Crean escuelita del campo donde niños y niñas aprenden a elaborar prendas de telar y cosecha de algodón

Texto y Fotos: Diana Manzo/ Corresponsal

San Mateo del Mar, Oax., (página3.mx).- Edgar Ábrego Victoria es agrónomo forestal.

Estudió en la Universidad de Chapingo pero hace un año volvió a su natal San Mateo del Mar para impulsar la siembra del algodón.

Un cultivo que se ha quedado en el olvido y que era de gran utilidad para las mujeres artesanas de telar porque lo usaban para elaborar hilos para sus prendas y que ahora sustituyen por hilos sintéticos.

El proyecto de Edgar, al que llamó “Monpiüer” en su lengua Ombeayiüts, en castellano significa “Sembradores de Algodón”.

Se lleva a cabo con la aportación financiera que obtuvo a través del fondo cultural Pacmyc y que pretende concluir en julio próximo.

“Monpiüer” busca contagiar en niños, niñas y jóvenes el gusto por el cultivo del algodón.

Y mismo tiempo, la enseñanza del textil tradicional que actualmente unas 15 artesanas elaboran en este pueblo que reúne a cerca de 8 mil habitantes.

La finalidad de Edgar es que con este proyecto se recuperen las enseñanzas de las y los abuelos.

Recordó que los suyos, Lucas y Genoveva, le contaron que anteriormente en los patios de las casas de San Mateo del Mar había plantíos de algodón.

Ahí las mujeres lo colectaban para elaborar sus hilos para tejer, por lo que ahora desea que nuevamente se recupere este cultivo tradicional.

El proyecto inicia desde la colecta de semillas.

En su casa, este joven tiene un huerto de traspatio donde germina el algodón y al mismo tiempo lo cosecha.

En el patio de su casa, Edgar montó un taller de telar donde la maestra artesana Sonia Abasolo Valle y su hija Kenia Ábrego Abasolo comenzaron a impartir sus enseñanzas.

Son cho niñas, niños y jóvenes estudiantes, con la finalidad de que sean las y los próximos artesanos.

Además, aprenderán a cultivar el algodón de tal forma que revivan las enseñanzas de las y los abuelos Ikoots.

Alrededor del árbol están montados los telares que cada aprendiz sostiene en su cintura.

Las agujas y todos los accesorios que usan fueron fabricados por las maestras artesanas, de tal forma que el método de enseñanza es totalmente tradicional.

El Ombeayiüts se hace presente mientras las maestras dan sus clases, y eso es enriquecedor porque también se hace una revalorización de la lengua materna.

Sonia Abasolo está contenta porque ahora su aprendizaje se multiplicará.

Era una de sus preocupaciones saber quién heredará su conocimiento.

Ahora sabe que su misión se ha cumplido y serán ocho nuevos artesanos y artesanas que tendrá San Mateo del Mar.

“Ellos aprenderán como yo aprendí con mi abuela cuando tenía 7 años de edad.”

“Usaremos el hilo de algodón que nosotros mismos cosechamos, eso ya no se ve en el pueblo.”

“Ahora con Edgar y su proyecto lo lograremos, el primer paso ya lo tenemos, ya son ocho niños y jóvenes que asisten muy a gusto y están aprendiendo”.

Gael Ventura Ábrego tiene 12 años de edad y llegó por cuenta propia al taller porque quiere ser artesano de telar como lo fue un día su abuela, quien lo practicó por más de cuarenta años.

De todos sus familiares, Gael es el único que se inscribió y está feliz de las enseñanzas que recibe.

Con delicadez toma su telar y se lo acomoda en la cintura, luego coloca los hilos y los va tejiendo, mezclando los colores.

No es nada sencillo, asegura, pero por lo pronto terminará una servilleta, que será su primera obra.

“Me siento muy contento por este taller, porque ya aprendí a tejer lo básico, no es nada fácil pero tampoco complicado.

“También nos han dicho que aprenderemos a cultivar el algodón y usaremos el hilo para elaborar una prenda en nuestro telar.”

“Todos estamos emocionados porque las maestras nos están compartiendo su sabiduría”, comenta con alegría.

La escuelita de campo de San Mateo del Mar se abre todos los sábados y durante varias horas niñas, niños y un par de jóvenes comienzan a tejer.

Es un ritual que elaboran mientras disfrutan hablar de su lengua, comparten risas y, lo mejor ,están aprendiendo a valorar lo que los suyos les heredaron.



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