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¡Hasta siempre compañero Jesús Escamilla! El legado que el líder solidario con Cuba dejó tras su partida
Por Alianza de Medios
10 de julio, 2020
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Quienes le conocieron, quieren y extrañan saben que no se puede hablar de solidaridad con Cuba en México sin mencionar  su nombre: Jesús Reynaldo Escamilla Martínez.

La semblanza que compañeros y amigos del Movimiento Mexicano de Solidaridad con Cuba, redactaron tras la inesperada partida de su líder el pasado 9 de junio de 2020, refiere que él, Jesús Escamilla, fue un militante de izquierda y comunista por convicción, inspirado por el pensamiento de José Martí, Fidel Castro, Ernesto Guevara “Che”, Efraín Huerta, Roque Dalton, Benito Juárez, Emiliano Zapata y por los clásicos marxistas, a quienes dedicó su compromiso y militancia política.

Compañero incondicional e irremplazable, unificador de movimientos, voces y frentes, ofreció su vida a la ideología comunista, y desde su fundación hasta su muerte se desempeñó como Coordinador Nacional en funciones del Movimiento Mexicano de Solidaridad con Cuba (MMSC).

Siempre llevó por delante a Cuba y su Revolución, pues su ideología era su única y principal compañera de vida. Hoy tras su ausencia física, el legado material e inmaterial de su paso por esta tierra, que decidió hacer una lucha por la igualdad y las injusticias sociales, trasciende en quienes le extrañan y seguirán honrando su memoria con el ejemplo que les dejó.   

Sin disociar la imagen del líder de la del amigo, Tamara Barra compañera de militancia y vida durante los últimos 17 años, compartió con ZonaDocs el lado más sensible e inspirador de Escamilla, por el que hoy se mantiene tratando de honrar la herencia de su legado.

Por Dalia Souza / @DaliaSouzal

Tamara Barra, militante del Movimiento Mexicano de Solidaridad con Cuba (MMSC), compañera por coincidencia, pero también por elección y convicción, recuerda que aquel día que conoció a Jesús Escamilla por primera vez, ambos se encontraban en la misma fiesta.

Ella venía de haber participado días atrás en una brigada de trabajo voluntario en la Isla, él de uno de los tantos mitines que organizó en apoyo a Cuba. Ansiosa por conocer a personas militantes, así nomás, alguien le presentó a “Escamilla”, como le nombran con cariño sus amigos y conocidos del Movimiento:

-Y tú, ¿quieres a Cuba?, le preguntó Tamara.

Él, sacó de su mochila y besó la icónica bandera de franjas horizontales azules y blancas con el triángulo color rojo y la estrella blanca de cinco puntas.

Tenía 17 años, pero dice que ahí supo que quería estar con él toda su vida. A partir de aquel momento, por invitación de Jesús, Tamara se sumó al MMSC y a las acciones políticas y públicas que rodean la lucha solidaria por el pueblo cubano.

“Para todo el mundo es importante pertenecer a algo, mentalmente para mí pertenecer a algo me dio sentido de vida… Él me dio una identidad como persona, yo no sería militante y gracias a él lo soy, para mí ser militante es lo más importante, lo que me ha dado todo, desde amigos, compañeros, el gusto y la satisfacción de conocer a muchas personas”.

Sólo aquel poema de Roque Dalton que recitaban juntos Escamilla y ella puede explicar el amor profundo que existe entre ambos: ese que es único y que trasciende entre compañeros de lucha:

“A quienes te digan que nuestro amor es extraordinario

porque ha nacido de circunstancias extraordinarias

diles que precisamente luchamos

para que un amor como el nuestro

(amor entre compañeros de combate)

llegue a ser el amor más común y corriente,

casi el único”

Jesús Escamilla fue un amigo siempre presente, permanente e insustituible, no sólo para Tamara, sino para cada persona que le conoció en este caminar solidario y de izquierda; por ello, su partida abrupta, además de resultar inexplicable y dolorosa, les ha dejado en medio de una especie de orfandad forzada.

“Siempre era un brazo acompañante, una persona que estaba a tu lado, que te hacía ver los errores pero que siempre fue incondicional”, afirma Tamara, quien también lo reconoce como un hombre solidario, capaz de privarse de cualquier cosa material para ayudar a quienes lo necesitaran.

Aquellos que tuvieron la oportunidad de compartir a su lado en la cantina del Tío Pepe, sabrán que disfrutaba de tomar ron junto con dos o tres amigos, de escuchar las historias de las personas y de platicar con los meseros.

Ese era Jesús. El que llegaba puntual dos o tres horas antes del mitin, el que llevaba las banderas y se responsabilizaba de todo detalle, el que se hacía amigo del que se encargaba de llevar el templete y el sonido para la actividad, ese mismo que hace apenas unas semanas llamó para ofrecer sus condolencias por la pérdida del líder Escamilla.

Compañero autodidacta y siempre dedicado a la lectura, Tamara lo describe como un hombre muy culto, que mucho disfrutaba de hablar de poesía, pero también sobre historia, filosofía, ciencia política, música, historia del arte, pintura y cine; sin embargo, lo que más amaba, era compartir sus conocimientos, como lo hizo con ella:

“Para mí era un hombre de una cultura inmensa, que lo disfrutaba y lo compartía. Me quedé con algunos de sus libros.  Él fue el que me acercó a leer La Madre novela de Maksim Gorki, una mujer que lucha contra el régimen zarista. Incluso, muchos libros clásicos yo los conocí gracias a él”.

Y es que, uno de sus más grandes compromisos, señala su compañera de lucha, era que las y los jóvenes se acercaran a la militancia y desde ésta, lograran unirse al movimiento y apoyar las brigadas de trabajo voluntario en Cuba; prueba de ello, comparte Tamara, es el acompañamiento que realizó a decenas de jóvenes para que ser formaran en la Escuela Latinoamericana de Medicina (ELAM), una de las más importantes del mundo.

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