Se apagaron las luces, recogieron sus tiliches, hicieron cuentas y regresaron con su música a sus comunidades. Los pueblos cumplieron, los visitantes también y las instancias de turismo, cultura y seguridad rendirán cuentas, pero la fiesta grande de Oaxaca tuvo otros caminos.

La nueva dimensión de la Guelaguetza apenas está por medirse, la presencia de la embajadora de Reino Unido, Corin Robertson, y el embajador de Israel, Jonathan Peled no es casual, ni gratuita, son representantes de dos naciones clave en la industria turística mundial; además de cuidadosos y exigentes, son referente mundial de practicas exitosas como destino y como clientes potenciales, y las representaciones diplomáticas de Inglaterra y la nación hebrea son conscientes y cuidadosos por que cada paso que dan siempre derivan en proyectos específicos.

Hasta hace poco, el palco oficial estaba poblado por la llamada clase política local, actores y actrices o columnistas de medios de comunicación que se editan en la Ciudad de México y su invitación se justificaba por la probable difusión de la fiesta para atraer nuevos visitantes.

Pero este año la utilidad de los invitados no parecía específicamente turística; no, señor, por alguna razón el palco se tiño de morado.

No sòlo fue la asistencia de la esposa del presidente López Obrador, la señora Beatriz Gutiérrez Müller, estuvieron también el Secretario de Turismo Miguel Torruco y la Secretaria de Cultura Alejandra Frausto Guerrero; la clase política local no pasó por alto el significado de la presencia también del senador Ricardo Monreal, y el diputado federal Mario Delgado piezas clave en la confección del presupuesto y los proyectos estratégicos del país.

Mientras el mundillo electorero local esta pendiente de las implicaciones políticas de estas visitas de cara a la próxima elección, todo parece indicar que Alejandro Murat y el presidente Obrador están afinando los proyectos de impacto para la próxima generación.

  • El Corredor Inter-Oceánico del Istmo de Tehuantepec.
  • La construcción de las autopistas a la Costa y el Istmo.
  • La reconfiguración de la Refinería Antonio Dovalí Jaime.
  • El Libramiento Sur de la Ciudad de Oaxaca.
  • La modernización de carreteras en la Costa.
  • La ampliación del aeropuerto de la Ciudad de Oaxaca.
  • La reestructuración financiera del Sector Salud.
  • La pavimentación de caberas municipales.
  • La atención-contención de las demandas de la Sección XXII.

No son de generación espontánea o un simple catálogo de buenas intenciones, requieren de eso precisamente: la construcción de acuerdos, la llamada voluntad política y la coexistencia pacifica salpicada de un par de mezcales en el marco de la fiesta cultural más importante de América Latina.