Chicapa vive: Una calenda histórica para los chicapeños

Juchitán.- Las seis de la tarde llega con música.  La calzada Porfirio Díaz, a unas pocas cuadras de la fuente de las ocho regiones se inunda de gargantas alegres que vitorean a sus pueblos. Las ocho regiones se personifican, visten trajes coloridos, telas variadas que enaltecen la memoria de sus dieciocho grupos étnicos. Entre ellos, los binizá, la gente nube que baja a la tierra para danzar en medio de una llovizna que amenaza con ser lluvia.

Ha empezado el Desfile de las delegaciones que participarán el lunes 22 de julio en el primer Lunes del cerro y nada detiene la algarabía chicapeña.

-Es la primera vez que vamos, representando al municipio de Juchitán, a disfrutar -comenta el agente municipal de Chicapa de Castro, Gustavo Orozco López.

Por primera vez se ve un racimo variado de rostros en la delegación Juchiteca, mujeres y hombres cuya edad va desde los 18 años hasta los que comienzan a atravesarles el tiempo por el rostro y las manos. Orgullosos como son las binizá, las mujeres comentan entre ellas lo feliz que están:

-La piel se me pone chinita. Es un sueño que se trajo a la tierra.

La banda musical “La Chicapeña” encabeza la delegación, le sigue el estandarte de Pasión goola, las mujeres con sus trajes regionales – ay, el edén- los hombres con su pechera de manta, sus huaraches de tres correas y su charro veinticuatro, y hasta atrás, pero no menos importantes, el agente chicapeño, el Secretario Municipal, Delfino Morales y los regidores. En familia, como se vive el dolor y la alegría en el Istmo.

Los diablos de Juxtlahuaca abren la música del desfile y en seguida, en cuanto tiene oportunidad, “La chicapeña” sigue con el ambiente festivo y toca cumbias con las que enseguida comienzan a moverse hombros y caderas en la delegación Juchiteca. Pronto todo se enciende como un camino de pólvora mientras se baila y se toca como si no existiera la muerte. La música se vuelve una sola, la felicidad al unísono.

Los asistentes entusiastas, extienden sus manos para recibir la gelaguetza que ofrece Chicapa de Castro: mezcal, chingorolo, pan de caballito, muéganos, totopo. Todos quieren agarrarlo todo. Hay niños en los hombros de sus padres. Jóvenes y adultos en efervescencia grabando y tomando fotos con sus celulares para una transmisión en vivo en sus redes sociales -hasta dónde ha llegado la tecnología-, son un río inmenso de ojos.

Las delegaciones recorren la avenida Juárez, pasan por El Llano, las calles Abasolo y Macedonio Alcalá, la avenida Independencia, un largo recorrido que fue amortiguado por el baile y el alcohol. A las 7:23, sobre Independencia, nos recibe en la Iglesia de la Merced el Presidente Municipal, Emilio Montero Pérez. Baila con su esposa Yadira Sánchez López, la Presidenta del DIF Municipal, “Guie’ Cheguigu”; toma un sorbo de refresco, intenta prender un torito húmedo que no prende ni con alcohol, se muestra alegre, orgulloso.

Agradece por la compañía y ante grabadora y cámara dice que es histórico que una agencia represente a Juchitán en la guelaguetza, que nos permite expresar nuestra fiesta, nuestra música, nuestra gastronomía, nuestra alegría y permite decirle al mundo que Juchitán y sus agencias municipales están de pie.

Chicapa de Castro fue una de las agencias más devastadas por el terremoto de hace dos años y hoy viene a representar a Juchitán y al corazón de los istmeños caídos, de los que poco se habló, que brotan de nuevo como florecitas en el pavimento.

Queda el silencio después del jolgorio, pero los corazones esperan, aun bailando, la llegada del lunes, día en que pisarán la Rotonda de las azucenas, para gritar juntos, acompañados por diez mil gargantas: ¡que viva Chicapa, que viva Juchitán!