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Un dulce ...con SABOR AMARGO
Por Pagina3.mx
07 de agosto, 2020
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Por *Miguel Pérez García | (Capitán Miguel Tik Tak)

La contingencia sanitaria por COVID-19, al igual que en todo el mundo, en Oaxaca ha impactado desde hace más de cinco meses de manera inimaginable a nuestras familias. 

Esta situación nos lleva a replantear y reflexionar sobre nuestras maneras de socializar, estudiar, trabajar, higienizar, incluso comer. 

¡Sí, comer! 

Una acción que para las y los mexicanos y, sobre todo, para nosotros los oaxaqueños y oaxaqueñas es un acto de subsistencia, pero también un espacio único de transmisión de saberes, tradiciones, sabores y olores. 

Los hábitos alimenticios, además del sedentarismo de la población mexicana durante este periodo de contingencia sanitaria han sido señalados por las autoridades de Salud como los factores que inciden de manera significativa en un sinfín de enfermedades o estado de morbilidad.

Esos factores colocan, tanto a población adulta como a jóvenes, niñas y niños, en una condición fuerte de vulnerabilidad frente al COVID-19. 

Al respecto, el Subsecretario de Prevención y Promoción de la Salud del Gobierno de México, el Dr. Hugo López-Gatell Ramírez, afirmó el pasado 25 de julio que “los refrescos son veneno embotellado”. 

Derivado de este tipo de afirmaciones el 4 de agosto de 2020, el Congreso del Estado de Oaxaca aprobó una ley que prohibirá la venta de alimentos chatarra a menores de edad. 

Ante esta decisión, surgen varios aspectos que me gustaría resaltar en el afán de poder impactar esta decisión que, sin duda, afectará de distintas maneras a las familias y, sobre todo, a las y los niños oaxaqueños.

Siempre he estado consciente de que el azúcar, los carbohidratos y las grasas en exceso hacen daño. 

Además, es importante reconocer y recordar que nuestro estado ocupa el primer lugar en obesidad infantil a nivel nacional. 

Sin embargo, también creo que quitarle un dulce a un niño es robarle parte de su infancia. 

Aún recuerdo los domingos de mi infancia. La rutina consistía en ir a casa de mis abuelos en el centro, en la calle Pino Suárez, en el mero centro. Ahí jugaba con mis primos, en el Paseo Juárez por horas, que se sentían segundos.

Parte de mi domingo lo usaba para poner en conflicto a mis papilas gustativas. 

Primero hacía que la parte dulce entrara en una zona de confort para cuando ya se sintiera cómoda entrara la parte que detecta lo salado y al mezclarse los sabores la parte ácida cumpliera con su función.

Esto lo lograba con una rica “chipaleta.” 

Esa memoria sensorial es parte íntegra de mi infancia, así como los juegos con mis primos y la casa de mis abuelos, comer dulces era un día de festejo o celebración para mí. 

Ese sabor habita hoy en lo más profundo de mis recuerdos, pero así como mi padre y mi madre me educaron para dosificar mi ingesta de dulces, refresco o “alimentos chatarra”.

Que sin su supervisión hubiera terminado por comerme una dulcería o la tiendita de mis vecinos completa en un solo día.

También me enseñaron, como muchas familias del estado lo hacen, a disfrutar del delicioso chocolate tradicional oaxaqueño. 

En Oaxaca se consumen al año aproximadamente dos mil toneladas de este chocolate, el cual cuenta con múltiples presentaciones a partir de las recetas milenarias existentes dentro de nuestra gastronomía hecha con cacao. 

El chocolate oaxaqueño es uno de los productos más valorados en el mundo. 

Miles de niñas y niños desayunan con él, pues tiene muchos beneficios nutrimentales. 

Sin embargo, a partir de la ley sobre prohibir la venta de productos chatarra a niños este chocolate también será considerado “chatarra”. 

Aquí es donde comienzo a observar la complejidad e incluso los impactos negativos de esta ley.

Dice Pedro Badía que prohibir no es educar y cuánta razón tiene. Y con temor a equivocarme citaré una línea de Los Simpsons “¿Quién piensa en los niños (y en las niñas)?” 

¿Sabrán las personas adultas que el agua de jamaica sin endulzar no tiene sabor? ¿Con qué le quitarán lo amargo al agua de limón?

Prohibir la venta a menores pone a estos productos a la altura de drogas legales y más peligrosas para la infancia como el tabaco y el alcohol, como dice el refrán “lo prohibido siempre tiene un sabor especial.”

Una vez que entre en vigor la ley, que pone en peligro a más de 50 mil pequeños comerciantes cuyas ventas dependen en gran medida de estos productos, ¿bajará realmente el consumo?  

El hecho de que retiren las máquinas expendedoras en las escuelas ¿motivará a las y los niños a correr? 

¿De qué va a vivir Don Pepe? Ese hombre de la tercera edad, sin estudios y cuyo único sostén viene de la venta de los chocolates y dulces que ofrece en las calles del centro? ¿A quién le va a vender?

¿Acaso no sería mejor legislar para que en las escuelas oaxaqueñas se enseñe sobre nutrición y se incentiven programas de educación física? 

¿Acaso no sería mejor elaborar programas comunitarios donde se explique a la población los riesgos de comer y beber en exceso?

¿Será más fácil prohibir que desarrollar programas eficaces de educación y salud preventiva para las familias y la infancia?


*21 años Produciendo y Conduciendo el Programa Educativo Radiofónico y Televisivo  “La Nave de Tik Tak ¡Es Hora de Despegar!

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