brightness_5
Clima en Oaxaca
22‎°C
Violencia contra las mujeres, el otro virus que debe erradicarse: María Elena Ríos Ortiz
Por Diana Manzo
10 de junio, 2020
Comparte
Diana MANZO / Corresponsal

Juchitán, Oax., (pagina3.mx).- Resguardada en su domicilio en la Mixteca oaxaqueña desde hace más de ochenta días -cuando comenzó la pandemia del COVID-19-, María Elena Ríos Ortiz habla.

La fortaleza que le caracteriza puede sentirse a través del teléfono a pesar de su voz quedita para contar que vive intranquila y que sus terapias se suspendieron.

También señala la situación legal de sus agresores.

Para ella, el otro virus que debe erradicarse es “la violencia contra las mujeres” que ha matado a miles en México.

Confiesa que la música le ayuda a sanar espiritualmente y que es una forma de rehabilitarse de las secuelas de la vida.

Por eso, diariamente toca su saxofón, para entonar temas y realizar prácticas.

Así han transcurrido sus días mientras ve paralizada  la “justicia”,  que le debe mucho a ella y a las mujeres  de este país.

No quedarme callada, mi responsabilidad ahora

María Elena -de 26 años de edad- sufrió una agresión con ácido  sulfúrico el 9 de septiembre del año pasado, afuera de su empresa.

Considera que no puede callarse y tiene la responsabilidad de hablar de lo que vivió y vive actualmente, que es la intranquilidad.

Las violencias contra las mujeres “no deben quedar silenciadas y tampoco apagadas; al contrario, se deben erradicar.

“Es inaudito  pensar que al día son violentadas muchas mujeres sin que exista un castigo ejemplar para sus agresores”, lamentó.

La música, lectura y escritura han sido sus formas de revivir en este cautiverio de la pandemia y que impide su rehabilitación física.

María Elena, ejemplo para otras mujeres

A veces su voz es fuerte y otras se quebranta, pero María Elena ha sido espejo para muchas mujeres de este país y muestra de ello es que ha recibido un apoyo incondicional en los últimos meses tras a su agresión.

Reflexiona que aunque muchas personas se admiren por su fortaleza y la escuchen denunciar y exigir justicia, su voz sigue herida y la tiene pensativa.

Porque todavía hay un agresor libre, y que aunque se busca desde diciembre pasado, las autoridades de Oaxaca aun no lo detienen.

Y en el caso de los detenidos, se encuentran en prisión preventiva y eso la tiene intranquila.

Y demuestra su fortaleza al puntualizar que no cederá a nada, aunque todo le duele.

María Elena reconoce que la empatía y sororidad que ha recibido son también un cúmulo de fortaleza que la hacen sentir una mujer privilegiada y con ganas de salir adelante a pesar de lo vivido.

Su voz sube de tono detrás del teléfono para enfatizar:

“¡Imagínate, me quisieron matar!”, y se fortalece cuando se responde: 

“Pero aquí estoy, viva y aunque con secuelas y ratos malos, tengo la fuerza y la fe que todo mejorará algún día.

Sé que son muchos, ni quiero imaginarme cuántos, pero estoy viva y eso vale mucho”.

“Curarte”, un proyecto que fomente el amor al saxofón

Tocar el saxofón de nuevo es uno de los sueños cumplidos de María Elena después de los meses de agonía que vivió.

Y entonces pensó en compartir su talento, para lo cual se inscribió en el programa nacional “Curarte” de la Secretaría de Cultura  y las Artes (Seculta).

Fue elegida entre los 80 proyectos seleccionados a nivel nacional de 500 propuestas que la dependencia federal recibió.

Es un material didáctico dirigido a toda persona músico, pero en especial para las niñas y los niños.

Plasmó a través de piezas básicas para saxofón una técnica para ejecutar las piezas tradicionales de la música oaxaqueña.

Lo que mostró en su proyecto ganador es que la música tradicional de Oaxaca debe revalorizarse.

En este caso, a través del  saxofón como un instrumento de viento que traspasa fronteras y sana corazones.

María Elena aprovechó en esta convocatoria para hacer suyo el nombre  de “Curarte” y reconocer que el arte sí cura y ella es un ejemplo.

Ahora, el saxofón es el medio con el cual va aligerando sus penas para transformarlos en historias.

Mientras los días de confinamiento se acumulan, la joven saxofonista sigue tocando su instrumento para mitigar esa intranquilidad por no acudir a sus terapias y rehabilitaciones.

Por otro lado, piensa cómo enfrentará y afrontará esa justicia por la que lucha, a nueve meses de su ataque y que todavía no goza.

Comparte