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Candor y picardía del joven TOLEDO
Por Pagina3.mx
23 de julio, 2021
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Jorge Magariño

En 1959 (por mera coincidencia, dos meses y un día después de mi nacimiento, en la Tercera sección de Juchitán), en el número 543 del periódico Novedades, por más señas, en el suplemento México en la cultura, apareció la que podría ser la primera reseña de una exposición del Maestro Francisco Toledo, firmada por J. J.  Crespo de la Serna.

Las notas se referían, por supuesto, a la primera exposición individual del genio juchiteco, ocurrida en la Galería de Antonio Souza, el pintor tenía frescos diecinueve años

El galerista había abierto su espacio en la calle de Génova, arriba del café Monitora, en 1956, bautizándola como La Galería de los Contemporáneos, y se cuenta que marcó “la vanguardia de una época”.  

Pero antes de aquella muestra individual, en la misma ciudad de México de 1957, Toledo era un estudiante juchiteco que rondaba las escuelas de formación artística en busca de oportunidad. Se cuenta que las inscripciones para la Academia de San Carlos y La Esmeralda ya habían pasado, por lo que él decide ingresar a la Escuela de Diseño y Artesanías del INBA.

Teresa del Conde señala un antecedente que ubica al entonces alumno de José Chávez Morado como participante de una exposición realizada entre diciembre de 1958 y enero de 1959, en el Museo Universitario de Ciencias y Artes de la UNAM, titulada “Nuevos exponentes de la pintura mexicana”. Allí el público asistente pudo ver obra de Juan Soriano, Manuel Felguérez, Enrique Echeverría, Vicente Rojo, Benito Messeguer y el propio Toledo.

En un artículo de Elena Poniatowska, publicado en La jornada, se anota que el gran artista le contó que la primera vez que llevó su obra a Antonio Souza, éste le preguntó su nombre, a lo que el aludido respondió “Benjamín López Toledo”, en el acto Souza le resolvió: “te vas a llamar Francisco Toledo”. A partir de ese día –dice Elena- Toledo no volvió a responder al nombre de Benjamín.

De aquella primera exposición individual, surgió una segunda llevada a cabo en Fort Worth, Texas. Y de ahí pal real.

En este julio, la Casa de México en España invitó a un pequeño grupo de escritores, para participar en una charla virtual acerca de la literatura juchiteca y en una lectura de textos. Estuvieron: Natalia Toledo, Irma Pineda, Víctor Cata, y el de la voz. Los programas formaron parte de las actividades organizadas por esa institución en el marco de las exposiciones Toledo ve, y El color como forma, con más de 600 piezas del artista plástico originario de Juchitán.

Previo a la lectura realizada ayer 20, recordé que Francisco habría cumplido 81 años tres días antes. A su turno, la poeta Natalia expresó ante la cámara de su máquina: Dedico esta lectura a mi padre, Francisco Toledo.

Hoy me encontré con una interesante publicación en la página de Facebook denominada “José Emilio Pacheco Textos a la deriva”. En ella se presenta la reseña que dio pie a esta larguísima digresión, con un dibujo del pintor que, por entonces, decía líneas arriba, tenía diecinueve años.

La reseña y el dibujo van enseguida. Adelanto mis disculpas a los administradores de la página referida, por este hurto.

Salud, maestro, hasta el cielo juchiteco donde seguramente pintas sobre las nubes.

Santa María Xadani, 21 de julio de 2021.

Por J. J CRESPO DE LA SERNA

El joven istmeño Toledo, nuevo completamente en las líderes de la pintura nos da una muestra de su espíritu juguetón y espontáneamente poético en la primera exposición que realiza de sus “invenciones plásticas” en dibujo y en color (Galería de Antonio Souza).

Lo poético en él no se traduce en una sublimación de la realidad, sino más bien en un retorno al deslumbramiento del niño y a lo que luego acaece en sus primeras experiencias; el conformar lo real a sus juegos imaginarios, transformadores, disparatados pero sujetos a una lógica sui-generis, en la que entra en no poca dosis la broma y la travesura (Toledo se ha de reír sabrosa mente de más de uno de sus dibujos). Su juventud le abroquela ante el ataque del ridículo o el juicio del filisteo pues, ante todo, se advierte que ha logrado ir conservando muchas de las virtudes y las “ausencias” propias del niño. Su arte es espontáneo en lo que cabe y tal vez las coincidencias que se le hallen con Klee- que tanto influencia a muchos de los artistas de hoy- y con Picasso en sus ratos de mayor extravagancia e infantilidad, sean meramente casuales o más bien demostraciones de cómo los artistas nombrados han utilizado las fantasías y la falta de inhibiciones de la niñez en sus dibujos y pinturas.

Souza dice de él en unos versos: ” En lo profundo de oscuro océano, / En la tierra, en el viento / Viven seres luminosos; juegos esenciales / De simplísimas líneas que Toledo retrata. / El pintor inventa jornadas y aventuras. / Metamorfosis hacia la nada / Transparentes risas, imposibles situaciones / La juventud del artista abraza albores del mundo”.

Pero no todo tiene el mismo valor de espontaneidad y sentido jocoso. Hay intentos de abstraccionismo intrascendente que se apartan de lo más jugoso e interesante y eso no debe distraer – creo yo – sus actuales realizaciones. De todos modos, aun haciendo esta observación, también lo otro tiene sus trampas. Ese acento festivo y lírico, ese grafismo “cándido” está bien como fondo de una empresa ulterior más exigente en la que se pongan a contribución, naturalmente, las experiencias de mayor autenticidad real y de conciencia de un proceso artístico en el que se conjuguen la sinceridad de la expresión, la libertad en las licencias poéticas y formalistas y la edificación plástica de cada motivo. ¿Dónde están, en este despliegue de diversificadas expresiones gráficas un poco caóticas, las vivencias de su propia niñez en ese ámbito prodigioso, lleno de luz y de color que es Tehuantepec? No sería necesario ni aconsejable representar fielmente escenas de allí, no, sino aprovecharlas en un producto suyo, depurando, decantado, a tono con su sentir actual. Apartarse de esa experiencia de su vida es una cosa falsa, un arbitrio escapista que lejos de suprimir el problema rehuido lo hace aparecer nítido, inconforme, hasta cierto punto: implacable en su propia exigencia…

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