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Trabajar en el Sector Salud en México
Por Adrián Lobo
06 de octubre, 2020
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Sector Salud en México

Oaxaca (#página3.mx) .- Trabajar en el Sector Salud en México, independientemente de la institución de la que se trate, es siempre desafiante, más allá de las propias complicaciones del proceso de brindar la atención misma, siempre se puede contar con la gran frustración que producen tarde o temprano todas las carencias, y si bien dicha situación puede llegar a ser estimulante y constituir un acicate para la aplicación del famoso ingenio mexicano, la situación tarde o temprano llega a producir hartazgo y decepción.

Y no es para menos; aquí prácticamente todo te juega en contra. Imagino así que somos todos nosotros como Leo Messi en la selección de futbol de Argentina; Lo dejan solo y así quieren que gane todo, pues no, así no se puede. Es todo un desafío a la vocación más resuelta, en el caso de médicos y enfermeras. Vea usted si no, y siguiendo el consejo de Shakira que dice que siempre supo que al hablar es mejor empezar por uno mismo, lo que a continuación mencionaré se refiere, como siempre, al cada vez más viejo y menos venerable H.G.D.A.V.:

Sector Salud en México

  • Mobiliario que no es funcional: Las camas y las cunas en el hospital deben permitir que puedan ser fácilmente desplazadas, con el paciente en ella o sin él. De modo que prácticamente todas tienen ruedas en las patas. Deben además estar preparadas para poder inclinarse, elevar la cabecera o la parte de las piernas. Para que permanezcan inmóviles, cuando así es conveniente, deben contar con un mecanismo que asegure el bloqueo del movimiento de las ruedas, un freno pues. Sin embargo yo diría que dicho freno no garantiza la inmovilidad de la cama en un 70 por ciento, tal vez más, de las mismas en el hospital. Quizá el hecho no parezca relevante, pero, ¿qué sucedería si un paciente que ya puede hacerlo desea levantarse de la cama, intenta sentarse a la orilla de la misma e incorporarse y con el movimiento la cama se desplaza unos centímetros hacia atrás? O al revés, si ha ido al baño y de regreso a su cama intenta sentarse en ella con la sorpresa de que la cama se va para atrás. Además de que resulta así, con una cama que se mueve, molesto y un poco, sólo un poco, más complicado movilizar a un paciente que se tiene que llevar a un estudio o que vuelve del quirófano, o simplemente en el momento de cambiar la ropa de cama. Tengo la impresión de que el hecho de que no se arreglen esos pequeños pero muy extendidos desperfectos obedece simplemente a la más pura y genuina abulia. Tengo también la impresión de que entre las ruedas y los frenos se ha ido acumulando suciedad, pelusa, cabellos y vaya usted a saber qué más y que buena parte del problema se resolvería con una limpieza a fondo. Si no es el caso quizá el problema es simplemente el desgaste de las piezas mencionadas, que me parece que son de goma, y que se podría solucionar simplemente reemplazándolas. Lo mismo puede aplicarse a todo ese montonal de mesitas rodantes que tenemos, muchas de ellas andan por ahí y de tan pésimo que es el estado de sus ruedas a veces el personal prefiere de plano en vez de empujarlas, cargarlas, porque de lo contrario van atorándose o rechinando ruidosamente o avanzando trabajosamente generalmente hacia cualquier lado menos para el que se desea. Lo mismo es aplicable para las camillas. Éstas tienen además de la palanca del freno una función que es como un estabilizador que bloquea las ruedas de modo que cuando la camilla es empujada avance en línea recta y no vaya dando bandazos. Bueno, decir que tienen es solamente eso, decirlo, porque otra vez, no todas se encuentran en condiciones de brindar un buen servicio y tampoco hay un programa para darles mantenimiento. Por otra parte el inventario de sillas de ruedas fue parcialmente renovado hace poco, pero tenemos todavía algunos vejestorios que ya dan más lástima que un buen servicio. Otra cosa que tengo muy clara ahora es que el aluminio es muy mala elección para confeccionar armarios o puertas muy pesadas o de uso rudo. Terminan todas caídas en el segundo caso y con las patas dobladas y las puertas corredizas estropeadas y los cajones arruinados, en el segundo. Pero por alguna razón parece ser la elección ideal o simplemente la más común, de modo que se me ocurre que su construcción debería de alguna manera ser más sólida y resistente y no la más económica, como parece que es la elección más común.
  • Después, cuando hay tiliches que ya son definitivamente inútiles, contra toda lógica no son desechados, sino que son arrumbados en el mejor lugar que haya disponible en el servicio y esto regularmente significa “donde resulten más molestos y estorben más”. Al parecer éste proceder es la “mejor” elección porque dar de baja cualquier pieza de mobiliario es un proceso sumamente engorroso que conlleva la peor tortura burocrática que se pueda imaginar, ya que todo, se supone, está inventariado y no puede ser desechado sin más.
  • No hay espacio suficiente. Ya lo he dicho antes en ésta humilde columna: Frecuentemente un camillero emplea más tiempo y energía en abrirse camino hasta el paciente que en la propia movilización del mismo. Y es que si, por ejemplo, el paciente se encuentra acostado en su cama y requiere asistencia para moverse, cuando hay que llevarlo a que le practiquen algún estudio, primero hay que hacer sitio para la camilla, para lo que es necesario mover su cama, en ocasiones también las contigüas, retirar la silla que usualmente está ahí para uso del familiar del paciente, mover una mesita que hay por ahí y luego juntar cama y camilla de la mejor manera posible porque como uno no se puede confiar del todo en los frenos pues hay que tomar todas las providencias para que la maniobra sea lo más segura posible para todos.

La falta de espacio parece ser inversamente proporcional a la gravedad de los pacientes que ahí se atienden, esa parece ser una regla que han seguido siempre los ingenieros y arquitectos que han construido éste hospital o quizá de aquellos que han decidido dónde se ubica cada servicio o área. Los lugares más estrechos y por consiguiente con mayor dificultar para maniobrar con camillas y sillas de ruedas para movilizar pacientes son la U.C.I., el cubículo de Trauma y choque y la sala de expulsión de Tococirugía. De verdad que veo con envidia imágenes de otros hospitales donde sin ningún problema mueven pacientes con todo y cama que pueden desplazar libremente por salas y pasillos, donde no hay ningún obstáculo para alcanzar las bombas de infusión y se puede fácilmente colocar un monitor de signos vitales, donde todo está acomodado sin estorbar y los cables y manguerillas no quedan todos enredados. Yo imagino que, en momentos como aquél en que en la sala de expulsión del cuarto piso estábamos metidas no menos de 10 personas más dos pacientes y en el medio — no sé quién tuvo la ocurrencia de introducirla — una de esas enormes, famosas y horribles camillas rebeldes que son las peores que puede haber y son precisamente las que se tienen en dicho servicio, desde algún lugar, que bien podría ser el propio infierno, hay ingenieros, arquitectos y funcionarios pitorréandose de nosotros y nuestros apuros. Por suerte el personal mantuvo la calma a pesar de las prisas y nadie se exaltó y finalmente de alguna manera todo el embrollo se arregló.

Sector Salud en México

  • Falta de material. Ahora mismo llevamos varios meses sin contar con pañales para adulto y sin embargo es algo que no debería faltar, hay muchos pacientes que no pueden levantarse para ir al baño ni moverse lo suficiente para usar un orinal o un cómodo, como sería el caso de un paciente anestesiado o uno que está inconsciente. Por higiene básica el pañal desechable es prácticamente indispensable en el hospital.
  • Falta de medicamentos. Hemos llegado al extremo de que el médico antes de expedir una receta primero le suele preguntar al paciente si desea que le recete “algo bueno” o de lo que haya en el hospital. Se entiende que “lo bueno” tendrá que ir a comprarlo, mientras que lo que tenemos y le podemos proporcionar no será quizá lo ideal o exactamente lo que se necesita sino, precisamente, únicamente “lo que hay”.

En resumen (con el perdón de Charles Dickens): Es el mejor de los trabajos y el peor de los trabajos; en un lugar donde hay sabiduría y también locura; en época de creencias y de incredulidad; un sitio donde hay luz y tinieblas; existe aquí la primavera de la esperanza y el invierno de la desesperación. Todo lo poseemos pero no tenemos nada; en camino directo al cielo nos hemos desviado en el camino opuesto. En pocas palabras éste trabajo es tan parecido a cualquier otro en la burocracia que nuestras más notables críticos insisten en que, tanto en lo que se refiere al bien como al mal, sólo es aceptable la comparación en grado superlativo.

Sistema de salud en México

Adrián Lobo.

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