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Hospital incurable | Una historia de Robin.
Por Adrián Lobo
30 de mayo, 2020
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OAXACA, Oax. (#pagina3.mx).- Quizá a alguna persona que por una extraña razón ha leído alguna que otra vez los desatinos que amablemente me permiten publicar en éste espacio le haya surgido la duda de qué me autoriza a decir lo que digo o en otras palabras “Qué me estoy creyendo”. Y en el H.G.D.A.V. algo que sucede con mucha frecuencia y que mueve a una profunda reflexión filosófica, por lo menos a mí, es un cuestionamiento de hartas y hondas implicaciones existencialistas, uno que nunca me habían hecho, en ningún otro trabajo.

Verá usted. Usualmente cuando aquí en el hospital otras personas sienten que uno se está de alguna manera extralimitando en la realización de sus funciones o tiene algún desliz verbal le sueltan a uno la siguiente pregunta, a menudo desde una posición altanera:

– “Y usted, ¿quién es?”

Apenas escuchar el planteamiento y con la fuerza del impacto resonando en mi alma empiezo a cuestionarme a mí mismo: “¡Válgame! ¡Es verdad! ¿Quién soy en realidad? Es mas,  ¿cuál es el propósito, ya no digamos de mi presencia en el hospital, sino de mi vida misma?”. Y entro como en un trance mientras me repito como un mantra: “Conócete a tí mismo”. Todo eso en el lapso de un cuarto de segundo porque pues no puedo quedarme pasmado. He escuchado también cuando le hacen la misma pregunta a otras personas y a veces a quien pregunta le sale el chirrión por el palito. A lo mejor una persona muy ufana confiadamente lanza la pregunta sólo para que le callen la boca bien y bonito. Por ejemplo si quien pregunta es auxiliar de enfermería y del otro lado le responden:

– Soy el Dr. Fulano de tal, R1 de anestesiología.

Parece chiste, pero es anécdota. Y es que así como de noche todos los gatos son pardos, andando en pijama todos los trabajadores del hospital somos iguales, a veces uno anda tratando de Doctor al camillero o a la enfermera o viceversa. Y bueno, el caso es que no queda más que cuadrarse en tal circunstancia. Y ¡mejor suerte para la próxima!

Pero como iba diciendo, sólo puedo repetir que soy un simple trabajador sin un título pomposo ni un puesto de alto nivel ni médico ni enfermero pero que siente que ayuda a aquellos con un ínfimo grano de arena a salvar al mundo un paciente a la vez.

Soy como el Robin de la liga de la justicia. Todos sabemos que no tiene ningún súper poder ni habilidades sobresalientes pero como se junta con los superhéroes de verdad pues ya cree que puede pasar por uno de ellos. Imagino a Robin en algún momento cuestionándose su permanencia en tan notable grupo y la situación en que le dieron su sobrenombre.

Estaban todos reunidos y él dice que se siente triste, deprimido. Los superhéroes son ellos, él no tiene ningún talento en realidad, vamos, ni siquiera un buen sobrenombre.

  • Aquí está Batman, “el hombre murciélago”; tenemos a Superman, “el hombre de acero”; está  “el sorprendente” hombre araña… ¿Y yo? Yo soy sólo Robin…

Los allí reunidos son sus amigos después de todo y quieren animarlo un poco, pero no saben cómo aún.

  • Tengo que admitir – Agrega Robin – Que no tengo ni siquiera una cualidad sobresaliente. Ya no hablemos de un súper poder… No soy veloz, no soy fuerte, no me puedo hacer invisible ni escalar muros.
  • Oye, anímate – Le dice alguno de los presentes – ¡Eres un gran chico! – agrega.
  • Y el café que haces es una maravilla –  Terció uno más.
  • ¡Eso es! – Dijo otro – Ahí lo tienes, eres “El chico maravilla”.

A Robin se le ilumina el rostro:

  • “El chico maravilla”, ¿eh? – Dice con una expresión de satisfacción.  – Sí… supongo que puede funcionar… No suena del todo mal… – se ilusiona.

Y todavía cuando salían de su reunión le pregunta Robin a Hulk:

  • Oye, ¿crees que debería cambiarlo por “El joven maravilla”?
  • ¡Smash! – Respondió Hulk.

Adrián Lobo.

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