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Hospital incurable | Sin título.
Por Adrián Lobo
21 de mayo, 2020
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Con mi más profundo respeto y admiración a todo el personal de salud de Oaxaca.

Difícil poner en palabras las sensaciones más profundas en éste momento. Difícil el momento mismo. Difícil ver el panorama con claridad. Yo creo que para todos porque por todo el mundo veo desconcierto y confusión; Que si el bicho fue creado, que si no; que si el ibuprofeno no, que si el ibuprofeno sí; que si mascarillas sí, que si mascarillas no; arcos sanitizantes sí, arcos sanitizantes no; rociar desinfectante en espacios públicos sirve, o no sirve de nada…

Después de todo es normal en una situación inédita como la actual. Pero no es ningún consuelo sino que añade un pesar más: la sensación de incertidumbre.

Creo que por eso ahora por más que quiera no puedo abordar un tema específico, no puedo de momento hilar ideas en forma coherente, como está sucediendo allá afuera todo lo que me viene a la mente son frases sueltas, muchas veces inconexas.

Un compañero del HGDAV, trabajador eventual, renunció hace poco, dicen que por temor al bicho. Una enfermera me comentó hace unos días que siente algo así como angustia, ha pasado momentos en los que siente malestares de los identificados con el bicho; cansancio, dolor de cabeza, hasta le parece percibir un aumento en su temperatura corporal. Por suerte hasta ahora cree haber podido descartar haberse contagiado. Yo me quedé con la intención de preguntarle si acaso se había hecho la prueba, aunque sea para descartar la posibilidad, y sólo le pude replicar no muy convencido: “A veces uno mismo se sugestiona”. Y siento que preferimos ambos en ese momento no comentar los casos de compañeros que se han contagiado no sólo en el HGDAV, sino en el HRAEO, el de la Niñez, el del IMSS y el del ISSSTE.

A veces veo a mis compañeros previamente a su ingreso a las áreas COVID y me pregunto qué estarán pensando. Si tienen temor, si entran con confianza, si piensan en su familia antes de entrar, si han dispuesto algunas medidas para el momento de volver a sus casas, como lo de quitarse los zapatos antes de entrar, el cambio de ropa y todo eso.

Personalmente no me ha tocado estar en áreas COVID, pero eso no me tranquiliza mucho, según parece ha habido quienes se contagiaron sin haber estado tampoco ahí, se dice que hay casos entre personal administrativo en algunos hospitales. Intento mantener la calma recordando que no todos los trabajadores de la salud que se han contagiado contrajeron el virus en el lugar de trabajo, pero el efecto no es el deseado; podría contagiarme en cualquier sitio entonces, como en el transporte público, porque aunque le solicitaron a conductores de taxis colectivos reducir el número de pasajeros que transportan, muchos insisten en llevar cupo lleno que hasta pienso que si pudieran siempre meterían un pasajero más aunque fuera en el portaequipaje. Y como no hay autoridad que vigile sobre todo muy temprano o muy tarde pues… ahí vamos, todos apretujados como siempre. A la única que no llevan es a Susana.

Recuerdo ahora a un compañero decir que quizá estaba más seguro precisamente en un área COVID, porque para entrar debe utilizar los Elementos de Protección Personal que tenemos disponibles, que aunque no fueran los indicados, son más que lo que usan los demás compañeros en el resto de las áreas, que andamos por ahí con mascarillas N87 (lo siento, no nos alcanza para las N95 de momento) o sólo las tricapa o de las que haya. A algunos, los que se supone que tienen más riesgo de exposición les dieron gafas protectoras, algunas personas han donado caretas, fui testigo de la que hizo una señora específicamente al área de Urgencias Pediatría, para médicos y personal de enfermería, otras personas donaron algunas para camilleros. Pero estos esfuerzos parecen perder toda utilidad o verse disminuidos en su efectividad en forma importante ante situaciones tales como la falta actual (al 18 de mayo del 2020) de guantes desechables. Incidentalmente quiero añadir que llevamos meses sin contar con pañales desechables. Al menos en estos días no he notado falta de agua y jabón para el aseo de las manos.

Un aspecto de gran valor estratégico, como en todas las guerras, es el de la información confiable. Y ese es otro caos aquí. Los directivos son por supuesto quienes cuentan con una de mejor calidad, y de ahí para abajo en la escala su veracidad se va igualmente degradando. Al trabajador común, como yo, sólo le llegan rumores. Y lo que alcanza a escuchar por ahí de primera mano. Con algo de suerte, estando en el lugar oportuno en el momento justo, uno escucha algo por aquí y algo más por allá y puede ir atando cabos. Generalmente sólo por educación y prudencia me contengo muchas veces de preguntar, de inmiscuirme en conversaciones ajenas, porque ganas no me han faltado. Así es como llegué a la conclusión de que en el HGDAV se está intentando formar equipos de médicos de diversas áreas para la atención de los pacientes de COVID, como han hecho en otros lugares, ya que los especialistas, que supongo serían los de medicina interna son pocos y requieren apoyo. Pero resulta que a nadie se le puede obligar, sean residentes o adscritos, y el apoyo que se está pidiendo en forma voluntaria no ha tenido un gran poder de convocatoria. Creo que los especialistas de medicina interna están muy desanimados, por la falta de insumos, por la falta de apoyo, por la falta de procedimientos claros, instalaciones…. Da la impresión de que no quieren atender a esos pacientes, es más, se habla de que les han dado la espalda por completo, que los han abandonado dejándolos mayormente a cargo de enfermería. Hasta ahora en el HGDAV no son tantos en realidad, los plenamente identificados como casos de COVID. Si usted quiere ir a ver y espera encontrarse con esas imágenes de hospitales con pacientes tumbados en el piso, por la falta de camas, eso no lo va a ver aquí. No es que TODO el hospital esté lleno de esos pacientes, el problema es que las ÁREAS donde se puede atender a esos pacientes se llenen y todos los equipos como ventiladores en existencia se ocupen. No tiene sentido admitir un paciente que requiere ser intubado y conectado a un ventilador, cuando no hay un ventilador disponible, aunque haya camas.  Otro problema es que se cuelen sin ser detectados pacientes COVID a servicios donde no se supone que deben estar, hablo por supuesto de los famosos asintomáticos.

Escuché a un grupo de cirujanos burlarse abiertamente al comentar entre ellos la petición que les habían hecho diciendo, quizá con justa razón: “¿Y yo a qué voy a ir allá?”. Dejando de lado el temor al contagio hay demasiadas condiciones adversas ante las que no se ha definido cómo proceder, incluso hasta de carácter legal. En otros sitios hemos sabido de personal médico y de enfermería que ha preferido renunciar.

La pifia del siglo la cometieron los genios que decidieron salir a declarar que ya se podía plantear “volver” a lo que sea que dijeron que íbamos a volver. Porque muchos ciudadanos escucharon lo que quisieron escuchar, que fue poco más o menos algo así como:

– “¡Ámonosssss! ¿Cual pandemia? ¡Aquí no ha pasado nada!”

Y muchos empezaron a salir como si de verdad nada pasara. El viernes del 15 de mayo me llenó de vergüenza, de rabia e indignación ver que en esas mismas calles por las que por varias semanas al salir del trabajo caminé completamente solo y mi alma se habían instalado ya los puestos de tacos, de dulces regionales, de clayudas y gelatinas, ahí afuera del mercado 20 de noviembre en la calle de Las Casas. “¡Todavía no es tiempo!” – pensaba yo viendo los clientes consumir alegremente sus carnitas y su pozole. Pensé entonces en la horrible posibilidad de que la situación se agrave y se convierta para muchos en algo así como ser alcanzado por una bala perdida, que a pesar de cuidarse tanto como sea posible, de tomar las precauciones al alcance se termine pagando las consecuencias de la irresponsabilidad de otros.

Pero no todo se paraliza con la pandemia, los tiempos políticos donde no suele haber escrúpulos de ninguna clase, son un ejemplo. Se acerca el tiempo de renovar la dirigencia sindical, la sección 35 del SNTSA, seguramente también la subsección 7 en el hospital, deberá pronto renovarse y pues al que madruga… Ahora uno que otro suspirante anda por ahí ya haciendo los consabidos repartos, algunos públicos y otros seguramente inconfesables. En los públicos andan ya repartiendo las infaltables playeras. A un grupo de camilleros les obsequiaron, de parte de alguien muy generoso y solidario, ya sabe usted, un accesorio que en lo que a mi respecta es completamente inútil, una baratija del mismo tipo del que ya antes han dado, parece que no saben qué más “obsequiar”. ¡Ah! Pero eso, sí, sin ningún interés más que el de “colaborar”. Hasta para ser mezquino se requiere tener algún caletre. ¿O no era mejor opción unos googles? ¿Unas caretas? Algo más acorde a los tiempos, algo más útil y que se valore realmente. No importaría en tal caso que dijera: “Cortesía de su candidato, Fulano de tal”.

Total, a mi no me afecta porque como no tengo derecho a votar en sus elecciones como trabajador eventual que soy, ni me toman en cuenta. Tampoco me preocupa. Así estoy mejor.

Adrián Lobo.

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