La Cofepris advirtió que las playas Caletilla, Hornos, Suave, Carabalí y Manzanillo rebasan el límite permitido de enterococos.  Los niveles de bacterias podrían provocar infecciones urinarias y meningitis. CAPAMA reconoce 22 descargas de aguas negras en toda la bahía.

Texto: Margena de la O

Fotografías: Oscar Guerrero

Acapulco .- Un grupo de turistas del Estado de México entró como una parvada ruidosa a playa Manzanillo. Es el viernes 19 de julio casi al mediodía. Todos, los casi 50 que son, se sentaron a prisa en las mesas y sillas que recién colocaron y limpiaron los trabajadores del astillero, quienes después de la remodelación del pasillo a la playa, se dedican a rentar mobiliario a turistas, pero más por necesidad que por gusto.

 

Los niños del grupo de turistas no demoraron en entrar al mar, aun cuando dos embarcaciones que fungen como barredoras marinas, cargadas de basura, estorban en el pedazo de playa que hace algunos meses funcionaba sólo como un espacio para la reparación de embarcaciones.

 

Habitantes del puerto tienen presente cómo la playa Manzanillo se convirtió con los años en un astillero, un taller para construir y reparar embarcaciones. Pero tuvo algunos momentos en que fue una opción de distracción, sobre todo para la gente que tenía conexión con el barrio de conocidos pescadores. “Cuando vivía mi abuelito ahí, que estábamos niños, nos íbamos a bañar”, dice un habitante del puerto.

 

La basura que hay en ambas embarcaciones son parte de las ocho toneladas que salen a diario de las playas de Acapulco y que la Promotora de Playas, área institucional encargada de su cuidado, rastrea, saca y deposita en camiones recolectores que llegan hasta Manzanillo. El personal lo cuenta mientras pasa la basura de las lanchas a los camiones.

 

Apenas hace tres meses que esta playa funciona como una opción para los bañistas. El 14 de abril pasado, autoridades inauguraron el Paseo del Pescador, un nuevo corredor pegado a la playa al que le montaron drenaje, mobiliario y pintaron e iluminaron con una inversión de 80 millones de pesos del gobierno estatal, según la información oficial.

 

La obra la presentaron como la recuperación integral del paseo y eso atrajo visitantes casi de manera inmediata. Quizá esa sea la misma motivación de los turistas que hoy llegaron del Estado de México.

 

La nueva cara de Manzanillo con el Paseo del Pescador generó que los astilleros tengan al menos una fuente de ingresos, con la renta de las mesas y sillas a turistas que ahora llegan a esta playa.

 

La fuente de ingresos primaria de los astilleros de Manzanillo, es decir, la de reparar embarcaciones a orilla de la playa, quedó cancelada en febrero pasado.

 

La Marina entró y se apoderó de la playa como conclusión del procedimiento que la Procuraduría Federal de Protección al Ambiente (Profepa) inició en su contra después de que venció la concesión que les otorgó la Secretaría de Comunicaciones y Transportes (SCT) para el taller de reparación de embarcaciones, por generar contaminación con su trabajo.

 

“Más que nosotros contamináramos es Capama (Comisión de Agua Potable y Alcantarillado de Acapulco) el principal contaminador de la playa”, dice Alberto Lara de los Santos, presidente de la Asociación de trabajadores de la transformación náutica, astilleros Acapulco, al denunciar que la paramunicipal desde hace más de 40 años descarga parte del drenaje en playa Manzanillo.

 

En este periodo vacacional su actual fuente de ingreso, ahora relacionada a prestar servicios turísticos a orilla de la playa, vuelve a estar en riesgo por otra disposición oficial, pero ahora de las autoridades sanitarias.

 

La Comisión Federal para la Protección contra Riesgos Sanitarios (Cofepris) lanzó el 8 de julio pasado, como parte de su evaluación para este periodo vacacional, una alerta sobre cinco playas de Acapulco no aptas, porque rebasan el límite permitido de enterococos: Caletilla, Hornos, Suave, Carabalí y Manzanillo.

 

Los niveles de bacterias en estas playas que podrían provocar desde infecciones urinarias hasta meningitis las hacen no recomendables para uso humano.

 

Los turistas recién llegados del Estado de México a Acapulco no lo sabían. “Hemos ido a Caleta, Revolcadero, ahorita aquí a Manzanillo y todo bien”, dice Gustavo, procedente de Coacalco, cuando camina con un salvavidas hacia el mar.

 

Las evidencias flotan

 

Al final del pasillo se ve playa Honda, la más popular entre la gente del barrio por su orilla mansa. Con los millones invertidos en el Paseo del Pescador Manzanillo y Honda se convirtieron en una sola playa. Justo en esa esquina donde termina el corredor y se ven las aguas tranquilas del mar hay unos hoyos por donde, según los astilleros, se descarga el drenaje en el mar. Lo confirman unas heces fecales que  flotan y unos peces que devoran como pirañas un trozo de carne.

 

Esto quedó fuera de la vista de los turistas del Estado de México que pronto se acomodaron en la mesas a cargo de los astilleros.

 

Lo que sí vieron son las toneladas de basura que los empleados de la Promotora de Playas sacaban del mar. También un angosto caudal que escurría hasta el mar entre unas embarcaciones que los astilleros reparan, porque los dueños alcanzaron a ampararse antes de que clausuraran la playa como taller y la pusieran al servicio de los turistas para bañarse. Es un escurrimiento de aguas sucias que no se ve dónde nace pero sí dónde va a parar.

 

“El principal problema de la playa, que nosotros le hicimos ver al gobernador (Héctor Astudillo Flores) es que no puede ser turística si no arreglaban el drenaje”, comenta Lara de los Santos.

 

Las evidencias de que el drenaje va a parar a esta playa se demuestran de muchas maneras, además de la evaluación de la Cofepris.

 

Apenas el fin de semana anterior explotó la olla del drenaje que escurre al final del acceso por donde los astilleros sacaban las embarcaciones para llevarlas a reparar fuera del mar. El piso de rampa está en pedazos, una mancha negra se expande en el agua desde las comisuras del concreto y se respira un olor desagradable. Esto también queda dentro del radar de los visitantes.

 

Tampoco es que la Capama esconda que el mar de Acapulco es el fin del drenaje. El director del organismo, Leonel Galindo González reporta 22 descargas de esas aguas en toda la bahía que, según dijo, monitorea a diario. Con eso también admite que existe un colector de drenaje conectado a Manzanillo desde hace más de 40 años, al que no le han dado mantenimiento.

 

Después intenta sacudir la responsabilidad al organismo municipal: “Manzanillo no está contaminado por ese colapso del drenaje. Nosotros hemos hecho 10 taponamientos de descargas clandestinas. Ese es un grave problema, es una costumbre muy arraigada en algunos prestadores de servicios que descargan sus drenajes al colector pluvial”.

 

Esta mañana, poco antes que los turistas llegaran playa Manzanillo, algunos de los astilleros, ahora prestadores de servicios turísticos, todavía trabajaban para mantener de pie la embarcación que derribó el colapso del drenaje. Suerte de que el dueño se amparó y con eso garantizan al menos una entrada de dinero para los próximos días. Los astilleros insisten en recuperar su espacio de trabajo y para eso piden que el gobernador les ayude a gestionar ante el gobierno federal un pedazo de la playa para recuperar su taller de embarcaciones, con las medidas ambientales que se dispongan.

 

Además de las tres generaciones juntas que hay entre el grupo de astilleros, o sea más de 50 años de experiencia en el oficio, hay otra razón para que no vean futuro en su faceta de prestadores de servicios turísticos, y tiene que ver con la permanente contaminación de la playa.

 

“Creo que necesitan invertirle un poquito más a lo de drenaje, a resolver este problema, porque aunque está bonito, va a ser fétido el olor. La gente va a dejar de venir y su inversión va a quedar mal”, augura el presidente de la organización de astilleros.

 

Al menos hoy las mesas y las sillas que rentan en la playa casi están llenas de turistas mexiquenses.

 

Día de sol en la bahía

 

Desde el mirador que está frente a playa Tamarindos, otra de las playas de la Costera Miguel Alemán, se ve una amplia perspectiva de la bahía que comienza a llenarse. Los indicadores de ocupación hotelera este viernes por la tarde arrojan 70.1 por ciento en todo el puerto.

 

Los bañistas se atiborran en los tramos de playa que quedan a los costados frente a este mirador, aunque el lugar luce agradable parecen tener un desdén por ese trecho, pero sin perturbar su estancia.

 

Una corriente de agua dócil que sale debajo de la estructura de concreto escurre hasta el mar. Pocos hacen contacto con esa agua. Entre esos pocos están los vendedores que ofrecen sus productos en la playa, pero al final ese caudal se mezcla en el mar y de alguna manera alcanza a todos.

 

El arroyo es una de las 22 descargas de aguas negras a la bahía reconocidas por Capama. Al parecer no sólo las autoridades saben que existen y prefieren obviarlas.

 

En ésta y otras playas ubicadas sobre la costera Miguel Alemán son notables los escurrimientos de aguas negras, lo que la hace aparecer en el puntero de las mediciones oficiales de bacterias. Playa Suave es la más contaminada, según la evaluación de la Cofepris y también tiene un riachuelo de este tipo.

 

El dirigente de los astilleros de Manzanillo había mencionado antes la relación de las salidas del drenaje que regula Capama con la contaminación de las playas detectadas por las autoridades de la Secretaría de Salud. “Donde hay descargas residuales son las playas que se contaminan”, señala.

 

Rodolfo, un turista de Tula, Hidalgo, también se dio cuenta de la contaminación en las playas este segundo año consecutivo que viene al puerto. “Se siente el olor y todo eso (…). Sí está mal la situación de Acapulco, hay mucha basura”, dice cuando camina por la costera.

 

Pero las autoridades en Guerrero, cualquiera que sea su nivel, le sacan la vuelta al tema de la contaminación de las playas.

 

En una declaración a reporteros que quedó en los medios de comunicación, la directora de Ecología en Acapulco, Guadalupe Rivas Pérez, relacionó la evaluación Cofepris con el arrastre de desechos por las primeras lluvias y no con las descargas de drenaje. Al secretario de Turismo en el estado, Ernesto Rodríguez Escalona, le preocupó más que la Cofepris revela sus resultados en el arranque de este periodo  vacacional de verano.

 

Los prestadores de servicios turísticos también están en la lógica del secretario, pero sus razones tienen relación con la supervivencia.

 

En la playa Suave se quejaron de que la gente ya no querrá visitarlos. En playa Manzanillo, los astilleros que ahora rentan mesas y sillas a turistas, se opusieron a que la Dirección de Ecología colocara la bandera de alerta.

 

El dirigente de los astilleros menciona sus razones: “Si nos corrieron porque ya no querían nuestro taller aquí, ahora tratamos de poner unas mesas para mantenernos y también vienen y nos van a clausurar. ¿De qué vamos a vivir?”.