El silencio es la antesala. Un golpe de aire fresco pega directo al rostro y prepara el viaje a la historia. Las rocas permanecen intactas, sus entrañas guardan las huellas del inicio de la civilización.

En uno de los lugares más altos de Mitla, las pinturas rupestres gritan vida. El conjunto de cinco cuevas son parte del patrimonio cultural de este Pueblo Mágico, de sus paredes emergen figuras rocosas, cráneos, pruebas de la siembra de maíz y frijol.

 

Según los arqueólogos, el legado cuenta con más de 10 mil años, pero para los mitleños es mucho más.

José Juárez Antonio, es uno de los guardianes de las cuevas quien se ha encargado junto con un grupo de comuneros de conservarlas y mantenerlas a pesar de los años y daños.

“Tratamos de cuidarlas pero a veces el ganado logra entrar aquí y de alguna forma deja sus huellas”, expuso.

Entre las paredes que emergen de las montañas de Mitla, al menos tres de las cuevas son oscuras, en ella los hombres y mujeres descansaban, según las conclusiones de los estudios de los propios guardianes.

En el interior, una parvada de murciélagos dan la bienvenida. Los techos simulan escurrimiento de agua, sin embargo es solo una ilusión.

En las otras dos cuevas, no menos importantes las huellas están presentes “vemos la forma de un símbolo que podría representar el infinito. Al fondo el sol se ve”, dice Pepe el comunero.

La temperatura oscila entre los 29 a 30 grados centígrados. El crujir de los huaraches es la señal que se ha llegado a la parte más alta.

Desde la cueva más importante, las nubes son imponentes. Al interior la luz es tenue. Los colores negro, blanco y rojo prevalecen.

Hombres cazadores, venados, lanzas incluso huesos y semillas han sido hallados al interior. Las cuevas forman parte de más de una docena que existen en la comunidad pero que no han sido exploradas.



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