Desde hace mucho tiempo se tenía la certeza de que una pérdida de sangre, debida a una herida o por alguna enfermedad podría ser repuesta mediante una transfusión. ¿O es correcto decir que de un transplante? Después de todo la sangre es un tejido. En fin. Las primeras pruebas ocurrieron en el siglo  XVI y se realizaron entre animales y luego por una loca razón entre animales y humanos. Se creía que por ser la “sangre suave y loable de un animal menos contaminada de vicios y pasiones” era perfecta para la sanación de muchas enfermedades, lo cual por supuesto salió tan mal como podía salir, de modo y manera que esta práctica fue prohibida durante un tiempo.

“La primera transfusión de sangre a un ser humano se realizó en la Universidad de la Sorbona el 15 de junio de 1667.  Jean-Baptiste Denys —médico personal del rey Luis XIV— transfundió sangre de una oveja a un joven de 15 años, aquejado de fiebres altas. El joven milagrosamente sobrevivió, debido probablemente a la escasa cantidad de sangre que se le llegó a administrar.”

https://arqueologiadelamedicina.com/2017/01/01/1-las-primeras-transfusiones-sanguineas-animal-hombre/)

Fue hasta el siglo XIX que se volvió a investigar y experimentar al respecto pero esta vez entre humanos. Se ignoraba en aquél tiempo la razón por la cual en algunos casos funcionaban y en otros no, hasta que en 1901 el Dr. austriaco Karl Landsteiner descubrió la causa de la incompatibilidad, que se debe a la existencia de diferentes tipos de glóbulos rojos, también llamados hematíes o eritrocitos. Concretamente la diferencia entre los tipos de sangre es la presencia o ausencia en la superficie de los glóbulos rojos de sustancias conocidas como antígenos, que son proteínas en este caso, que tienen diversas funciones tales como: “transporte de proteínas y moléculas dentro y fuera del glóbulo rojo, mantenimiento de su estructura y participación en reacciones químicas.” (https://revistageneticamedica.com/blog/grupos-sanguineos/). Los antígenos son sustancias que ocasionan la formación de anticuerpos, que son las defensas del organismo en la sangre, en el plasma para ser precisos, que combaten las infecciones, éste es precisamente, según me parece, el mecanismo de acción de las vacunas, éstas contienen agentes patógenos (antígenos exógenos, que han entrado al organismo desde el exterior, a diferencia de los endógenos, formados al interior) que ocasionan la respuesta inmunitaria que consiste en crear anticuerpos específicos. Es como un simulacro, se me ocurre decir, pero de esa manera el cuerpo queda preparado (inmunizado) para el caso en que se produzca una invasión del antígeno real, ya que como sabemos los contenidos en las vacunas suelen estar “atenuados” y sirven únicamente como “entrenamiento”. De esta manera en caso de producirse una invasión real la respuesta del sistema inmune será mucho más rápida y efectiva. Es lo que se conoce como inmunidad adquirida o artificial a diferencia de la innata con la cual el individuo nace.

El doctor Landsteiner descubrió los tipos A, B y O en 1901 y dos años después sus discípulos Alfredo de Castello y Adriano Sturli el tipo AB. (https://es.wikipedia.org/wiki/Karl_Landsteiner)

Los antígenos se pueden clasificar en 3 distintos tipos:

  • Xenoantígenos. Antígenos característicos de una especie que resultan extraños para individuos de especies distintas.
  • Aloantígenos. Propios de una misma especie pero presentes sólo en algunos grupos de individuos. Como los responsables de los distintos tipos de sangre en humanos.
  • Autoantígenos. Propios del organismo pero que en ciertas condiciones ocasionan una respuesta inmune.

No toda exposición a un antígeno produce una respuesta inmune o al menos no una vigorosa, se requiere prácticamente de una invasión para que la haya, esta fue la causa de que aquél primer paciente en recibir sangre animal haya sobrevivido al evento. La razón de que en la mayoría de los casos el sistema inmune no reaccione letalmente contra antígenos autógenos (aloantígenos) es que eso está condicionado por la genética, en nuestro ADN está especificado cuándo y contra qué va a entrar en acción y cuando y contra qué no lo hará. (https://www.ecured.cu/Antígeno). Creo entender que son 3 distintas “versiones” (llamados “alelos”) de un mismo gen los que ocasionan la presencia en los glóbulos rojos del antígeno A (tipo de sangre o fenotipo A, el B (tipo  de sangre o fenotipo B), la ausencia de ellos (tipo de sangre o fenotipo “O”) o la presencia de ambos (tipo de sangre o fenotipo AB). La transmisión de esta característica se rige por las leyes de Mendel de la herencia, los alelos A y B  son codominantes y el O recesivo. Es interesante cómo funciona todo esto, que implica los conceptos de genotipo y fenotipo. En términos simples creo que es correcto decir que el genotipo se refiere a la carga o herencia genética de un individuo mientras que el fenotipo a la característica que finalmente se manifiesta en él. Me gusta pensar que genotipo es igual a tipo genético y fenotipo es igual a tipo físico. Recordemos que todas las personas heredamos características de ambos padres, pero evidentemente no todas se manifiestan aunque sí podemos heredarlas a nuestra progenie. En el caso del tipo de sangre existen cuatro genotipos principales:

  • Donde uno de los padres ha transmitido el alelo A y el otro el B y dado que son codominantes el fenotipo del individuo es también AB.
  • Donde uno de los padres ha transmitido el alelo A y el otro el O, como el A es dominante el fenotipo del individuo es A.
  • Cuando ambos progenitores transmiten el A, el fenotipo resultante no puede ser otro sino A.
  • Donde uno de los padres ha transmitido el alelo B y del otro el O, como el B es dominante el fenotipo resultante es B.
  • Cuando se transmite el B por ambas partes, el fenotipo resultante es igualmente B.
  • Ambos padres han transmitido el alelo O. El fenotipo resultante es O.

Pero todo el asunto no termina ahí. Resulta que hay otro tipo de antígenos, descubiertos por el mismo Dr. Landsteiner en 1940, que son de relevancia y conocidos como factores Rhesus (Rh) porque fueron identificados mientras se experimentaba con monos Rhesus. La presencia o ausencia de dicho antígeno da origen al factor Rh+ y al Rh-.

Según la Wikipedia (https://es.wikipedia.org/wiki/Grupo_sanguíneo) la prevalencia promedio en el mundo de cada uno de los tipos sanguíneos y su factor Rh es la siguiente:

Tipo Media

mundial

Mayor ocurrencia Menor ocurrencia Media en

México

% País % País
O+ 36.44 % 61.3 Colombia 28 Finlandia 56 %
A+ 28.27 % 44 Hungría 22.1 India 30 %
B+ 20.59 % 33 Arabia saudita 2.28 Colombia 4 %
AB+ 5.06 % 9.9 Japón 1.47 Colombia 3 %
O- 4.33% 9 Nueva zelanda 0.1 Taiwán 5 %
A – 3.52 % 8 Brasil 0.1 Taiwán 1 %
B- 1.39 % 3 Estonia 0.01 Taiwán 1 %
AB- 0.45 % 1 Estonia 0.02 Taiwán 0.5 %

 

En cuanto a la compatibilidad entre los diferentes tipos de sangre hay algunas peculiaridades, por ejemplo:

  • La sangre de una persona con el tipo O- se puede transfundir a una persona con cualquier tipo pero aquella persona que lo posee sólo puede recibir en transfusión O-. Se les conoce como “donador universal” por esta cualidad.
  • Una persona con el tipo AB+ sólo puede donar a otra que sea igualmente AB+ pero puede recibir la de cualquier tipo. Por esta razón a se les designa como “receptor universal”.
  • Una persona con el factor Rh- sólo puede recibir sangre de los respectivos tipos de sangre compatible, sea A, B, 0 o AB, siempre y cuando tengan el factor Rh-, mientras que las personas que tengan el factor Rh+ pueden recibir sangre de los respectivos tipos compatibles con independencia de si tienen Rh+ o Rh-.

Otro aspecto que a mí me resulta curioso e interesante son las aplicaciones en materia legal de estos asuntos. Sucede que no se puede imputar a una pareja la progenitura de un vástago con tipo de sangre B cuando uno de los componentes tiene tipo de sangre A y el otro O, o bien si ambos son A. Lo mismo ocurriría si el tercero en discordia tiene sangre tipo A pero los supuestos procreadores tienen tipo B y O, o bien en caso que ambos sean tipo B. Y cuando en una pareja una de las personas tiene el tipo AB es imposible que su descendencia tenga sangre tipo O. En casos así no es necesaria una prueba de ADN, es una herramienta sencilla pero de utilidad limitada porque no prueba nada en el caso de que todos los implicados sean de sangre tipo O y tampoco sirve cuando los padres son A y B ya que los descendientes podrían tener cualquiera de los cuatro tipos.

Adrián Lobo

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