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Maternar a infancias en orfandad, los otros daños de un feminicidio
Por Alianza de Medios
12 de abril, 2021
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ladobe.com.mx / Por Anaiz Zamora / alianza de medios
  • María Antonia pasó de ser madre de tres, a ser madre de seis, cuando asesinaron a su hija; y Siomara, para quien la maternidad no era un plan, se convirtió en mamá de su sobrina después del feminicidio de su hermana. Para ellas no ha habido justicia, reparación del daño, ni tiempo para el duelo: son víctimas indirectas de feminicidio
Anaiz Zamora y Greta Rico

El día que asesinaron a su hija, el dolor invadió a María Antonia Márquez pero no la paralizó. Esa fecha, el 12 de febrero de 2004, marcó el inicio de su lucha por la justicia, un camino que la llevaría hasta la Comisión Interamericana de Derechos Humanos. A partir de entonces  también pasó de dormir siete horas por las noches, a dormir de 6 a 9 de la mañana, “cuando se podía”, tuvo que reajustar sus finanzas y horarios labores al asumir el cuidado de tres menores de edad más. 

En noviembre de 2017, Siomara Rico enfrentó una situación similar: se convirtió en mamá de Nina*, el día que el cuerpo de su hermana Fernanda fue localizado sin vida en la vía pública. Aunque ella tenía la firme idea de no ejercer la maternidad, no dudó en asumir los cuidados de su sobrina de entonces tres años, a quien aprendió a cuidar con ayuda de sus amigas, tías y vecinas, quienes le daban recomendaciones y tips que ella anotaba en una libretita. 

Ambas son víctimas indirectas del feminicidio, así las reconoce la Ley General de Víctimas, y  muestra clara de un Sistema de Cuidados que en México no ha comenzado ni a dibujarse.

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