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Jalisco: La verdad de los “tráileres de la muerte”
Por Alianza de Medios
17 de septiembre, 2020
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Violencia desenfrenada. Morgues rebasadas y dos tráileres errantes con 322 cadáveres a bordo recorren las calles de Guadalajara. Es septiembre de 2018. Uno de los protagonistas del más negro episodio en el sistema forense mexicano decide hablar.

Por Darwin Franco, Fara González, Fernanda Tapia, Aranza Gallardo y Samantha Vargas. 

Ilustración de portada: Alejandra Saavedra.

Investigación realizada con el apoyo y dirección de:

Quinto Elemento Lab y A dónde van los desaparecidos.

“Ya no cabían más cuerpos y tuvimos que adecuar un cuarto más para meter a todos los que no entraban en la cámara de refrigeración. La saturación de cuerpos y los líquidos que desprendían hizo tronar las tuberías del Semefo”. Esto lo dice Luis Cotero Bernal para quien hablar de cadáveres es parte del oficio: como director del Instituto Jalisciense de Ciencias Forense (IJCF) cada mes acostumbraba a recibir varias decenas en las morgues. 

Sus palabras se remiten a agosto de 2015 cuando recibió más de 100 cuerpos y tuvo que adecuar un cuarto para resguardarlos. Pronto tuvo que tomar una decisión que lo marcaría de por vida: buscar un nuevo ‘almacén’ para cuerpos.

Cotero Bernal manejaba el destino de las personas muertas en Jalisco en los años más violentos. Ahora es un ciudadano acusado de ser corresponsable de un  escándalo que saltó a las noticias en todo el planeta, que horrorizó a las miles de familias de personas desaparecidas por todo el país. Y confirmó el desdén que las autoridades tienen hacia los cadáveres no identificados apilados en la morgue. 

Se decidió a hablar porque no quiere que lo culpen por “los tráileres de la muerte”, aquellas morgues itinerantes con 322 cuerpos sin nombre. El primero fue descubierto en uno de los municipios de la zona metropolitana de Guadalajara, el 15 de septiembre de 2018, por el olor a descomposición que emanaba; el segundo tres días después, en el estacionamiento del propio IJCF, cuando la presión obligó al gobierno de Jalisco a reconocer que esa fue la manera en que intentó sortear la crisis forense que se vivía por la saturación de los anfiteatros. La solución práctica y económica.

***

“A mí lo que quieren es juzgarme por algo que no era mi responsabilidad”, insiste el abogado y maestro de Derecho quien llegó a la dirección del instituto el 24 de marzo de 2015, promovido por el entonces gobernador Aristóteles Sandoval, quien había sido su alumno. 

Al asumir el cargo, Cotero Bernal se hizo una pregunta que le acompañaría durante todo su mandato: ¿qué hacer con tantos cuerpos? La morgue tenía capacidad para 78 cadáveres, pero cada semana llegaban decenas. Tan sólo en el primer trimestre de ese año, el 2015, se realizaron en el instituto forense mil 119 autopsias; cantidad similar a la que habían hecho durante todo 2014. Tantos cadáveres habrían sido todo un desafío para cualquier institución forense.

El gobierno de Jalisco tuvo por muchos años una salida para esa presión. En sus instalaciones tenía un horno crematorio inmenso para deshacerse de los cadáveres. El gobierno lo usó hasta finales de 2015, todavía dos años después de que la Ley General de Víctimas prohibiera su uso. Así, el Instituto se deshizo con fuego de 2 mil 755 cadáveres; 81 bajo la administración de Cotero.

La nueva prohibición dejaba dos opciones: enterrar los cuerpos o mantenerlos en resguardo. Para la primera se necesitaban criptas en los cementerios y para la segunda, cámaras frigoríficas en los servicios médicos forenses (Semefo). Ambas alternativas suponían gastos que ninguna institución quería asumir. Había una tercera opción más barata: la donación a escuelas y facultades de medicina. Pero ya tenían demasiados cuerpos.

En ese momento Cotero recuerda que empezaron sus enfrentamientos con directivos de la Fiscalía del Estado de Jalisco, especialmente el fiscal central Rafael Castellanos: ninguna de las instituciones quería hacerse cargo de los gastos que generaban los cuerpos sin identificar y cada una interpretaba la normativa a conveniencia. El IJCF insistió que sólo le tocaba hacer los exámenes periciales y no el resguardo; la fiscalía aseguraba que sí lo era porque estaban en sus instalaciones.

A cuatro meses de que Cotero asumiera el cargo, en agosto de 2015, se ideó la primera solución:

“No había dinero para las criptas y me dijeron que resolviera las cosas con lo que tenía. Así fue como adecuamos aquel cuarto que después se llenó de tantos cuerpos que hizo colapsar el drenaje… Nos estábamos ahogando y nadie nos daba soluciones”. 

Se trataba de un cuarto regular que antes era usado como una bodega y no tenía condiciones para la conservación de ningún cuerpo. Pero, según Cotero, era mejor que apilarlos en los pasillos de la morgue. Ese “almacén de cuerpos” operó hasta mayo de 2016, cuando su existencia se convirtió en un verdadero foco de infección.

“Estaba desesperado. Yo quería que se llevaran los cuerpos, incluso pensé en rentar una camioneta para dejárselos frente a la fiscalía o en Casa Jalisco –casa oficial del gobernador– porque, insisto, esos cuerpos eran suyos y ya nos estaban causando muchos problemas. Nosotros hicimos nuestro trabajo, ellos tenían que hacer el suyo”, afirma Cotero Bernal en tono de enfado y sin perder la compostura, en una larga entrevista donde cuida cada frase como si estuviera ante un tribunal. “Hice lo que pude y consideré correcto”, repite.

Sus constantes reclamos movieron resortes políticos. A mediados de 2016 el fiscal Castellanos consiguió que el alcalde del conurbado municipio de Tonalá donara 200 criptas en el panteón de Coyula. Según datos oficiales, ahí depositaron 262 cuerpos no identificados; otros registros obtenidos para este reportaje indican que fueron 95 cuerpos más.

A la par de las criptas, Cotero y el fiscal Castellanos coincidieron en que era una buena idea rentar un contenedor con sistema de refrigeración. La idea surgió durante una de sus tensas conversaciones, donde Cotero lo amenazó con rentar una camioneta y dejar los cuerpos frente a la fiscalía o en Casa Jalisco.

“Después de unos días (el fiscal) me explicó la idea de depositar los cuerpos dentro de un contenedor frigorífico en tanto que se resolvía el tema de los panteones o buscábamos más presupuesto para comprar criptas. A mí no se me hubiera ocurrido eso”, dice en la entrevista y muestra diversos mensajes de su teléfono celular.

Una vez llegado al acuerdo, la fiscalía contactó a la empresa Logística Montes S.A. de C.V., dedicada al transporte terrestre local y regional, y solicitó un contenedor frigorífico.

El 2 de mayo de 2016 apareció el vehículo en las instalaciones forenses: el contenedor medía  14 metros de largo por 2 y medio de ancho. Lo estacionaron en el aparcamiento trasero del Instituto junto al generador que debía suministrar la energía para el sistema de refrigeración.

Ese día el Semefo, que sólo contaba con 78 espacios, tenía 352 cadáveres. El colapso era total. De inmediato realizaron el traslado de cuerpos al interior del contenedor. 

En esta morgue improvisada intentaron acomodar con cierto orden cada cuerpo para facilitar su localización. “Al principio sí quisimos hacer las cosas bien, pero eran tal los cuerpos que nos llegaban que el contenedor tuvo que llenarse por completo”, justifica Cotero cuando se le pregunta por el caos. 

En bolsas negras, similares a las que se usan para tirar basura, apilaron como bultos los cuerpos de 273 cuerpos de seres humanos, uno sobre otro. Cada uno estaba envuelto en una bolsa etiquetada y cerrada con cinta. El primer cuerpo que entró en el  contenedor fue el de una persona fallecida 15 meses atrás.

En total, 264 de los cuerpos NI (no identificados) correspondían a hombres y nueve a mujeres. La edad promedio era de 45 años. La mitad había sido asesinado con impactos de arma de fuego, principalmente, en tórax o cráneo. Todos fueron localizados en alguno de los ocho municipios de la zona metropolitana de Guadalajara, y uno de ellos llevaba en el cuerpo tatuado un nombre: Laura.

Leer nota completa: https://www.zonadocs.mx/2020/09/17/jalisco-la-verdad-de-los-traileres-de-la-muerte

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