Texto: Mariana Raya/Lado B. Lourdes Grobet

Este trabajo pertenece a Lado B, y se reproduce aquí por medio de colaboraciones con la Alianza de Medios de la red de Periodistas de a Pie. Encuentra la publicación original completa en el siguiente enlace: Juan Acha: La crítica artística como performativo social

Juan Acha (Perú, 1916 – México, 1995) fue uno de los pensadores que más atención dedicó a problematizar de forma sugerente las características de la singular modernidad latinoamericana. Entre los años 50 y 60 se desempeñó como crítico de arte en Lima y, poco después, por conflictos políticos, emigró a México. Desde su llegada al país en 1971, Acha desarrolló una prolífica obra de teoría, crítica y reflexión sobre el arte y la cultura en México, pensando sobre todo en las particularidades estéticas y sociales de las prácticas creativas de Latinoamérica en su relación diferencial con el orden global.

En recintos disímiles y de manera deliberada Juan Acha volvió a ser reconocido en el centenario de su nacimiento como agente polisémico e influyente para la narrativa cultural contemporánea. Cuando en 2005 Mahia Biblos donó a la UNAM su biblioteca personal y archivo profesional parecía vaticinarse una revalidación de sus reflexiones. Más que aspirar a legitimar su autoría en un celoso fondo en custodia, su obra devino un acervo de acceso público cuya revisión ahora se perfila hacia un proyecto de investigación crítica encabezado por Joaquín Barriendos. 2016 anunció, ahora sí, una oleada de reseñas y artículos conmemorando su trayectoria y actualizando su discurso, y exposiciones que, eludiendo lo retrospectivo, viraron hacia la reconstrucción de sus vínculos y confluencias con lo latinoamericano.

Podría suponerse obvia dicha conmemoración: los centenarios suelen prometerse siempre como celebraciones magnas. No obstante, en el caso de Acha resultaba un acontecimiento inesperado, máxime cuando su trabajo parecía haber pasado inadvertido para la crítica del arte del siglo XX y sus ideas resultaban vetustas o, simplemente, porque la indiferencia había sido categórica. Su obra existía, latente, constaba pero no se exteriorizaba de una manera suficientemente clara. Ahora parece haberse activado algo que antes a simple vista no resultaba tan interesante.



SIN COMENTARIOS

DEJAR UNA RESPUESTA