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Nduva Ndandi: un «rayo del amanecer» para mujeres en situación de violencia
Por Nathalie Gómez
26 de septiembre, 2020
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En la mixteca oaxaqueña, ha surgido el Círculo Profesional para la Formación con Equidad de Género A. C. “Nduva Ndandi”. En el último año atendieron a 121 mujeres de diversas comunidades –80 por ciento de ellas, indígenas–, que han sufrido violencia en sus diferentes manifestaciones.

Texto y fotos: Nathalie Gómez Cortés

Oaxaca.- La violencia que sufrió en 21 años, hicieron que Violeta ‘se quebrara’ en muchas ocasiones. Por ella y sus dos hijos, aprendió a protegerse, autosanar y a reconstruirse. Hoy enfrenta un divorcio, lejos de su agresor, pero cerca de sus metas.

Originaria de Veracruz, decidió hacer una vida en Tlaxiaco, de la región Mixteca de Oaxaca, con quien contrajo matrimonio hace 15 años.

“Pero todo comenzó cuando descubrí que me engañaba con otras mujeres. Al hacer el reclamo, fui golpeada, me sacó mis cosas y me fui a casa de mi madre. Él fue a buscarme con la promesa de que iba a cambiar, y al sentirme maniatada por tener a mis dos hijos pequeños, regresé con él”.

Las cosas no mejoraron, pues a pesar de que ya no llegaba a los golpes como lo había hecho en tres ocasiones, la violencia psicológica nunca paró.

Sus hijos se daban cuenta de las agresiones. Violeta les ha dicho que deben respetar a su padre y no “tomar partido” para que no crezcan con resentimientos; pero reconoce que en ellos hubo enojo e impotencia al ver cómo era tratada “porque mi situación fue bastante violenta, bastante pesada”.

“No podía comprender por qué, encima de que me había engañado, me había golpeado; como si la que hubiera fallado fuera yo, yo que era una mujer de casa, vestía y calzaba como él quería”.

Además de humillación por no tener estudios y un trabajo, constantemente había amenazas, unas radicaban en que ella no podía dejarlo o estar con otra persona porque si la veían con alguien, no iba a vivir para contarlo.

Otra, aún vigente, es que prefería abandonar su trabajo de intendente y luego profesor en una escuela, con tal de no darle pensión alimenticia a sus hijos.

Considera que, en los años más recientes de su matrimonio, vivió un proceso de separación aun estando con él, involucrando pensamientos y sentimientos que le permitieran empoderarse en silencio. 

Recurrió a Dios porque no podía contarle a nadie más lo que le pasaba. Las mujeres que se atrevían a compartir experiencias similares, decían que eso era lo que les había tocado vivir y que debían aguantar, que eso venía ya de generaciones anteriores y no podían romper con el esquema.

“Lamentablemente hay un gran machismo y las mujeres son muy sumisas en la región, donde se tiene que hacer lo que el hombre diga. Por eso, y por miedo, al principio, se detiene una mucho para tomar cartas en el asunto, separarse de la pareja y de todos los problemas que se van generando”.

Hace cuatro años aproximadamente, había recurrido a una abogada de la capital oaxaqueña para pedir ayuda; ella la refirió con Nduva Ndandi, asociación de Tlaxiaco que apoya a mujeres en situación de violencia. 

En ese entonces, “la asociación no contaba con recursos económicos y yo no tenía claro lo que quería hacer porque mis hijos estaban más chicos; así que me brindaron una asesoría y yo ya no le moví más”.

Sin embargo, llega el momento en el que tienes que salir adelante por ti y por tus hijos -agregó-, y es entonces cuando decido divorciarme.

En abril de este 2020, una vez que su hijo menor cumplió 18 años, decidió regresar a la asociación para que la apoyaran, ya que las amenazas continuaban.

Además de iniciar el proceso de divorcio, en el que su única petición es que apoye a sus hijos a concluir sus estudios, en Nduva Ndandi le brindaron ayuda psicológica “muy valiosa para sanar todas las heridas que quedan”.

“Al confrontarlo, le dije ver que, si no había amor ni había nada que nos uniera como matrimonio, ya no tenía caso estar juntos; volvió a amenazarme; pero me armé de valor y le dije que todo el daño que me había podido hacer ya lo había hecho durante muchos años, que ya no tenía nada que perder”.

Talleres con hombres y mujeres. Fotos: Nathalie Gómez

Ahora, Violeta busca su independencia económica. Regresó a su estado natal, está emprendiendo en la venta de pasteles caseros y su sueño es tener una casa propia, aunque sea humilde, “donde pueda disfrutar de una tortilla con sal, que ya no sepa amarga”.

Está segura que logrará salir adelante con sus hijos, que recuperará por completo su tranquilidad, y que cada mujer puede evitar que las palabras le hieran, porque la fuerza está en el interior y es la misma para mujeres y hombres; “todos podemos protegernos, sanar, salir adelante y ser grandes”.

Rayo del amanecer

Agresiones sexuales, intimidación, estupro, control psicológico-emocional, amenazas de muerte, feminicidios, son parte de lo que han padecido mujeres en la Mixteca oaxaqueña, problemáticas muchas veces silenciosas, pero cada vez más visibilizadas.

En medio de una sociedad predominantemente machista, no están solas, cuentan con el Círculo Profesional para la Formación con Equidad de Género A. C. “Nduva Ndandi” (Un rayo del amanecer en lengua Mixteca), organización integrada por mujeres, que trabaja a favor de las mujeres y busca la incidencia y generación de cambios en su comunidad.

Sus integrantes, Areli López Quiroz, coordinadora; Rocío Pérez Torres, psicóloga y Beatriz López Hernández, abogada y hablante de Mixteco, atendieron en el último año a 121 mujeres de diversas comunidades -80 por ciento de ellas, indígenas-, que han sufrido violencia en sus diferentes manifestaciones.

A contracorriente 

El 2006 trajo muchos cambios, pues fue cuando la impulsora de la organización, Beatriz Hernández Bautista, propició un proceso de formación en Oaxaca, con el tema de derechos humanos de las mujeres.

En ello participó la actual coordinadora y varias personas que hoy forman parte de Nduva Ndandi, asumiendo diversos roles.

Fueron las primeras ocasiones en las que se hablaba de situaciones comunes que giraban alrededor de las mujeres de la región; externarlas ayudó a encontrarle sentido a varias necesidades e iniciaron así un proceso de sensibilización.

“Fue muy complejo abrir camino, porque te enfrentas al estigma, a la misma violencia, al señalamiento de que ya estás alborotando a las mujeres, que quién sabe qué quieres, por qué haces eso, genera incomodidad, por mi parte y la de Beatriz, fueron momentos, a veces, bastante violentos”, confiesa Areli López.

Parte de la población en la ciudad de Tlaxiaco, la sede, situada a unas dos horas y media de la capital oaxaqueña, quiso demeritar lo que decían las jóvenes, de 24 y 26 años en aquellos tiempos, abogadas de profesión, solteras, que veían fuertes desigualdades en la sociedad que habría que combatir.

Se dieron a la tarea de hacer talleres para difundir derechos humanos, para darle forma, se constituyeron el 24 de abril de 2010 como Asociación Civil.

En esos procesos, se han comprendido, fortalecido y se han aprendido a mirar, no sólo como mujeres, sino como mujeres indígenas, lo que ha permitido también su participación en impulsar leyes al respecto.

La violencia de género es compleja, reconoce Arely, “va desde cómo se vive en las relaciones de pareja, desde una construcción cultural-social de una sociedad, y a partir de ella, cómo nos construimos y cómo vivimos las mujeres en esta región multicultural”.

Las mujeres de Nduva Ndandi están conscientes de que todo lo relacionado con la violencia de género es impostergable, porque de ello puede depender una vida y que, en una región con comunidades indígenas, la lengua no puede ser un impedimento para brindar apoyo.

Por ello, Beatriz, la abogada, habla mixteco, lo que ayuda mucho para la traducción, pero también en la interpretación de las leyes en las que muchas veces se usa un lenguaje muy técnico. 

La psicóloga que estaba anteriormente, con la que se hicieron pláticas y varias dinámicas, también hablaba el mixteco. Pese a que hay variantes en la lengua, se ha logrado la traducción e interpretación.

El año pasado, en relación a los grupos étnicos, atendieron a 91 mujeres que pertenecen al mixteco, a tres afromexicanas, una huave, tres triquis, una zapoteca, y 21 no pertenecen a ningún grupo étnico. 

Las lenguas indígenas que hablan las personas atendidas fueron: 53, lengua Mixteca; dos, Triqui; una, zapoteco; una mujer hablaba más de una lengua indígena y 64 no hablan ninguna indígena.

Supervivencia económica

Aunado a señalamientos, difamación, estigmas, la organización sin fines de lucro, se enfrenta a una supervivencia económica para poder ayudar a las mujeres que lo necesiten.

Están a expensas de gestionar financiamiento, ver cómo se hacen de recursos para poder sobrevivir, lo que implica mucho trabajo, responsabilidades y compromisos.

Desde el 2011, cuentan con el apoyo del Instituto de la Mujer Oaxaqueña, ahora la Secretaría de las Mujeres Oaxaqueñas (SMO).

Tienen un convenio a través del cual se les apoya económicamente durante seis meses, a veces siete, por un programa del Instituto Nacional de Desarrollo Social (INDESOL), que tiene como fin atender a mujeres que están en situación de violencia.

Esto permite solventar gastos de la oficina y pagar a quienes les dan atención y seguimiento a las mujeres durante todo el año.

El convenio que se tiene con las profesionistas de Nduva Ndandi es que, el tiempo que no se cuenta con ese financiamiento, prácticamente medio año, atienden casos urgentes o extremos, y, cuando llegan los recursos, se vuelven a meter de lleno a la atención en oficina. 

También buscan financiamiento para capacitación o formación en temas de derechos humanos, que les han permitido apoyar a mujeres de comunidades aledañas a la cabecera, que en algún momento fueron beneficiarias y ahora son integrantes activas que realizan acompañamiento a otras que lo necesitan.

El recorte de recursos que hizo el gobierno federal hacia las organizaciones civiles impactó enormemente, pues asumen que son ellas quienes están “trabajando desde campo, atendiendo situaciones que el gobierno no está atendiendo, en problemáticas que no se han podido resolver”.

Y es que, muchas mujeres que sufren violencia, prefieren ir con Nduva Ndandi, que con la autoridad en busca de ayuda personal y para interponer una denuncia.

Lamentablemente, en las instituciones a donde llegan a denunciar, existen actitudes de servidores públicos que, en lugar de apoyar a las víctimas o ser imparciales, les responden con regaños, señalamientos, culpas, revictimización, les atribuyen la responsabilidad que el agresor tiene e incluso, hay fuga de información.

Nduva Ndandi no ha sido exenta de este tipo de situaciones, una abogada suya también sufrió acoso en una institución, lo que se tuvo que reportar a nivel estatal, para poder disminuir este tipo de violencia.

Han generado vínculos institucionales, a los que recurren cuando existen casos en los que es necesario refugiar a la víctima por el grado de violencia, que prácticamente representa que, si no se sale de su domicilio, la pueden matar.

Lo difícil de ese proceso, además del daño emocional, es que las mujeres deben enfrentarse a una independencia económica que en muchas ocasiones no tienen, a reglas morales bastante estrictas en algunas comunidades en cuanto a relaciones de pareja y a su propio contexto.

Leer nota completa: https://piedepagina.mx/nduva-ndandi-un-rayo-del-amanecer-para-mujeres-en-situacion-de-violencia/

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