Inapreciable don Cartas:

Espero tenga usted a bien dispensar mi atrevimiento pero me resulta difícil no decirle a usted y a todo aquél que pudiese leer éstas líneas la muy grande admiración que me causa su sin igual ingenio, más lo primero que lo segundo, pero sobre todo la enorme facilidad que tiene su merced de pretenderse extraordinariamente lúcido sobre tan flacos argumentos.

Tiene usted escritas muchas, demasiadas cartas, dirigidas lo mismo a personajes reales que imaginarios, que sin embargo tienen algo en común: Están impregnadas de odio y falacias. Por si acaso no lo ha notado la campaña presidencial ya terminó, bájele dos rayitas a su labor propagandística.

Usted y personas como usted, críticos a ultranza, casi hasta el sinsentido, han creado y alimentan la idea de la supuesta polarización del país, la cual existe única y exclusivamente en el ciberespacio donde ustedes pueden manipular, amplificar, distorsionar y sobredimensionar cualquier realidad e información a base de bots. Y puedo demostrarlo: Basta con comparar las marchitas marchitas con las concentraciones convocadas por el presidente. El resultado es: “NO CONTEST”. Así, contundentemente, ni siquiera hubo competencia. Sin embargo en redes sociales parece que el país se está incendiando y que estamos a nada de ser la próxima Venezuela o Bolivia y esa idea la debemos a ustedes, que la vienen sosteniendo e impulsando hace décadas (no olvido que asustaron a muchos con lo de “un peligro para México). Basta ya, don Cartas. Entiendo que está usted en lo suyo, vendiendo un producto, pero en serio, ya fue suficiente. Entienda que ahora el etiquetado frontal y veraz es la norma

Hasta ahora me había bastado con leer atentamente sus cartitas e intentar apreciarlas por su justo valor para quedarme tranquilo pero esta vez ha llegado usted demasiado lejos, ¡mire que meter en todo esto a Santa Claus! Eso no tiene nombre, ¿qué culpa tiene el buen hombre de sus delirios? Y además, para seguir en la misma línea, se equivoca usted ampliamente a partir de una consideración errónea de lo que es el universo. Primero que nada Santa Claus no concede deseos, trae regalos.

Menciona usted en su cartita que México podría regresar al llamado Tercer Mundo por culpa del nuevo gobierno. ¡Caray, don Cartas! Usted sí que debe ser archimillonario para vivir de tal manera que aun estando en México, seguramente en una burbuja, crea que alguna vez lo dejamos atrás, es eso o que de verdad fue tan ingenuo para creerle al chamuco personificado, Carlitos Salinas. Pero no son sus únicas y más recientes mentiras. Insiste en  que le compremos la idea de que el NAIM es la octava maravilla, después que lo hemos visto hundido, inundado y habernos enterado de todo el enorme y lucrativo negocio que se traían ustedes entre manos con los terrenos aledaños, ¡caramba don Cartas, no se mide! Por cierto, no sería mala idea que abandone usted ese ya tan manido discurso del populismo, invéntese por favor otra cosa, póngale un poco de ese ingenio que emplea en su negocio de publicidad que le ha dado tanta fama, ya que argumentos sólidos no tiene. Dice usted también que los morenistas mienten “en todas sus redes digitales”. Don Cartas, ¿no se mordió la lengua? Ustedes dan cátedra de eso, ¡por favor! No venga ahora a hacerse la “vistima”.

Sin embargo, don Cartas, puede que me equivoque, tal vez Santa Claus sí concede deseos, pero debe usted considerar un punto muy importante que me confirma que su ideología va en contra del sentir y la necesidad del PUEBLO mexicano: Resulta que acá es región 4, éste es territorio de los Reyes Magos, aquí el buen Santa ni concede deseos ni da obsequios, de la misma manera en que el Halloween no es nuestro ni celebramos Thanksgiving. Lo siento.

 

Adrián Lobo.

 

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