provoca que las películas con diferentes temáticas se vean mermadas en su proceso de exhibición, ya que les dan una semana y horarios a los que al público le es imposible asistir generando, así, una mala taquilla tanto para el realizador como para el complejo. El interés se centra en exhibir el cine que sí vende.

Por ejemplo, en 2018 y en las salas de la Zona Metropolitana de Guadalajara, algunas películas distribuidas por Videocine (filial de Televisa) como: Ya veremos, Mi pequeño gran hombre, Todo mal y Loca por el trabajo tuvieron un gran número de funciones a lo largo de su paso comercial (752, 261, 229 y 225 funciones respectivamente); esto en comparación con otras películas y documentales distribuidos independientemente como Tiempo compartido, Estrellas solitarias, La libertad del diablo y Nuestro tiempo (39, 18, 12 y 6 funciones respectivamente). Esto evidencia cómo las producciones independientes no tienen oportunidad en los espacios de exhibición, mientras aquellas distribuidas por grandes empresas como Videocine y enfocadas al género exitoso cuentan con la mayoría de salas y horarios.

Estos números tienen repercusiones tanto en el mercado cinematográfico, como en la audiencia y en la vida de las personas de la industria. “La ley del 10% a la exhibición mexicana es injusta debido a que las cadenas prefieren el contenido que genera dinero porque el cine es un negocio”, comenta Andrés Tagliavini, productor en Ítaca Films, responsable de títulos cómico románticos como No sé si cortarme las venas o dejármelas largas, A ti te quería encontrar, Amor de mis amores que, según la sistematización realizada a la cartelera, recibieron 249, 192 y 38 funciones respectivamente.

Asimismo, menciona sobre la misma ley del 10%: “conozco la ley, pero como espectador creo que es bajo, injusto e irreal que se cumpla este porcentaje; principalmente porque desde dentro, sé que esto se maneja en función de la cantidad de funciones/salas/complejos, por lo que yo como exhibidor puedo poner mi 10% en las funciones de los lunes a las 2 de la tarde que no tienen el mismo impacto económico que las de las 8 de la noche”.

Continúa Tagliavini: “en otros países es una medición escalonada en función de la cantidad de salas que tiene un complejo: si tienes 4-8 salas en un cine, por lo menos 1 debe tener cine nacional; si tienes 10-15 salas por lo menos 2 deben tener cine nacional. Todos los días y todas las funciones. Si el gobierno quisiera tener una política que acerque más a la gente a ver cine nacional, tendría que apoyar esta decisión de alguna manera, ya que para el exhibidor es más rentable tener una película gringa que una mexicana. O la de Derbez frente a una independiente sin importar los reconocimientos que esta tenga.”

Cabe mencionar que en el 2013 fue cuando hubo un boom en nuestro cine debido al éxito inesperado de dos películas que rompieron récords de taquilla y asistencia: Nosotros los Nobles y No se aceptan devoluciones (mil 070 y mil 249 funciones), resultado de las recomendaciones boca en boca, y de que el público estaba familiarizado con el estilo de Eugenio Derbez provocando una larga estancia en los complejos (la primera duró cuatro meses en cartelera y la segunda cinco semanas).

De acuerdo a la información sistematizada, el problema no recae en el incumplimiento del artículo 19 de la ley de Cinematografía, sino en las lagunas legales y la laxitud jurídica que ésta implica, pues, como mencionan los expertos en el tema, se puede cumplir y sobrepasar el porcentaje requerido de esta norma, sin que ello signifique un verdadero espacio para las producciones mexicanas y mucho menos para las producciones independientes que carecen de renombre.

Por otra parte, las cadenas cinematográficas han creado y gestionado sus propios festivales como plataformas para cumplir con la ley estipulada; en el caso de Cinépolis con el Festival Internacional de Cine de Morelia (FICM) y en Cinemex con el Festival Internacional de Cine en Guadalajara (FICG) y el Festival Internacional de Cine de Los Cabos.

Es casi imposible pensar que nuestro propio cine mexicano tiene que estrenarse en los festivales para generar audiencias y hacer un largo recorrido de uno a dos años para regresar al país y le den escasos horarios y duren muy poco tiempo; como en enero de 2019 con el caso de Los años azules que duró dos semanas en cartelera estrenándose con diez funciones en tres complejos para después bajar a tres funciones totales en los mismos tres complejos o en abril de 2019 cuando Bruma que estrenó con cuatro funciones en un complejo y la quitaron a la semana seguido por el estreno de No manches Frida 2.

El Estado mexicano se compromete, pero no cumple.

El Estado mexicano adquiere responsabilidades a través de las normas y programas que establece, entre ellos se encuentra el Programa Institucional del Instituto Mexicano de Cinematografía 2014-2018 que se encarga de regular el apoyo, la promoción y la difusión del cine mexicano y se encuentra enmarcado en la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos (CPEUM), así como al Plan Nacional de Desarrollo (PND), la Ley de Planeación y el Programa Sectorial de Educación.

Los objetivos de este programa se encuentran alineados al PND 2013-2018 y con el Programa Sectorial de Educación 2013-2018 (PSE) y establecen el compromiso de apoyar la producción cinematográfica nacional; promover el cine mexicano en el territorio nacional y en el extranjero; difundir la actividad cinematográfica nacional por los medios de comunicación masiva y la tecnología digital de vanguardia; sin embargo, de acuerdo a los datos que se observan a lo largo de la investigación, este programa parece no representar más que compromisos vacíos en torno al acceso a la cultura, el desarrollo y la educación que el gobierno acepta y lleva a cabo mínimamente o con incumplimiento. Ello ocasiona que películas como Eisenstein en Guanajuato (2015), El club de los insomnes (2017) o Pájaros de verano (2018) tengan funciones reducidas (12, 4 y 18 respectivamente) y una duración mínima obligada de dos semanas en cartelera.

Emiliano Monroy, cineasta egresado del CAAV y productor independiente, señala que desde hace años se producen más de 120 películas mexicanas al año; ya existen personas reconocidas tanto en lo nacional como en lo internacional en el ámbito cinematográfico, por ello, el problema no es la producción ni el talento, sino que las producciones mexicanas no llegan a la pantalla grande y eso de nada le sirve ni a los productores, ni al mercado, ni al público y, mucho menos, en términos de política pública y como derecho al acceso a la cultura.

Tagliavini menciona que si pudiera cambiar algo sería la cuota de pantalla; hacerlo variable, hacia la cantidad de salas por complejos, y cantidad de películas mínimas en los mismos y ejemplifica cómo en algunas ocasiones llegas a un complejo cinematográfico y le dan 12 salas a Spider-Man y las 2 salas restantes son para alguna otra producción; por ejemplo, en abril de 2018, Sueño en otro idioma y Avengers Infinity War se estrenaron el mismo día, entonces la práctica estándar de los complejos consistió en darle casi todas las salas al estreno esperado y darle una a la película mexicana con temática indígena, rediciendo así la capacidad para elegir qué ver.

Había una vez un duopolio cinematográfico en México

La industria del cine, a nivel nacional ha atravesado por un proceso de consolidación en donde las empresas más grandes han comprado a las más pequeñas. En 2013, Cinemex adquirió la empresa Cinemark en su segundo intento, ya que en el primero la Comisión Federal de Competencia Económica (COFECE) negó la autorización de compra debido a que “generaría riesgos importantes para el proceso de competencia en la industria nacional del cine”.

En noviembre de ese año, se le autorizó por parte de la nueva administración de la COFECE debido a la pérdida de competencia de Cinemark que contaba con 31 complejos y 290 pantallas en la república mexicana. Esta empresa de exhibición cinematográfica, perteneciente a Grupo México, también adquirió en 2008 MMCinemas (65 complejos) y Cinemas Lumiere (175 complejos), lo que representa la compra del 5.13%, 10.76% y 28.97%, respectivamente, del total de complejos nacionales reportados en el mismo año.

El crecimientos de los conglomerados de cine tras la compra de cadenas pequeñas, ha agudizado el mercado y la competencia en la industria. Actualmente, la Cámara Nacional de Cine (CANACINE) tiene registrados cinco cadenas de cine comercial con complejos en más de una localidad. Al cierre de 2018, se observó una centralización de complejos en dos grandes compañías: Cinépolis y Cinemex.

En nuestro país, Cinépolis y Cinemex representan el 92.5% del mercado en salas de exhibición comercial de las 7 mil 106 que reportó CANACINE en todo el país en su informe de 2018.

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