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Mujeres zapotecas retoman la orfebrería para romper estereotipos
Por Diana Manzo
12 de noviembre, 2020
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  • Natividad es orfebre por pasión y Xinaxi diseña historias de los pueblos al arte joyero

Diana Manzo

Juchitán, Oax.– El día que decidió que se convertiría en orfebre nadie le creyó, sus amigos y familiares pensaron que se trataba de una más de sus ideas.  Tres años después, Natividad del Carmen Guerra Santiago es artesana de joyería tradicional “orfebre” y elabora piezas de filigrana de alto detalle, sus obras de arte se venden en Europa a través de una diseñadora mexicana y también en el mercado local del Istmo de Tehuantepec.

Natividad es profesora por elección y orfebre por pasión, tiene 41 años de edad y es de origen zapoteca, nació en Juchitán Oaxaca, y su intención no es demeritar a los hombres joyeros, sino romper estereotipos.

En Juchitán Oaxaca y otros pueblos del Istmo de Tehuantepec, el arte de la joyería y la orfebrería es tradición, las mujeres lo usan como complemento del traje típico – enagua y huipil-  que utiliza en sus fiestas patronales como parte de su cultura zapoteca milenaria.

Los aretes, cadenas, pulseras se elaboran de diversos diseños y al gusto de las clientas, y a pesar de que por la contingencia sanitaria se suspendieron las fiestas tradicionales, Natividad por fortuna no se ha detenido y sigue creando.

Hace aproximadamente dos décadas, en Juchitán decayó por la crisis económica el arte de la joyería de oro, entonces los maestros joyeros se adaptaron a las piezas de fantasía que se conoce como “filigrana”, actualmente existen unos 100 artesanos, el 98 por ciento son hombres y el resto mujeres como Natividad.

“Por años, la joyería y orfebrería se creía que solo los hombres lo elaboraban, pero ahora puedo decir que también las mujeres, no es un oficio sencillo, pero lo hago y me gusta mucho dedicarle mi tiempo, mi espacio, y por fortuna a mis clientas les gusta los resultados”, dijo.

Así como usa sus pinzas y el soplete, también diseña bocetos y crear detalles finos en sus piezas, y eso la distingue, porque cuida cada una de las formas de sus creaciones de fantasía.

Para lograr este arte reconoce que no fue nada sencillo, porque es conjugar una variedad de herramientas que descubrió conforme fue elaborando cada una de las piezas, además de que detectó que cada material, por ejemplo, si es cobre o plata el tratamiento parece similar, pero requiere de muchos cuidados.

La orfebrería llegó a ella por el terremoto de 8.2 grados que dañó severamente la vida de los juchitecos, fue entonces que decidió complementar su profesión con un oficio y se inscribió en un curso que impartió un maestro orfebre en la ciudad de Tehuantepec Oaxaca.

También su mamá le  mostró el gusto  por la joyería, porque durante mucho tiempo fue comerciante y la hizo una coleccionista de joyería de fantasía.

Natividad nunca pensó elaborar sus propias joyas y ahora que lo ha logrado siente satisfacción y está dispuesta a compartir sus saberes con otras mujeres para que este arte siga vivo, pero ahora a través de manos femeninas.

“Mis amigas me dicen que tan fácil o difícil es elaborar piezas, no es difícil, lo que se requiere es mucha paciencia y que te apasione como a mi, puedo pasarme horas sentada e inclusive me ha amanecido, pero no lo veo como algo tedioso, sino como algo que llena de satisfacción”.

La pandemia del Covid-19 le ha pegado a su economía, inclusive se han abaratado los costos, pero resiste, no le queda más que seguir diseñando piezas que espera algún día vender por todo el mundo.

*Recuperar la vida de los pueblos a través de la joyería tradicional

En la capital de Oaxaca, a más de 250 kilómetros de Juchitán vive Xinaxi López Charis, joven arquitecta de raíz zapoteca y que hace tres años incursionó en el mundo del diseño de joyería a través de su página “Stagabe’ ñe”, con su propuesta de recuperar la vida de los pueblos a través de este arte.

Ella no los elabora, pero sí los diseña porque quiere que las piezas tengan un valor cultural y no solo se usen por usar, sino porten identidad.

Camarones, peces, armadillos, moscas y diseños antiquísimos que usaban sus tías y abuelas forman parte de su colección que oferta en un espacio del restaurante de su madre Nereida Charis, a quién le reconoce  su ayuda y motivación, además de ella conoce parte de las historias que traduce en joyería.

Para esta joven diseñadora, valorar lo que hacen los joyeros tradicionales es justamente promover su obra en otros mercados, no solo locales sino internacionalmente.

Ella elabora los bocetos con las historias y narrativas orales que le cuentan sus tías y amigas de su mamá en Juchitán Oaxaca y se los envía a los artesanos, quienes con sus conocimientos recrean la pieza en oro, cobre o plata.

“Es una forma de ayudarlos, con la crisis económica, los joyeros dejaron de hacer piezas de oro y al mismo tiempo, las piezas tienen un valor cultural importante, porque cuentan historias, no son un simple par de aretes, son parte de una cultura llamada, zapoteca”, concluyó.

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