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Salud mental y pandemia
Por Alianza de Medios
24 de septiembre, 2020
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Ansiedad, depresión y violencia doméstica son las principales razones de consulta a los teléfonos de atención a la salud mental. La emergencia sanitaria afecta a todas y todos: en las mujeres recae la contención dentro del hogar, los hombres padecen el miedo al desempleo y lxs jóvenes el encierro en casa

Texto: Patricia González Mijares

Fotos: Unsplash

Un niño de seis años intenta abrir la ventana, recorre la cortina blanca y va a mover la perilla, pero su mamá se lo impide. Sonia, la mamá, tiene miedo a contagiarse de coronavirus. Cree que ella, su esposo y sus tres hijos van a morir por covid. Es tan real su angustia que pide auxilio a un teléfono de emergencia. Del otro lado de la línea contesta Guadalupe, una especialista que atiende crisis en la Red Sostén Emocional. La especialista escucha con atención: además de ansiedad, Sonia sufría de un trauma por haber sido asaltada en un camión, días antes del confinamiento.

Durante los meses de mayo y junio, Guadalupe Carrasco, psicoanalista del equipo de esta red, atendió desde su casa en Tulancingo a 27 personas en varias sesiones que duraban una hora. Del total de personas atendidas 6 de cada 10 fueron mujeres. De las llamadas, 4 de cada 10 fueron de personas afectadas por fallecimiento de familiar por covid. La mitad reportaron ansiedad, miedo, tristeza y estrés. 

En México 15 millones de personas, alrededor del 10% de la población total, padecen algún trastorno mental, los principales son depresión, ansiedad, déficit de atención. La Encuesta Nacional de Epidemiología Psiquiátrica, realizada por el Instituto Psiquiátrico Ramón de la Fuente en 2017 arroja que factores como la violencia, la inseguridad y la crisis económica aumentan la depresión y marcan la estadística por género. El 10.4% de mujeres tienen más depresión, que los hombres 5.4%. 

A estas causas que afectan la salud mental se le agregó la pandemia. Ansiedad, dice la especialista desde su experiencia, es una de las principales consecuencias en la salud mental que han visto con la pandemia. Antes de la pandemia, investigaciones estadísticas de las OMS ya pronosticaban que para el 2020 habría un 20% de depresión en la población mundial.

Desafortunadamente menos del 20% de las personas que sufren trastornos afectivos busca algún tipo de ayuda, el 50% recibe un tratamiento mínimo adecuado que puede consistir en cuatro intervenciones de psicoterapia o recibir medicamento psiquiátrico. 

Se estima que hay personas que tardan hasta 14 años en llegar a recibir la atención necesaria. Una de las principales razones por las que la gente no pide ayuda es porque existe un estigma cultural que les impide aceptar que necesitan ser atendidos. 

Las redes de ayuda

Instituciones privadas y gubernamentales han creado redes de atención telefónica para atender a los usuarios en situaciones de crisis y contingencias. Aunque se ha puesto atención en esto en el contexto de la pandemia y el confinamiento, algunas ya exisitían como la línea de la vida de la Comisión Nacional contra las Adiccciones, Conadic, y el chat por Whats Apps del Consejo Ciudadano. 

Adriána Reyes Iraola, psicóloga y subdirectora de la Línea de la Vida comparte a Pie de Página que durante los meses de mayo y junio se reportó un incremento en las llamadas, un 15% más que en el 2019. 

Un dato que llama la atención es que aumentaron las llamadas de hombres por la situación de la crisis sanitaria y económica: “casi siempre hablan más las mujeres porque están más acostumbradas a expresar sus emociones, sin embargo, el estrés hizo que los hombres solicitaran ayuda para reportar conflictos laborales, miedo al desempleo y la falta de liquidación. A partir de finales de agosto las llamadas de las mujeres volvieron a incrementarse”.

El servicio no aumentó el número de operadores con la cuarentena. Sin embargo las llamadas que no alcanzan a tomar los capacitadores se canalizan a otras instituciones de apoyo como el DIF, CECOSAM, CAPAS, entre otras. 

La Línea de la vida colabora con el Instituto Psiquiátrico Fray Bernardino Álvarez. “Los mismos usuarios nos reportan que ya se están atendiendo, otros no vuelven a hablar. Los escuchamos el tiempo que necesiten”. El trabajo de este servicio termina cuando los usuarios son canalizados a la especialización. 

En caso de emergencia, en que es inminente el peligro (autolesión, intento de suicidio) el servicio se canaliza al mismo tiempo al 911 apoyando al usuario en todo momento hasta que llega la ayuda física.

Otras redes de atención como el Centro de Atención de la Facultad de Psicología, El Laboratorio de Atención Psicológica covid 19 y la línea Sostén Emocional, entre otras redes, se sumaron para atender a la población mexicana en la emergencia sanitaria. 

“Las llamadas tienen su comportamiento -comenta Reyes Iraola- las primeras y más urgentes son por consumo de sustancias, siguen las de ansiedad y estrés, después por depresión, violencia, psicosis y por último suicidio. También hay quejas, un 5% de violencia doméstica, aunque la violencia está implícita en los problemas de trastornos emocionales y adicciones”. 

Violencia doméstica

Guadalupe Carrasco, la especialista que atendió a Sonia señala que también ha tenido llamadas por casos de violencia doméstica.

“Tuve el caso de una mujer que se había separado del marido por sufrir violencia. Ambos se enfermaron de covid; se curaron en casa. El reclamo de su pareja era que ella no había dejado su trabajo administrativo en la Guardia Nacional y que por su culpa se había contagiado. La mujer habló cuando logró separarse de su esposo y estaba viviendo un dolor muy fuerte y la acompañé en su duelo”.

Con la contingencia sanitaria durante los meses de mayo y junio el porcentaje de llamadas de mujeres víctimas de violencia bajó un 10% respecto al año pasado porque las personas violentadas ( mujeres o menores en general) se estaban o están conteniendo porque tienen al agresor dentro de casa o dependen económicamente de esa persona, y no tienen la libertad para pedir ayuda. 

Si ponerse un tapabocas es completamente necesario para protegernos y proteger al otro, quitárnoslo para hablar y pedir ayuda es igual de importante. Una llamada de auxilio, mandar un mensaje, o donde se pueda, expresar el abuso. Ya sea con el vecino, pariente o comunicarse a una línea de ayuda que pueda proporcionarle alivio. 

Con respecto a las instituciones, atender a la población es una tarea urgente. Es necesario la devolución y expansión de los albergues para mujeres violentadas. Si en los hospitales existe la terapia física intensiva, ¿por qué no proporcionar espacios para la terapia intensiva psicológica? 

«Es necesaria la coordinación entre los proyectos psiquiátrico, instituciones, asociaciones privadas y gubernamentales porque hay buenas intenciones pero de repente los resultados pueden perderse entre la burocracia” señala la psicoanalista Graciela Magaril Presidenta y fundadora del Centro Psicoanalítico Montalbán.

«Un paciente necesita hablar y entender lo que le pasa, asimilar, pensar; es fundamental la continuidad de las sesiones para tener resultados. El primer paso es admitir que tienes un problema, el segundo pedir ayuda, y con esto puedes empezar a transitar por un camino en el que hay un acompañamiento psiquiátrico, si es necesario, y al mismo tiempo de apoyo psicoterapéutico para sanar. La escucha constante es esencial para avanzar pero lleva tiempo”, agrega Graciela Magaril.

Atención a jóvenes

Valeria, una joven de 24 venía arrastrando una depresión causada por un desencanto hacia el futuro, saturación de actividades, enojo, indignación por el maltrato a las mujeres, miedo al acoso, crisis de identidad y depresión. Antes de la cuarentena, y a pesar de los malestares, había logrado cumplir sus metas: participar en una obra de teatro, tener un trabajo que le gustaba, y el proyecto de salir de casa, pero sus planes se desvanecieron con el confinamiento. 

“Al principio pensé que iba a ser un infierno estar encerrada quince días con mis papás”. 

Mucho antes que sus padres, Valeria se dio cuenta que la pandemia iba a durar mucho tiempo, por lo menos dos años; tenía información del tema, y eso la agobiaba. Pero lo que verdaderamente le angustiaba era la posibilidad de perder a sus papás; en especial a su padre que es hipertenso y diabético, esto la sofoca. A pesar de la incertidumbre, el aislamiento y la frustración continúo sus rutinas de ejercicio y trabajo. 

“Me daban mareos, llegué a vomitar de estrés, todo empeoró hasta que sufrí ataques de pánico, sientes que te mueres”. Cuando la situación comenzó a salirse de control, Valeria pudo escuchar su cuerpo y su mente para dar el paso de atenderse con un psiquiatra, lo cual hace actualmente cada quince días a través de la aplicación de zoom. Aunque la joven llevaba más de un año en tratamiento con su psicoanalista no fue suficiente esta ayuda debido a que sus trastornos afectivos se agudizaron durante la cuarentena y requirió de medicamento y supervisión. 

Vicente Zarco, director de Espora Psicológica que da servicio a la comunidad universitaria dentro de la UNAM, dice que los jóvenes pertenecen a una población que tiene mucha información, la transpiran, les ha tocado un momento de mucha competencia; muchos están desilusionados y asustados con la pandemia, y sin vida social. 

“Es muy delicado porque tenían planes y varios se quedaron encerrados con sus papás y los que ya tenían una condición previa, la están pasando muy mal”, dice.

Desde su experiencia señala que los padecimientos de depresión o ansiedad en jóvenes tiene relación a vivir en sociedades dominadas por un capitalismo salvaje. “Una cultura donde la felicidad proviene del consumo y el capital, el cual sabemos está repartido disparejamente en el mundo, dependiendo del lugar en donde estés y en la cadena donde te ubiques el grado de felicidad es muy distinto”.

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