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Guerrero, el patriota | Bicentenario de la consumación de la Independencia
Por Ernesto Reyes
13 de febrero, 2021
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ERNESTO REYES

Este domingo 14 de febrero, en Cuilápam de Guerrero, tiene lugar la primera de las 12 ceremonias con las que, en este 2021, se conmemorará el bicentenario de la consumación de “La Independencia y grandeza de México”. 

El presidente López Obrador, acompañado del nieto del líder por los derechos civiles estadounidenses, Martin Luther King, encabeza el acto oficial por el aniversario luctuoso del General, Vicente Ramón Guerrero Saldaña, en un contexto de angustiante anormalidad. 

Hijo del hombre que soñaba con que un día sus hijos vivirían en un país donde no fueran juzgados por el color de su piel, esta presencia es una gran señal, en momentos en que el supremacismo blanco amenaza a naciones enteras. 

Es una fecha triste porque el 14 de febrero de 1831, hace 190 años, se privó de la vida en suelo oaxaqueño, producto de una miserable traición, a un gran militar y político insurgente, sin cuya participación en la lucha contra de las élites criollas y monárquicas, no es posible entender el derrotero que habría de seguir el México independiente

Guerrero es un actor fundamental de nuestra primera gran transformación.

Historiadores como Felipe Ávila y Jesús Hernández Jaimes nos han ilustrado sobre la importancia que Guerrero tuvo en el sostenimiento, a costa de su propia vida, del ideario de Miguel Hidalgo y José María Morelos.

La condición social del propio Guerrero, al grado de que es reconocido como el primer indígena y afromexicano que por sus propios méritos alcanzó el puesto de Presidente de la República, en 1829, dio un sentido diferente a esta lucha.

A fin de que se terminara la discriminación de que eran y siguen siendo objeto numerosos grupos de condición humilde. 

Sin embargo, cuando fue puesto preso por esbirros de Anastasio Bustamante, en los argumentos de que estaba imposibilitado para gobernar, se escondía un profundo desprecio de la élite dirigente, por el color de su piel y sangre indígena.  

Guerrero negoció con Agustín de Iturbide el pacto de las Tres Garantías, que dio origen a México como nación independiente y soberana, mediante una forma de gobierno federal. 

Logró que se aceptara buena parte del ideario insurgente, que incluía derechos sociales, dando fin a la monarquía. 

Si bien la esclavitud, que ya había proclamado Hidalgo, se abolió formalmente hasta cuando Guerrero encabezó la presidencia, aunque la ambición imperial renacería poco después en el propio Iturbide, fue un acierto que fuerzas contrarias entendieran que había que dar oportunidad a la paz, porque ya habían pasado 11 años de desgarramiento interno y de inestabilidad.

Usando tácticas de guerrilla para atacar en costas y montañas, Guerrero es la figura indiscutible del patriota que sacrifica la comodidad familiar por defender causas de los excluidos del dominio colonial. 

El sueño de Guerrero, quien había participado con Morelos, Galeana, Matamoros y Nicolás Bravo en diferentes batallas -en Tixtla, su lugar natal, Taxco, Cuautla, Orizaba- y brindó custodia militar al Congreso de Chilpancingo hasta su disolución en Tehuacán, es que cesara la la explotación de los indios, mulatos y negros por parte de blancos, criollos y peninsulares.

Cuando cae preso, Guerrero sufre un doloroso martirio, desde el puerto oaxaqueño de Huatulco hacia la ciudad de Oaxaca, donde se le forma juicio sumario y es fusilado cobardemente en la parte posterior del ex convento de Cuilápam. 

Nuestro héroe, “para quien los reveses eran razones para ser fiel, y la familia no era una cadena que lo atara al poste de la inacción” – escribió Ignacio Manuel Altamirano-, contaba con 39 años de edad.  Hoy, su nombre es uno de los que preside el salón de plenos de las cámaras federal de diputados y local.  

En esta fecha gloriosa, en nuestros recuerdos infantiles resuena el poema de José Rosas Moreno, dedicado al caudillo inolvidable: 

“En los montes del Sur, Guerrero un día,

alzando al cielo la serena frente,

animaba al ejército insurgente

y al combate otra vez los conducía…” 

Y ante el ruego de su señor padre porque entregara su espada, rubrica el escritor esta anécdota ejemplar de un patriota: 

“¡Jamás! – llorando respondió Guerrero;

tu voz es padre, para mí, sagrada,

más la voz de mi patria es lo primero”.  

@ernestoreyes14

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