Fuentes: TIME, The New York Times, The Globe Post.
Imagen: Del Facebook de Informa al Minuto.

La revista TIME publicaría “Torching the Amazon” (Incendiando el Amazonas) en 1989, por el masivo incendio que sucedió en el bosque tropical de Brasil y Colombia en esa época; entonces, la revista advertiría que 1 millón de especies morirán con el bosque y las consecuencias al cambio climático serían dramáticas.

En aquellos años, la responsabilidad fue adjudicada a agricultores y agricultoras de la zona que quemaron partes del bosque para limpiar sus terrenos y sembrar comida para ganado y otros cultivos.

Sería incalculable la catástrofe para todo el planeta. Los bosques tropicales se distinguen por sus marquesinas hechas de hojas y ramas que protegen a las criaturas del sol y el viento, además por su increíble variedad de animales y vida vegetal.

Si los bosques se desvanecieran, también un millón de especies: una parte significativa de la diversidad biológica y la herencia genética, agregando los efectos dramáticos del clima global que se vendrían incrementando la tendencia de calentamiento que resulta del efecto invernadero.

La región amazónica guarda por lo menos 75 billones de toneladas de aire que ya están siendo quemadas peligrosamente por dióxido de carbono de carros y compañías industriales, la quemazón del amazonas podría incrementar el efecto invernadero.

Nadie sabe el impacto que podría tener el incremento de CO2 en la atmósfera pero algunos científicos temen que el planeta comenzará a calentarse, complicando los cambios climáticos“.

Agreguemos a esto de 1989 treinta años de avance industrial y de incremento en la demanda de productos que provocan el uso excesivo de recursos naturales.

Ahora, en 2019, que docenas de incendios conquistan el bosque tropical brasilcolombiano, el gobierno brasileño encabezado por Jair Bolsonaro toma más importancia a la creciente mala fama de su administración que a la catástrofe ambiental que protagoniza su país.

Alemania y Noruega han declarado que podrían abandonar el proyecto de conservación del Amazonas que defiende estos pulmones del mundo.

Esta reversa es impulsada por las decisiones politicoambientales en las que invierte Bolsonaro al priorizar a las industrias encima de la protección a las tierras y a la naturaleza.

La Unión Europea manifestó su descontento, dijeron que los incendios de Brasil son muy preocupantes, que los bosques son nuestros pulmones y sistemas de soporte vital.

El hashtag Pray For Amazon ha tomado relevancia mundial en las redes sociales y con él se han manifestado organismos importantes y celebridades, como la NASA y Leonardo DiCaprio.

Vimos cerdos salvajes, tapires, armadillos, osos hormigueros y serpientes en mayor cantidad de lo que estamos acostumbrados.

Vimos el bosque cubierto de humo y el cielo se oscureció, nuestros ojos enrojecieron por el humo“, dijo en portugués Adriano Karipuna, líder de los indígenas Karipuna, comunidad amazónica.

El pasado 13 de agosto, un montonal de mujeres indígenas tomaron marcharon en Brasil para protestar contra el gobierno de Jair Bolsonaro.

Un grupo de miles de protestantes envestidas en sus trajes típicos y armadas con flechas y lanzas demostraron resistencia contra la destrucción de la selva del Amazonas.

A su vez, en distintas partes de la urbe, la gente se agrupó afuera de las embajadas brasileñas para demostrar el rechazo a las decisiones barbáricas que está tomando su gobierno.

Al desdén, se unió Emmanuel Macrón, presidente de la República francesa.

Y es que el mandatario brasileño busca abrir los pulmones del mundo a industrias que persiguen utilidades a costa de productos mineros y agrícolas.

Bolsonaro quiere barrer nuestras tierras, nuestra etnicidad“, diría Potira Guajajara, una estudiante de 22 años del estado de Maranhao.

En julio pasado, la comisionada de la ONU para derechos humanos en Brasil, Michelle Bachelet, reprobó el “reprensible” homicidio de un jefe de tribu amazónica que presuntamente fue asesinado por manos de políticas públicas a favor de la minería de Bolsonaro.

El gobierno de Brasil ha robado tierras para concederlas a uso exclusivo a más de 800 mil indígenas originarios, y su respuesta para seguir usurpando territorios es aclamar que los indígenas ya viven como “animales de zoológico“.

A menos que las cosas cambien, el bosque desaparecerá“, se leyó en la revista Time de 1989 a voz de activistas y científicos.

Han pasado treinta años y pareciera que la alarma que tocaron no ha alcanzado ningún oído.