En el H.G.D.A.V. la capacitación va en serio. En realidad creo que siempre ha existido un seguimiento, no me atrevo a decir que todo un programa de capacitación continua, pero sí es un tema que está frecuentemente presente, hay conferencias, sesiones clínicas, cursos y últimamente se fomenta que las enfermeras cursen especializaciones o nivelaciones a nivel licenciatura para aquellas que son auxiliares. Como decía, no es algo nuevo pero sí me parece que ahora es más intenso y me parece que es debido a esta persecución casi obsesiva que hemos emprendido de la bendita certificación.

Y ya que menciono la certificación, arrastrados también por el ímpetu de esa vorágine se siguen haciendo remodelaciones. Obras por aquí, obritas por allá, un elefante blanco más acá. Como esa rampa que llegó a parecer interminable de construir, del lado del Hospital pediátrico y que aunque parece que ya está terminada no lo está al 100% y obviamente no está funcionando. Me pregunto cuánto habrá costado. Si el techado de la cancha de una escuela primaria, que generalmente no cubre toda la cancha, puede rondar el millón de pesos, ésa rampa en el hospital entre los sobrecostos, “pequeños” desvíos y gastos varios bien pudo alcanzar el triple. ¿Y para qué? En lo personal no creo que esté considerada entre los requisitos de infraestructura ponderados como indispensables de cara a una certificación. Quizá en los opcionales pero a lo  mejor ni eso. Y su utilidad es más bien limitada. Con esta rampa, dividida en dos vertientes, se pretende tener acceso directo al servicio de Urgencias Adultos, aunque seguramente no sería la  primera elección para el ingreso de un paciente, ya que normalmente primero pasan por un proceso llamado triage, con el que se clasifica a los pacientes según su padecimiento y se prioriza la atención de acuerdo a esa evaluación que se realiza en valoración crítica. Quizá sería útil para el caso de un traslado, aunque a pesar de todos los pesares en las condiciones actuales no es realmente tan complicado hacerlo. Como sea esa rampa tiene salida en dos puntos. El primero que no llega a ningún lado, saliendo del servicio de Urgencia Adultos, porque hay ahí una reja, donde es de esperar que en un futuro no muy lejano pondrán una puerta, y el otro desemboca en un acceso de vehículos desde un nivel más arriba por un pasillo en donde se puede tener acceso a los servicios de Terapia Intensiva Neonatal, Terapia Intermedia Neonatal, Lactantes y Escolares, en donde nuevamente la utilidad no es tan notable puesto que se trata de pacientitos muy pequeños que no resulta tan difícil de conducir, hacia adentro o hacia afuera, como se ha venido haciendo hasta ahora. En fin.

Todo eso de la capacitación me parece muy bien, en serio. Vamos, mientras se tomen en serio… Sin embargo y para no traicionar mi espíritu crítico (o de cascarrabias pues) debo decir que hay por supuesto algunos puntos de su organización que podrían mejorarse. Por ejemplo, es casi seguro que a un trabajador, en este caso del turno vespertino, lo “comisionen” a uno de estos cursos, que generalmente y por normatividad deben tener una cantidad mínima de horas de duración para que tenga valor curricular, en un horario de 7:00 a.m. a 3:00 p.m. y al finalizar éste trabajador deberá reportarse a su guardia. ¿Y cuál es el problema? Ah, pues que cuando hay actividades deportivas, que generalmente se realizan por la mañana, al trabajador se le otorga el día libre y aún y cuando la actividad finalice al medio día no se tiene la obligación de presentarse a su guardia. Pero aún hay más. Algunos cursos se programan en sábado, en el mencionado horario de 7:00 a.m. a 3:00 p.m., pero sin embargo las actividades deportivas nunca se realizan un sábado ni por error. Es curioso, ¿no le parece? Lo peor es que algunos de aquellos compañeros deportistas hacen evidente que sí que es posible ir a los juegos y después presentarse a trabajar porque los puede uno ver ahí en el hospital paseándose, pavoneándose en realidad, a la hora en que deberían estar trabajando y a la misma en que se supone no les da tiempo de estar ahí, orgullosos de ser grandes atletas que merecen un día libre por su alto rendimiento en el deporte. ¿Y los que se pasan toda la mañana en un curso no lo merecen? En fin.

Quisiera ver, ya metidos en gastos, que el asunto de la capacitación se amplíe a otras áreas, que no sólo se enfoque en la llamada “rama paramédica” sino que involucre más al personal administrativo. Y no es que se les haya dejado de lado totalmente, porque sí he sabido que por ejemplo se ha tratado en cursos el tema del manejo del archivo clínico y el expediente integrado y de calidad. El aspecto que a mi parecer tiene una urgente necesidad que debe ser atendida es el de la gestión de los almacenes. A mi parecer tenemos 3:

  • El almacén general. Que se encarga mayormente de lo que llaman “material de consumo”, como algodón, gasas, jeringas, vendas, alcohol, agua destilada, etc.
  • El almacén de víveres. Donde se gestionan los insumos utilizados en la cocina tanto para preparar los alimento de los pacientes hospitalizados como los que se sirven en el comedor, para el personal.
  • El almacén de medicamentos. Que se divide físicamente en dos subalmacenes: Uno de medicamentos propiamente dichos y otro de sueros, aunque administrativamente es uno solo, según parece.

Antes de continuar debo aclarar que no me consta que todos los problemas que comentaré más adelante sean propios del hospital y no heredados de alguna otra parte, pienso que sí son asuntos domésticos porque no hay una razón lógica para ir a recopilarlos y luego concentrarlos ahí, en todo caso si en centros de salud y otros hospitales hay material caduco deberían sí acopiarlos pero un destino más adecuado sería un almacén central y no los rincones del H.G.D.A.V.

En los dos primeros las deficiencias no son al menos tan evidentes, en el almacén general el manejo se facilita por la naturaleza misma de los productos que se administran, quiero decir que se requiere de un talento muy especial para que se nos estropee el algodón, gasas,  vendas, etc., así es que no, no es lo más común, lo que no significa que no llegue a suceder, lo cual me parece que puede deberse a un problema físico del propio almacén, puede ser que haya en algún rincón filtraciones de agua de lluvia que al colarse por ahí puede arruinar algún material. De otra manera no me explico cómo es que algunas sondas, drenajes y bolsas recolectoras se dañan.

Esto de hecho sucede en el almacén de medicamentos y sí me consta porque alguien que trabaja ahí me confió una vez que dos cajas recién adquiridas de un medicamento se estropearon un día de lluvia sin que un solo miligramo se pudiera aprovechar. No he acabado de entender cómo puede suceder esto si hay dos pisos arriba de este almacén de medicamentos, ya que se encuentra en la planta baja. Sin embargo más dramático es el caso en de los sueros. Ahora en agosto del 2019 tenemos ahí en un rincón varias cajas, toda una carga sobre una tarima, que son según me parece un mínimo de 40 cajas de solución glucosada al 10 % en presentación de 1000 ml. que da un total de 480 frascos, lo que en la práctica equivale a 480 pacientes a los que no se les proporcionó un suero. Frente a este dato a mí en lo personal no me impresiona demasiado darme cuenta del importe de esos casi 500 sueros que al menudeo rondan el precio de $ 80.00, si estimamos un costo de $ 70.00 o hasta $ 60.00 al por mayor, esa tarima de cajas puede valer alrededor de $ 30,000.00. Pero se pone peor todavía, ¿quién lo paga? Pues NADIE. ¿Quién se hace responsable? NADIE. ¿Quién vigila que la situación no se repita? NADIE. Es increíble e indignante. Como decía un jefe que tuve: ¿De verdad es muy difícil de hacer? En lo personal realmente no lo creo.

Pienso que se deberían tomar medidas para que haya sanciones ejemplares para aquél o aquellos responsables, es inconcebible que suceda porque estos sueros tienen una vida de anaquel de dos años. ¿Es que se han comprado en condiciones desfavorables? Y si es así,  ¿por qué razón? ¿Y por qué no hay consecuencias? ¿O es que se carece de cualquier control en el almacén? Tal vez es todo eso junto y algo más.

Este aspecto de eficiencia en el trabajo y en el aprovechamiento de los recursos debería ser vigilado más de cerca en todo el hospital, no únicamente en el almacén, sería muy positivo crear lineamientos para implementar en los servicios también sobre la revisión de las caducidades y las acciones a tomar cuando se enciendan las luces amarillas pero sobre todo responsabilizar a los encargados de éstas áreas y aplicar sanciones acorde a los perjuicios. Hasta ahora no he sabido que nadie tenga que pagar nada en ninguna manera, todo lo solucionan en una forma muy sencilla: Con un vale. Así es, hay equipos y materiales en los servicios que se tienen como en resguardo, el turno saliente entrega lo que hay en el lugar al turno entrante y si algo falta el responsable hace un vale y listo, todos tan tranquilos, que no pasa nada. Y ese vale puede estar ahí indefinidamente.

Y luego recurrimos a medidas desesperadas. En una ocasión de un servicio pidieron cierto medicamento, un analgésico. Al poco rato llegó una persona.

  • ¿Aquí pidieron diclofenaco?
  • ¡Sí! Gracias. – respondió alguien con cierta alegría.
  • Bien, le mandan esto.
  • ¿Qué? ¿Todo esto? Yo pedí dos frascos nada más…
  • Pues le enviaron éstas dos cajas… tenga.

Resulta que era medicamento que estaba muy, pero muy próximo a caducar. Dos cajas medianas, llenas y todavía selladas. Y querían sacarlo de la forma en que fuera así es que saturaron varios servicios de ese y otros productos. Creo que la mayor parte del contenido de esas cajas finalmente no se aprovechó. ¿Qué iban a hacer? ¿Aplicar dosis masivas a todos los pacientes con tal de usar todo? No nos ocupamos de administrar adecuadamente éstos recursos tan valiosos, más allá del costo económico, por su utilidad, pero sí somos muy solidarios y cuando ocurre algo como lo arriba narrado muy resignadamente decimos: “Bueno, me llevo algo de ésto a mi casa, porque aquí se va a echar a perder. Tú también, fulanita, fulanito, anda, llévate algunos”.

Adrián Lobo

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