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«Una enfermedad crónica puede acabar con una familia pobre»
Por Comunicados
28 de septiembre, 2020
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La obesidad provoca en México una disminución del 5.3 por ciento del Producto Interno Bruto cada año, según la OCDE. Pero el costo para las familias no es igual: en los sectores más pobres, las enfermedades crónicas representan pérdidas de años productivos, mortalidad temprana y “gastos catastróficos”

Texto: José Ignacio De Alba y Daniela Pastrana

Foto: Cuartoscuro y Presidencia

Mientras sigan aumentando la diabetes, la obesidad y las enfermedades crónicas será imposible reducir la pobreza, pues esas enfermedades provocan mortalidad temprana, pérdida de años productivos y “gastos catastróficos” para personas con menos recursos, dice sin rodeos Simón Barquera, director del Área de Investigación en Políticas y Programas de Nutrición del Instituto Nacional de Salud Pública (INSP).

“Cuando hablan de afectaciones a la economía (por acciones para disminuir el consumo de alimentos procesados y bebidas endulcorantes), pues justamente decimos que para reducir la pobreza y la inequidad, para vivir con bienestar, es necesario reducir el consume de estos alimentos malsanos”, dice.

Barquera sabe de qué habla. Desde 2003, el INSP alertó sobre la tendencia “sumamente alarmante” de las enfermedades que ligadas a la comida chatarra y que era urgente tomar medidas para detenerlo. El artículo, que planteaba que el problema de las enfermedades crónicas no estaba en la mesa de prioridades de la salud pública, mereció un reconocimiento a la excelencia en investigación por parte de la Organización Panamericana de la Salud.

“Eso era en el 2003, con 50 mil muertes al año. Ahorita, en 2020, se mueren más de 100 mil personas al año, es decir, se duplicó del 2000 al 2020 la cantidad de gente que muere a causa de la diabetes”, dice Barquera, en entrevista con Pie de Página.

Explica que el problema se agudizó desde la década de los 80. A partir de entonces, dice, México pasó de menos de 20 mil muertes cada año a 50 mil en el año 2000, y a más de 100 mil ahora.

“Hemos documentado, y ya no hay dudas a nivel mundial, que eso se debe a cambios que hubo en la alimentación con estos sistemas de alimentos ultraprocesados, el alto consumo de azúcar grasa y sal, el alto consumo de bebidas azucaradas. Esto se ha visto en todos los países de la región y del mundo. No es un asunto exclusivo de México. Lo estuvimos siguiendo durante muchos años, Bueno pues hasta ahora, con lo de covid, se acentuó esta preocupación”.

No es un asunto sólo de México, pero México si es uno de los países más permisivos en la publicidad de la industria, dedicada, por ejemplo, a los niños.

¿Hay un sector de la población en que recaiga más el costo de la obesidad?

— La verdad es que este problema tiene consecuencias que son realmente masivas. Pero en una familia de clase media alta, si diagnostican a la cabeza de la familia con diabetes, pues se trata la enfermedad y hay más o menos control. Pero cuando es una familia con pobreza, con inseguridad alimentaria, esto puede acabar con la familia entera. Es a lo que se le llaman gastos catastróficos, gastos que acaban con la familia. Porque el puro tratamiento de la enfermedad o sus complicaciones puede costar más que el ingreso de estas familias.

«Se daña más a los que menos tienes y por eso, cuando dicen los de las refresqueras que el impuesto daña más a los que menos no es verdad, la verdad es que les beneficia más el impuesto a los refrescos, porque es el grupo que más deja de consumirlos con los impuestos. También es el grupo que al que más daños le hacen los refrescos, porque los hace perder todo». 

Luego, Barquera da un dato que dimesiona la desproporción del debate público: Del gasto total del gobierno, “una fracción muy pequeña, menos del punto dos” se dedica a la prevención de enfermedades crónicas. En cambio, los daños a la salud representan un gasto de más del 5 por ciento del PIB, mientras que lo que aporta la industria de alimentos representa el 3.5 por ciento.

OCDE: obesidad provoca reducción del PIB

Hace un par de meses el subsecretario de salud Hugo López Gatell, se refirió a las bebidas azucaradas como “veneno embotellado”. La reacción de la industria refresquera fue instantánea, la ANPARC que conglomera a los titanes del negocio Coca Cola y Pepsi, publicó un comunicado donde aseguró que la postura del funcionario “estigmatiza” a la industria refresquera.

Además en el comunicado se hizo hincapié en la industria como un sector estratégico para la economía del país.

Lo cierto es que ninguna industria provoca tantos daños a las arcas públicas como los fabricantes de comida chatarra. El sistema de salud tiene que invertir miles de millones de pesos cada año para tratar las enfermedades causadas por la mala alimentación.

El problema es tan grande que en 2006, países de América Latina firmaron un compromiso llamado “Obesidad, la necesidad de acción inmediata”, en el que se destacaba el daño que se estaba generando por esta enfermedad, que no iba a permitir ni siquiera el desarrollo económico, y con los objetivos del desarrollo sostenible también se ha visto de una manera muy importante que las enfermedades crónicas impiden que se vaya a alcanzar más de 9 objetivos del desarrollo.

La comida chatarra tiene, además, un costo oculto: estos productos cuestan a los mexicanos 1.2 billones de pesos cada año, según la estimación de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE).

En octubre del año pasado, cuando la pandemia estaba por llegar a México la OCDE que agrupa a 37 de los países más ricos del mundo publicó un estudio llamado “La Pesada Carga de la Obesidad”.

En el documento se asegura que la obesidad provoca una disminución del 5.3 por ciento del Producto Interno Bruto de México. Se trata de la reducción más alta entre los países miembros de la OCDE, donde le promedio es de 3.3.

El presidente de la organización internacional, Ángel Gurría, aseguró que “México es uno de los países más preocupantes” 

La reducción en México equivale a un presupuesto 10 veces más grande que el de la Secretaría de Salud Pública.

Según la OCDE, en la estimación también contempla la productividad perdida de las personas que trabajan enfermas y en los niños un bajo desempeño escolar.

Esto tampoco es nuevo para las autoridades de salud. Desde 2014, Armando Arredondo, investigador del ISNP y quien más ha estudiado el tema del gasto en enfermedades crónicas, publicó un amplio estudio que alertaba que los problemas crónicos incrementaron «de manera alarmante» los costos directos (atención médica) y costos (invalidez temporal, invalidez permanente y mortalidad prematura).

«Si no se asignan más recursos a medicina preventiva, estas tendencias, además de no satisfacer las necesidades de la población, colapsarán financieramente los sistemas de salud y los bolsillos de los pacientes», concluyó entonces el investigador.

Etiquetados a modo

Katia García encargada del área de Salud Alimentaria de la organización ciudadana el Poder del Consumidor, explica que a partir del año 2000 “aumentó la prevalencia de obesidad en todas las poblaciones de México”.

Para el 2006, asegura, más de 70 por ciento de la población del país ya tenía obesidad. Actualmente, México es el principal consumidor de alimentos ultraprocesados en Amércia Latina y el Caribe, según la Organización de las Naciones Unidas Para la Alimentación y la Agricultura.

¿Por qué si hay noticias desde el año 2000 sobre que el problema de la obesidad era grave no se hizo algo?

—En administraciones pasadas había mucha influencia de la industria de alimentos chatarra sobre las políticas públicas. Trataron de frenar todas las medidas posibles y justo a partir del año 2000 y 2006 todas las estrategias a nivel nacional, en materia de obesidad y diabetes estaban muy a la mano de la industria de alimentos.

Explica que, por ejemplo el antiguo etiquetado –hecho en 2011- de los productos fue implementado por la industria y luego fue retomado por el gobierno para volverlo obligatorio a nivel nacional. En aquel momento un estudio del INSP estimó que solo 1.8 por ciento de los estudiantes fue capaz de interpretar los datos en ese etiquetado. También en la publicidad se optó por la autorregulación.

En México, en cambio, la opción fue la contraria. El lobby de la industria se instaló en las oficinas de gobierno, y sólo en el el sexenio de Felipe Calderón fallecieron más de 500 mil personas a causa de la diabetes.

También las enfermedades cardiovasculares y la diabetes son las principales causas de muerte en el país. Pero antes de que los pacientes fallezcan el sistema de salud pública costea buena parte de esas enfermedades. Expertos señalan que están causadas, en su mayoría, por la mala alimentación y la industria de alimentos.

La industria de alimentos argumenta que su regulación provocaría pérdidas económicas…

—Lo importante aquí es que todos tengamos salud para seguir produciendo y generar ingresos, no solo la industria de alimentos chatarra. La realidad es que todas y todos estamos pagando las consecuencias de la epidemia de obesidad que hay en México.

Le preguntamos a Barquero lo mismo: si se tiene claridad desde el año 2000 que hay una escalada de muertes a causa de la diabetes, ¿por qué no hubo una política pública que revirtiera esos números?

La respuesta, de nuevo, está en el poder de la industria de alimentos

“Es una industria muy ponderosa, esto no es algo que solo pasa en México, en Estados Unidos también esta industria influye de una manera muy importante en las políticas, Tienen sistemas muy organizados de acción, departamentos de Relaciones Públicas, pagan institutos de investigación, a investigadores a maestros, a tomadores de decisiones… Estamos hablando de compañías trasnacionales que venden miles de millones en nuestro país, todos los años. Y yo creo que ese es uno de los factores, por lo que muchos de los esfuerzos fueron bloqueados”.

Desigualdad, la clave

Tenemos muchos retos en salud “que de repente distraían la atención sobre los problemas de las enfermedades crónicas”, dice Barquero, quien recuerda una inundación en Tabasco o la pandemia de Influenza H1N1, como situaciones emergentes que desviaron la atención y los recursos.

“Hemos estado compitiendo por la atención y la región de Latinoamérica no invierte en salud de una manera adecuada, no estaba en la agenda pública. Espero que eso cambie ahora”, dice.

La región latinoamericana, en promedio, no aumentó su gasto promedio en salud en 20 años, dice el especialista.

“La mayoría de los países de Latinoamérica no tiene infraestructura adecuada, pues recuerdo en los debates presidenciales había muchos temas, pero los temas de salud no entraban. Se discutía seguridad, desarrollo, otras cosas. Pero salud no”.

Latinoamérica tiene más de 45 ciudades de más de un millón de habitantes y dos de los países más poblados del mundo (Brasil y México). También tiene siete de los principales consumidores de bebidas azucaradas, y cinco países que consumen el 20 por ciento de alimentos ultraprocesados de todo el mundo.

Ese dato es clave para entender los efectos de la pandemia de covid en la región más desigual del mundo: Por un lado, son países que tienen la capacidad económica para comprar comida chatarra y alimentos procesados, que “son más caros que la comida saludable” y, por otro lado, no tiene la suficiente regulación ni la información que tienen los países desarrollados, “ahí sí ya la gente está dejando de consumir refrescos papitas y comida chatarra”.

“Las compañías que son de todos esos países pues lo que hacen es venir a nuestros países. Es como con el tabaco: cuando se dejó de vender tabaco ahí se fueron a Latinoamérica a Asia. Se vienen a estos países que están poco regulados donde no hay suficientes normas y entonces hacen una publicidad super agresiva, empiezan a vende esto desde la infancia. Aquí en México ya se estaba intentando vender la Coca Cola de un litro en las escuelas, cuando lo paramos”.

Resume Barquero: no sólo es la falta de inversión lo que nos tiene aquí, si no eso con las características socioeconómicas.

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