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Regreso con gloria
Por Pagina3.mx
13 de julio, 2020
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ERNESTO REYES

Con buenas nuevas se encontró, a su regreso de Washington, el presidente Andrés Manuel López Obrador, después una rápida pero significativa visita oficial a los Estados Unidos para encontrarse personalmente, por primera vez, con el controvertido y racista presidente Donal Trump.

Por feliz coincidencia, algunos temas pendientes empezaron a destrabarse en la semana que termina como, por ejemplo, la inminente extradición a México del ex director de Pemex, Emilio Lozoya, quien tiene cuentas pendientes que enfrentar aquí, derivado de los millonarios sobornos que recibió de la empresa brasileña, Odebrecht.

Si, como se afirma, el ex funcionario preso en España negocia con la Fiscalía General de la República delatar a sus mandos superiores -Luis Videgaray entre ellos- a cambio de bajarle la pena a él y a integrantes de su familia, entonces   podría conocerse el modo como se financió la campaña que impuso en la presidencia a Enrique Peña Nieto.

Otro anuncio fue la detención, en momentos en que el presidente pisaba suelo estadounidense, del ex gobernador de Chihuahua, César Duarte, un consumado ladrón de los dineros de aquella entidad para comprarse bienes inmuebles que hasta el momento se calculan en 6 mil millones de pesos, más lo que se acumule en las indagatorias que inició el actual gobernador Javier Corral. De Corral hay que reconocer su persistencia y tamaños para perseguir a su antecesor que llevó a su aprehensión en Miami Florida, una vez que la Secretaría de Relaciones Exteriores enderezó el proceso de repatriación elaborado deficientemente por el gobierno anterior.

Otro asunto que, vino a sepultar definitivamente la mal llamada “verdad histórica” del ex procurador, Jesús Murillo Karam, del gobierno de Peña, es la identificación, por parte de expertos extranjeros, de parte de los restos mortales del segundo estudiante de los 43 desaparecidos de la normal de Ayotzinapa, Guerrero, quienes fueron objeto, hace casi seis años, de un horrendo atentado, el cual reveló la confabulación entre autoridades civiles, policiales y hasta militares, con bandas del crimen organizado.

El lento pero seguro proceso de esclarecimiento de este ingrato episodio, fortalece también al gobierno humanista de López Obrador, quien mantiene el compromiso de llegar hasta las últimas consecuencias para que los padres de estos jóvenes conozcan el destino de sus hijos y se procese a los verdaderos culpables. En el caso, destaca la fuga, rumbo a Canadá, de un siniestro personaje que torció las indagatorias en torno a la desaparición de los normalistas, Tomás Zerón, quien trata de evadir la justicia. Pronto lo alcanzará, estoy seguro.

Ahora bien, la presencia de López Obrador en la Casa Blanca, con firmas y declaratoria conjunta, en relación con la entrada en vigor del T-MEC, tema al que estuvo acotada la agenda entre ambos mandatarios, no solo es un triunfo de la diplomacia mexicana y su par, en Estados Unidos, sino la demostración de que ante un hombre grosero, insultativo y bocón, cuya divisa ha sido castigar la inmigración y denostar a la población latina, puede haber tratos con la dignidad y firmeza de un gobernante que no llevó en su maletín ningún afán peleonero, ni mucho menos de sumisión como Santana, Huerta o los expresidentes Salinas, Fox y Calderón, de triste memoria. Aunque los demócratas no vieron bien el encuentro con el republicano Trump, en pleno proceso electoral, más temprano que tarde aceptarán que el presidente mexicano no podía retardar esta visita.

Por los buenos resultados obtenidos, aunque lo nieguen los conservadores que se retuercen en la comodidad de un artículo, un tuit, un meme, o simplemente callan porque hasta a sus patrones de las grandes televisoras los invitó a la gira el presidente, jamás habrá algún reconocimiento. Están que trinan de coraje porque la visita logró, como dice Jorge Zepeda, que Trump cambiara su manera de dirigirse a México. Y esto no les conviene; prefieren que la administración de la 4T se suba al ring con Trump, pues ello le debilita y lo distrae en el ejercicio de gobierno.

A estos malos mexicanos no los necesita López Obrador, porque una de sus mejores satisfacciones es haber escuchado, en suelo extranjero, las manifestaciones de apoyo de muchos de nuestros connacionales que reconocen su gestión. Ahora que el presidente consumó un regreso con gloria de su viaje, esta circunstancia le otorga más brío y legitimidad para seguir representándonos con dignidad y firmeza ante los difíciles problemas que afrontamos como nación.

@ernestoreyes14

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