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“No tenemos camas de hospital en los parques”
Por Alianza de Medios
30 de junio, 2020
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Se cumplen seis meses de que el gobierno de México entró en alerta por el brote de un virus nuevo en el mercado de Wuhan, China. El país suma más de 26 mil muertos. En entrevista con Pie de Página, el subsecretario de Salud, Hugo López-Gatell, habla del esfuerzo titánico para enfrentar al virus que ha detenido al mundo con un sistema de salud agonizante, de la contaminación política sobre la información técnica, y de su convicción de construir una cultura social donde el valor principal sea la verdad

Texto: Daniela Pastrana | Fotos: Duilio Rodríguez

El subsecretario de Salud y vocero del gobierno federal para el tema de covid-19 no pierde el paso ni la energía. Acepta una entrevista con Pie de Página después de su conferencia diaria, en un salón alterno al de la Tesorería, donde ha dirigido más de 120 conferencias. Es lunes. Al día siguiente, Hugo López-Gatell deberá estar en la reunión del gabinete de seguridad antes de las 6 de la mañana. Pero eso no impide que hablemos más de una hora. Y parecería imposible, pero nos falta tiempo. ¿De qué se trata? Dice de buen ánimo. Luego enlista los temas polémicos sobre los que le han preguntado una y otra vez. ¿El pico?, ¿pruebas?, ¿cubrebocas?, ¿defunciones?, ¿neumonía atípica?

Pero son seis meses de una pandemia que no había ocurrido en 100 años, así que empezamos por el principio.

¿El 1 de enero de 2020 despertó y se imaginó que estaríamos así 6 meses después?

—El 1 de enero, más o menos (ríe). Digamos no tan claramente, pero ya había leído una noticia sobre las neumonías atípicas en el mercado de Wuhan China. No me concentré y dije: ‘esta es la siguiente pandemia’, pero ciertamente pensé: ‘uhm, neumonías atípicas’. El 3 de enero intercambiamos mensajes de whatsapp con el doctor José Luis Alomía y en la UIES (Unidad de Inteligencia Epidemiológica Sanitaria) ya aparecía esto como una preocupación.  A la siguiente semana tuvimos algunas conversaciones informales. Ya era tema en la plataforma de los centros nacionales de enlace para el reglamento sanitario internacional y el 9 de enero el doctor Alomía ya había producido el primer aviso de viajeros. Para el 16 ya fue francamente: ‘arranquemos formalmente la fase de preparación’. Para la tercera semana de enero ya teníamos un plan concreto: las tres fases de preparación y los tres escenarios de la respuesta.

Hubo una decisión política de trabajar en la mitigación y optar por la epidemia larga. ¿Cómo lo definieron?

—Si se refiere a política como políticas públicas, sí fue una decisión política — acota. —Es relevante porque en el lenguaje español no hay una diferencia entre una y otra. Policy Vs Politics, que en inglés sí se distinguen muy claramente. Hasta aquí, todas nuestras decisiones han sido de policy y no hemos tenido interferencia del politics por parte del gobierno. Nada. Y esto es algo que día con día valoro más.

Nuevo paradigma

Pero antes de entrar a México, López-Gatell hace una parada en el mundo y la primera reacción de algunos países cuando se declaró la pandemia: cerrar fronteras.

“La contención basada en puntos físicos (fronteras, aeropuertos, puertos marítimos) no tiene un sustento técnico claro. No hay un cuerpo de evidencia científica riguroso que muestre que es una evidencia útil para evitar el transporte de una enfermedad infecciosa”, dice.

Aunque hay países que lo han hecho muchos años. Estados Unidos desde hace más de un siglo: “Ellis Island, donde en el siglo 19 llegaban migrantes, de la gran migración europea y en un estado de confinamiento forzado se retenía a las personas sospechosas de tener tuberculosis para evitar que se contagiaran los de tierra adentro. Es un ejemplo, pero Estados Unidos hasta hoy tiene de hecho una División de Migración Global y Cuarentena en sus poderosísimos centros de control de enfermedades y varios de sus protocolos están centrados en frontera”.

Sin embargo, la mayoría de los países de Europa y América, no lo hicieron.  El cierre de fronteras, dice López-Gatell, es “abiertamente antagónico” con el reglamento sanitario internacional que se estableció en 2005 y que la mayoría de los países, incluido México, adoptaron el 15 de junio de 2007.

El marco referencia de ese nuevo reglamento – que llevó 10 años negociar- tuvo un cambio de paradigma en la respuesta global ante las epidemias y tiene tres principios rectores: las personas, la solidaridad internacional y no interferir innecesariamente con el desplazamiento de personas y el comercio internacional.

Y se ajusta mucho más a un mundo que está muy comunicado.

—Así es. Porque cerrar fronteras, puertos marítimos, causa graves daños a la economía global y muy preocupante, puede dar lugar, y lo ha hecho en innumerables ocasiones, a la violación de los derechos humanos.

Ahora, dice, la constatación de su poca eficacia en la pandemia es que “no hay una diferencia sustantiva en la carga de enfermedad, en la oportunidad de inicio de la respuesta, en la saturación de hospitales y en la mortalidad” entre países que aplicaron esta medida y los que no.

“Lamento profundamente que estos principios de una salud pública moderna, solidaria, técnica, hayan sido echados por la borda, durante los primeros meses de la pandemia por algunos países”.

Tocar base con la realidad

El modelo de contención centrado en personas, que ha explicado decenas de veces, implica la identificación de “casos” sospechosos, la toma una muestra de diagnóstico por laboratorio y el estudio de contactos para determinar si se les aisla. Esa rutina, dice el subsecretario, “México la tiene establecida desde hace mucho tiempo para muchas enfermedades infecciosas”.

Esta contención centrada en personas “tiene utilidad pero tiene grandes límites”, dice. El mayor es la cantidad de personas que se necesitan para identificar a sospechosos y contactos cuando la epidemia ya creció.

“En el mundo entero, no hay sistema de salud pública que tenga suficientes operadores, epidemiólogos y epidemiólogas de campo para darse abasto en identificar a todos los casos sospechosos y a sus contactos. A diferencia de la gran mayoría de los países, nosotros decidimos decirlo eso explícitamente y tocar base con la realidad y reconocer que cuando la contención encontrara sus límites sería el momento oportuno de cambiar a mitigación comunitaria. Entonces, sí hicimos contención, que quede claro, la hicimos desde enero porque nos empezamos a preparar desde enero y la seguimos haciendo durante el escenario uno, y más o menos cuando llegamos a la tercera parte de los sistemas caso-contactos no rastreables, ya nos estábamos acercando a la mitad de marzo, dijimos esto es una señal de que tenemos que cambiar a la fase dos porque la contención es ineficiente e inefectiva”.

En esa etapa de contención, explica, una decisión importante fue que el resguardo sería voluntario y en el domicilio. Algunos países, al inicio, dispusieron instalaciones del gobierno, incluidas instalaciones militares, para hacer las cuarentenas. Estados Unidos, por ejemplo, dispuso una base naval militar en San Diego y tenía un espacio para cerca de 3 mil personas.

“¿Qué ocurrió? Que rápidamente se saturaron y ya no volvimos a hablar de ellas. En Francia, lo sabemos porque nuestros connacionales que fueron evacuados desde Wuhan, China, pasaron 14 días ahí, en una base militar cerca de Marsella. El Reino Unido también. Después ya nadie volvió a hablar de eso. Todos los países llegaron a un punto donde dijeron: ‘no podemos hacer contención en cada uno de los casos’”.

El modelo de contención se asume que se puede encontrar a cada caso y rastrear a todos sus contactos. Un supuesto irreal cuando la transmisión ya es masiva, dice. Por eso, en la segunda etapa se diseñó la mitigación.

“Una buena mitigación asume de antemano, que no se van a evitar todos los contagios, por el carácter masivo, sino que se van a reducir en velocidad de ocurrencia. En México tenemos un promedio de 6 a 8 personas que eran contactos de un caso, y en algunos hasta 200 contactos. Imagínese en la Central de Abasto, ¿cuántos contactos hay? Entonces no hay fuerza humana que pueda cubrir eso”.

La opción, entonces, fue cerrar las estructuras que pudieran cortar masivamente cadenas de contagio, primero con las escuelas, que inmovilizaron a 40 millones de personas, entre estudiantes, maestros, personal administrativo, operativo, y toda la economía que está en torno a las escuelas. Y luego con el cierre de espacios de esparcimiento y de concentración de personas. En total, estima López Gatell, fueron casi 80 millones de personas fuera del espacio público, en un país de 120 millones de personas.

Los datos de la Universidad de Oxford, our world in data, parecen darle la razón: México logró de manera sostenida, en promedio 60 por ciento de reducción en la movilidad en el espacio público.

“Países que usaron la fuerza pública lograron hasta 80 por ciento. Nadie 100 por ciento —dice López-Gatell—. Un país que se inmoviliza por completo perece, no hay manera. Y en grados variables hay otros países que están en 40, 50… Entonces, nos sentimos satisfechos porque logramos el objetivo que era mitigar”.

“La diferencia está en las muertes”

López-Gatell está convencido de que, de no haberse realizado la Jornada Nacional de Sana Distancia en el momento en el que se hizo, en la Ciudad de México habríamos llegado a 4 mil 500 personas enfermas en un día, y asumiendo que la Ciudad de México es la mitad de la epidemia, habría llegado a 9 o 10 mil casos. “El pico hubiera sido en abril y la epidemia teóricamente se hubiera agotado en seis u ocho semanas”.

Un poco lo que pasó en Madrid o Nueva York.

— Madrid, España, Italia, sobre todo el norte, y Estados Unidos son los más emblemáticos. Cuando uno compara la inclinación de las curvas es impresionante porque es casi libre evolución. Cuando uno ve la de México es plana, desesperantemente plana, sí, pero lo dijimos desde el inicio.

El objetivo era ganar tiempo.

—Sí, así es.

Para la reconversión hospitalaria, ¿qué significa eso en un país como México?

—¡Uf! Un esfuerzo monumental. Implica, primero, mantener la mitigación: los tres objetivos que están descritos en el Plan Global de Preparación y Respuesta a una Pandemia de influenza de la OMS (la versión más reciente en México es de 2010). Es decir, primero, ganar tiempo, diferir el pico. Imagínese, llegar a junio, en lugar de tener 10 mil casos en abril, son meses valiosísimos. Segundo: que la cantidad de casos que ocurren el mismo día se redujo 80 por ciento para la Ciudad de México. Y tercero: reducir el número absoluto de casos.

La diferencia entre ambas curvas puede ser poca, 10 por ciento menos, quizá, en la curva más larga, dice el subsecretario. Pero “lo que hace una enorme diferencia son las muertes”.

“En una curva abrupta, explosiva, la mortalidad es bestialmente alta. En una curva largalargalarga la mortalidad es significativamente menor.  ¿Cómo saberlo? No me gusta comparar con otros países porque parece que uno lo esta criticando y cada país vive su realidad, pero nosotros no hemos tenido parques públicos con camas de hospitales. No hemos tenido que tomar la decisión. ¿Se acuerda de aquella muy controversial guía ética que elaboró el Consejo de Salubridad General? Al inicio sí consideramos los distintos escenarios, no lo teníamos garantizado. Y creo que hizo bien el Consejo, aunque fue muy controversial, en tener una preparación formal por si hubiéramos llegado a un evento como ese, tener que decidir a quién intubo y a quien no, más vale llegar con reglas claras, porque si no se improvisa en cada hospital, en cada turno y se vuelve un desastre. Afortunadamente no hemos tenido que tomar esa decisión porque no llegamos a esos extremos”.

Pone otro ejemplo: la compra de ventiladores.

“Cuando nosotros decimos la cantidad de camas de terapia lo hacemos con base en cuantos ventiladores estaban disponibles y funcionales. Pero no había un censo nacional de ventiladores, lo fuimos haciendo. No crea que todo estaba en un sistema de información y picamos un botón y ya salió todo. No. Fue estar trabajando con cada institución, con cada estado, con cada delegación de la seguridad social. ¿Cuántos ventiladores tienes? No, pues tantos. Y de los 400 que me estás diciendo, ¿funcionan? Si, todos funcionan. Y a los cuatro días: bueno, pero en realidad hay 180 que no están funcionando… y así. Entonces, fuimos expulgando todo eso, consiguiendo ventiladores, unos del mercado nacional, otros de Estados Unidos, Suiza, China, y así, todas las semanas, en los comandos operativos y también con el presidente, hasta que juntamos los que tenemos ahorita, que son 9 mil.

-¿Cuánta gente ha trabajado en eso?

—Uff, ese es un esfuerzo operativo también muy grande. Empezamos la primera sesión… ¿cuándo fue, estimado Jose Luis, la primera sesión de seguridad en salud?…  A mediados de febrero tuvimos la primera sesión formal. Habíamos empezado a trabajar usando las atribuciones ordinarias con IMSS, ISSSTE, Pemex, Sedena, pero luego convocamos al Comité Nacional para la Seguridad en Salud y a la tercera semana de febrero hicimos un acuerdo con la coordinación de Protección Civil, que coordina el Comité Nacional de Emergencias y tomamos resoluciones para trabajar multisectorialmente. Entonces, han estado creo que todas las secretarías de estado. Las que han estado directamente, son la coordinación de Protección Civil, Sedena, Semar, Salud, Economía, Hacienda, Educación, Trabajo, Relaciones Exteriores, Gobernación… Y entrando y saliendo Turismo y Cultura. El presidente todos los días.

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