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Muerteros, personas que acompañan el último adiós de pacientes covid
Por Diana Manzo
27 de agosto, 2020
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Los muerteros son las últimas personas que cierran el ciclo de vida de una persona que no superó el contagio por este virus.

Es un oficio altamente discriminado.

Diana Manzo / Corresponsal

Tehuantepec, Oax,. (pagina3.mx).- Por la pandemia que se vive de la Covid-19, en las comunidades zapotecas del Istmo de Tehuantepec el ritual a la muerte vive una “nueva normalidad”.

A las personas difuntas ya no se les reza ni se les ponen flores, tampoco se les llora de cuerpo presente;  son los muerteros las personas a las que ahora les toca dar  el último adiós en un funeral.

Adrián Gallegos López, coordinador de la funeraria “Ríos” en Tehuantepec, Oaxaca, y Jesús Edmundo Quiroz, encargado de logística y dos trabajadores más (Wualdo Sadot Gallegos Sacarías y Carlos Ramírez López), desde junio se encargan del traslado de los cadáveres de pacientes Covid.

Son los últimos que tienen “el permiso y autorización” para  tener contacto con ellos antes de ser cremados o inhumados.

A ellos les toca dar la despedida de los cadáveres.

Con sus manos dan el “último empujón” del cuerpo previo a su ingreso al horno en que lo cremarán.

Sensación que constantemente les revive emociones de tristeza porque también son los últimos que cierran el ciclo de una persona que no superó el contagio y que falleció por coronavirus.

“Ser muertero es uno de los oficios que menos gusta, pero alguien lo tiene que hacer”, explica Adrián.

Junto con su esposa Leticia Ríos Gallegos, quien es la dueña de la funeraria, iniciaron el negocio hace 7 años y es una de los pocos que brindan este servicio a quienes fallecen por coronavirus.

“No cualquiera se atreve a ofrecer un servicio, en primera por miedo a un contagio, porque estamos entre la vida y la muerte.

“En segunda, por desconocimiento del manejo de cadáveres y en tercera, el equipo de protección que nosotros empleamos es desechable y caro.

“Entonces no cualquiera invierte, por eso muchos nos dicen que cobramos caro, pero no es eso, brindamos un servicio integral y humano, eso es lo que nos distingue”, refirió Leticia.

Además de seguir al pie de la letra el protocolo para el tratamiento de cadáveres recomendado por las autoridades de salud, esta funeraria cuenta con las suyas y que se siguen de forma estricta para evitar contagios de este virus.

Leticia es enfermera de profesión y se encarga de la parte administrativa, pero antes de la pandemia también se dedicaba a la preparación de los cadáveres, ahora solo vigila que el protocolo se cumpla sin excepción alguna.

Un traje blanco, una bata, gorros, botas de plástico, tres pares de guantes, gogles y caretas además de una constante sanitización es la primera parte del protocolo de seguridad que se activa previo al acudir a levantamiento de cadáver.

Cuando se tiene el contacto con la persona difunta, en caso de que sea dentro de un hospital, al salir nuevamente se vuelven a sanitizar, al igual que al cadáver y la carroza.

Y si es en una casa, se pide permiso y se realiza el levantamiento del cuerpo, todo el espacio que ocupó el paciente se limpia sin excepción, desde su cama, hamaca, sillones y sus accesorios.

La limpieza profunda de los espacios y de ellos mismos se realiza antes y después de tener contacto con el cadáver.

A través  de una bomba de plástico que contienen agua y cloro, y sólo así con esta estricta medida de seguridad, Adrián, Jesús Edmundo y todos los de la funeraria han evitado contagiarse de esta pandemia.

Si se trata de una inhumación, el cadáver se va directo al panteón, no hay misas, tampoco encuentros con los familiares.

Lo mismo ocurre cuando es una cremación, el cuerpo una vez ingresado al crematorio, sale con las cenizas en una caja de madera que se le entrega a las familias.

Adrián y Jesús Edmundo, quienes realizan este protocolo, señalan que la parte más complicada que les ha provocado un cúmulo de sentimientos, es justamente cuando el cadáver sale del hospital o de su hogar y se despide de sus familiares.

Porque el tradicional rito a la muerte se esfumó por esta pandemia y ahora las despedidas son de lejos.

“Las despedidas del Covid han sido las más dolorosas que hemos visto y más aún en nuestro Istmo donde la muerte tiene un especial significado.

“Todo se ha roto, ahora las familias nos encargan a sus muertos para que les demos el adiós, porque con nosotros tienen el último contacto.

“Es decir, nosotros somos los que cerramos el ciclo de una persona contagiada que  fue vencida por esta pandemia”.

Evitar un contagio significa portar un traje de seguridad con todos sus aditamentos, aún con las altas temperaturas que se registran en la zona.

En ocasiones dilatan de 3 a 4 horas cuando es una cremación, pero si se trata de una inhumación se duplica el tiempo, por lo que al llegar a su casa, es el respiro inimaginable que siempre les da que no ocurrió nada en el trayecto.

Y qué decir de la discriminación y la estigmatización.

Adrián y Leticia confiesan que lo “viven todos los días” y por todas las personas porque temen contagiarse de este virus.

Incluso algunas personas les ven venir y huyen, además temen el roce de la carroza fúnebre en su piel, porque eso significaría atrapar el virus en su cuerpo.

“Siempre lo he dicho, hasta que el  virus no llegue a tu familia, no sabrás lo que se siente.

“Creo que es momento de parar la discriminación y la estigmatización, porque todos podríamos contagiarnos, ñ adie está exento y lo mejor es salvarse.

“A nosotros nos cuesta ofrecer estos servicios y más por Covid-19, es doloroso tener que sepultar a una persona que vivió esta pandemia y no se recuperó”, precisaron ambos.

De músico a prestador de servicios funerarios de Covid-19

Jesús Edmundo de 24 años de edad, no pudo quedarse en casa.

Su oficio de músico quedó suspendido tras la emergencia sanitaria.

Entonces, para llevar el sustento económico familiar, decidió buscar empleo y encontró como “prestador de servicios funerarios de Covid-19”.

Su desconocimiento en manejo de cadáveres lo puso a dudar unos días cuando su tía le ofreció el empleo, pero al paso de los días se animó.

Y a casi tres meses de emplearse en la funeraria, ahora por “necesidad” es un experto, y confiesa que cada que acude a un “servicio” sabe que está entre “la vida y la muerte”.

“No te imaginas la adrenalina que siento cuando mi tía o mi tío, que son los dueños, me avisan de un servicio fúnebre, porque ya sé que se trata de una persona que murió por Coronavirus.

“Confieso, no es nada fácil, no cualquiera lo hace por temor a contagiarse y morir”.

El estado de Oaxaca según datos de las autoridades de Salud, hasta este miércoles 26 de agosto se han registrado 13 mil 176 casos confirmados y mil 246 decesos por esta pandemia.

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