Texto: Lydiette Carrión
Fotos: Ximena Natera

Fanny tiene 24 años, es mexicana, morena clara, de rasgos delicados. Es pequeña, delgada, poco voluptuosa; esto último lo explota porque la mayoría de los hombres buscan chavitas. Ella aparenta unos 19; incluso todavía tiene acné adolescente en las mejillas. Fanny es escort independiente. Gana bien, unas cinco veces más que un sueldo promedio de reportera o editora. Gana unas cinco veces más que yo.

Toma un jugo en una cafetería del centro de la ciudad. En un par de horas irá a trabajar, así que Fanny ya está vestida y maquillada. Oculta el top y el short deslumbrantes bajo una camisola suelta que se quitará en cuanto vaya a su primer servicio. Los tacones infinitos los lleva en la bolsa; por ahora calza unas chancletas. Su madre espera en otra mesa a que termine la entrevista; esta última se debate cada día entre dos fuerzas: el miedo a que a su hija la maten y la necesidad de protegerla y respaldarla; hacerle saber que la ama y está con ella, más porque su trabajo es tan estigmatizado. Pero la madre se declara feminista y eso incluye respetar la determinación de su hija.

Lo que ellos quieren

Fanny tiene dos voces. La primera, una voz profunda, analítica, incluso cínica. Y la segunda, una voz infantil, como de inocencia, sin aparente correspondencia a su trabajo.

Ahora ella habla con esta última.

Es ofrecer no sólo el sexo. Yo creo que nos contratan también por nuestra compañía, porque les aportamos algo bueno. Porque se sienten bien con nosotras. Yo, gracias a Dios, siempre me he topado con gente muy buena, muy chida. Siempre que me voy me escriben: ‘ay, me la pasé muy bien, muchas gracias’. Muchos me regalan cosas: flores, que el chocolatito… Yo diario regreso a mi casa con algún detalle. Y me he dado cuenta de que es más que nada porque te ganas a la gente. No te buscan tanto… obviamente sí, por la relación, pero porque les gusta tu compañía. Les gusta platicar contigo. Les gusta que los escuches sin juzgar. Yo trato de escucharlos y si ellos me piden un consejo, pues se los doy.

A lo largo de la entrevista, Fanny se refiere al sexo como “la relación”. Ella explica que en promedio, aquél dura unos 15 minutos, pero las tarifas son por hora. ¿Qué hacen los 45 minutos restantes? “Les doy un masaje”, dice Fanny. Sonríe: “No soy experta, pero que se lo pasen bien”. Y escuchar… exigen “que no estés pegada al celular”.

Ser para otros… Los trabajos históricamente llamados femeninos son de cuidados. La economía de los cuidados, a veces pagada, y otras –la mayoría– no: enfermeras, madres, educadoras, maestras, amas de casa, trabajadoras domésticas, trabajadoras sexuales…

–¿De qué platicas con ellos?

–A veces me preguntan: “¡Ay!, tú que eres mujer…” [se ríe] Ésa es la típica frase [y aquí aparece su voz cínica, profunda y parafrasea al cliente]: “tú que eres mujer…”.

Y entonces los clientes se quejan de las mujeres en sus vidas. “‘Es que mi esposa es bien mamona, siempre está enojada’, y yo trato de decirles algo que les sirva. No les digo: ‘pues mándala a la chingada’”.

Hace unos años, escuché el testimonio de un hombre adicto a pagar escort. En aquel entonces él tendría unos 45 años y estaba bajo tratamiento por su adicción a pagar por sexo. Él narró que lo que más que le gustaba de una prostituta (él las llamaba así) era platicar con ellas y calificaba esa conversación de plática “superficial”, “melosa”, “coqueta”, “que no iba a ninguna parte”. “Me encanta”, decía enfático.

Aarón [lo llamaremos así] es otro hombre, de unos 46 años actualmente. Al preguntarle, se ríe, dice que sí, que ha acudido a una escort, o a varias, “pero hace mucho que ya no”. Sobre lo que más le gusta dice:

–Obvio el sexo, pero ¿sabes qué?, cuando hacen bien el trabajo, lo mejor es que te hacen sentir atractivo, te sientes el súper hombre… cuando fingen el orgasmo, y ¡ay, papacito!, el juego del enamoramiento… que ella te diga: ‘yo te quiero…’.

–¿Alguna vez les regalaste algo?

–Sí, claro. Por el juego del romanceo. De jugar a ser novios. Es esa fantasía, la de sentirte chingón, galán, importante.

–¿Te enamoraste?

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Este es un trabajo de Pie de Página, compartido por medio de la Alianza de Medios de Periodistas de a Pie. El texto continúa en el siguiente link: Cita con una escort.