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El hospital incurable. Última parte.

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Pagina3.mx / Colaboración: Adrian Lobo

Cuento con una fotografía que data de hace muchos años. La imagen es muy triste y a mí me resulta impresionante. He visto fotos de cierta antigüedad y he notado que se tenía la buena costumbre de escribirle un título además de la fecha. El título de ésta en particular es “Hospital en ruinas”. En ella se aprecia un grupo de trabajadores de ese lugar y detrás de ellos montones de escombros y parte de un edificio derruído.

Más de medio siglo después la situación en la que se encuentra nuestro Hospital General Dr. Aurelio Valdivieso es casi igual de crítica, actualmente está a punto de colapsar por distintas causas y al menos yo no vislumbro una salvación, es un enfermo terminal incurable. Me causa cierto pesar darme cuenta de ello, porque como ya he mencionado anteriormente, prácticamente toda mi vida ha estado relacionada con el H.G.D.A.V.

Desde su creación ha sido un emblema de lo que antes se llamaba Secretaría de Salubridad y Asistencia (S.S.A.), ahora Servicios de Salud de Oaxaca (S.S.O., que espero que no llegue a ser S.S.UUUUUUhhh.).

Es el hospital público más importante del estado, se le ha considerado, en éste estado, punta de lanza en el sector y su labor como hospital escuela desde su creación ha sido trascendental, el eje de la formación de generaciones de médicos “generales” (no existe tal cosa en realidad pero pues…) y especialistas en cirugía, gineco – obstetricia, anestesiología, traumatología, pediatría y medicina interna así como personal de enfermería.

El libro titulado «Historia de la Salud en Oaxaca», 1943 – 1993; 50 años de la S.S.A.”, del que no puedo asegurar pero al parecer es autor el Dr. Miguel Ángel Ramírez Almanza, consigna algunos sucesos que ilustran lo anteriormente dicho:

“Durante los últimos 28 años, el hospital ha estado a la vanguardia de los avances de la medicina en el estado; ha sido dentro de sus servicios donde se han practicado por primera vez en Oaxaca, las técnicas o tratamientos médicos innovadores y posteriormente se han difundido o generalizado en las demás unidades médicas hospitalarias oficiales o privadas. Entre estos sucesos médicos destacan los siguientes:

  • Primera cirugía de tórax abierto, por el doctor Horacio Tenorio Sandoval.
  • Primera cirugía de vías biliares, por el doctor Carlos Mayoral Licea.
  • Primera cirugía ortopédica de columna, cadera y aplicación de clavos intramedulares, por el doctor Manuel Ramírez Santaella.
  • En cirugía pediátrica, hipertrofia del píloro y atresia esofágica, por el doctor Jaime Porras Mazzari.
  • Cirugía oncológica por el doctor Javier Ochoa Canales.
  • En anestesiología, bloqueos epidurales, anestesia intubada y neuroleptoanestesia.
  • En gineco-obstetricia: fistuloplastías con asa sigmoidea, operación de tumores gigantes de ovario, normatización del manejo de ruptura uterina y toxemia gravídica, endoscopías ginecológicas y laparoscopía, microcirugía ginecológica y el uso del ultrasonido; en el que ha tenido un papel muy relevante el Doctor Arturo Molina Sosa, miembro de la Academia Nacional de Cirugía.”

Me causa cierto pesar reconocer que sus glorias son cosas del pasado, su mejor época quedó atrás. No en el espíritu de servicio que encarnan los profesionales que trabajan ahí, que dedican su vida a la más noble profesión que existe, no en la misión que han asumido quienes día con día se esfuerzan por brindar la mejor atención posible a quienes lo necesitan, no en el corazón de quienes en cuerpo y alma se entregan al cuidado de otros.

Es un problema físico, de infraestructura, quiero decir. Necesita atender cada día y desde hace tiempo cada vez más pacientes y a partir de ahí se genera toda una escalada, una reacción en cadena, una cosa lleva a la otra hasta que se llega a una situación límite, la cual estamos rondando, si no es que estamos ya en ella. Más pacientes requieren más personal, más espacios, más insumos, más y más y más, pero resulta que ya no hay para dónde crecer, por las razones que usted guste y mande, que de eso se puede decir mucho porque es evidente que nunca hubo una planeación a largo plazo, siempre se pensó siempre en lo inmediato, en el momento, nunca se tuvo la visión para prever lo que inevitablemente ocurriría algún día.

Para mí la solución no es referir pacientes a clínicas privadas, como se había estado haciendo con las cesáreas, tampoco es rechazar pacientes referidos de otras unidades hospitalarias del estado (que nos mandan a sus pacientes con cualquier pretexto) ni tampoco lo es endurecer los criterios de admisión para los pacientes que llegan por otros medios.

Lo que estoy diciendo es que lo que se necesita es otro hospital. Por razones de capacidad y funcionalidad y porque el actual es ya considerado viejo y «en situación de vulnerabilidad y riesgo», aunque actualmente un hospital bien planeado y construido, de acuerdo a los estándares pertinentes de calidad en todos los aspectos, «debe tener una vida larga, de entre 50 y 99 años». Obviamente no estamos en ese supuesto.

No soy ni el primero ni el único que lo cree así. Pienso además que deberían ya suspenderse los arreglitos, las obras inútiles y excesivas, este lugar cada vez se parece más a una especie de monstruo del Dr. Frankenstein, hecho de retazos. Pero supongo que así pueden seguir sangrando los recursos como parece ser que están haciendo justo ahora

Con el pretexto de hacer mejoras en el «servicio» de Valoración Crítica levantaron el piso, que tenía menos de dos años de haber sido cambiado, e instalaron uno nuevo que duró quizá sólo un par de días porque procedieron sin miramientos enseguida a quitarlo para volver a cambiarlo, haciendo para mí evidente que no hay presupuesto prácticamente para nada, pero siempre pueden hacer un huequito para despilfarros, desvíos y desfalcos, para robar, pues.

Aunque seguramente no hay planes de hacer uno nuevo, sería bueno que cuando se decida emprender la tarea se proceda con total seriedad, que sea un proyecto bien sustentado, donde haya detrás de cada una de sus fases una cuidadosa planeación. Me parece que son 3 los puntos principales: La ubicación, el visto bueno de un comité interdisciplinario de trabajadores y el destino del terreno que será desocupado.

Primero la ubicación. Obviamente un sitio al que sea relativamente fácil y rápido llegar es mejor, no sólo por los pacientes y las posibles urgencias, sino por los proveedores, los servicios que se requieren, el personal que trabajará ahí, etc. De modo que enviarlo al norte de la ciudad sería complicar bastante todo eso, por el contrario, habría que localizar una zona donde las vías de comunicación faciliten la concurrencia de todas esas personas.

El comité interdisciplinario. Con una disculpa de antemano a los ingenieros y arquitectos debo decir que hasta este momento han hecho un pésimo trabajo construyendo el H.G.D.A.V. y no debería permitírseles adueñarse del hipotético trazo y diseño de ese nuevo hospital. No queremos más espacios mal planeados, obras poco funcionales ni lugares poco aptos para desarrollar el trabajo que tenemos que hacer todos los días. Éste hipotético comité debería principalmente estar integrado por personal médico, de enfermería y camilleros que debería aprobar de forma unánime el proyecto antes de que se mueva siquiera una sola piedra para la construcción.

Ese proyecto, dicho sea de paso, debería contemplar espacios para posteriores ampliaciones y otras mejoras futuras.

El destino del terreno. Si no es estrictamente necesario demolerlo, quizá sería bueno convertirlo en algo así como un Centro de Salud gigante. De no ser eso posible, quizá transformarlo en escuela también sería estupendo. O en un centro de capacitación o de entrenamiento para personal médico, enfermería, bomberos, protección civil, rescatistas, etc., donde se pudiera incluso atender pacientes, ofrecer terapia física, orientación nutricional, atención psicológica, en fin, cosas así. Lo menos que se podría hacer sería transformarlo en un parque, anexando la calle que separa el hospital de la fuente de las ocho regiones.

Yo estaría totalmente en contra de que ese terreno fuera vendido, seguramente sería un negocio muy lucrativo para  algunos que podrían hacer un «desarrollo inmobiliario» y llenar ese espacio con edificios de departamentos carísimos o un nuevo centro comercial a todo lujo que la ciudad no necesita.

Podría ser también una oportunidad inigualable para por fin hacer realidad esa promesa de campaña sindical, largamente incumplida, de crear un centro deportivo y recreativo para los trabajadores. Podrían pedir los dirigentes sindicales el espacio en comodato y acondicionarlo para poner hacer realidad un centro artístico, deportivo y cultural para los trabajadores y sus familias, donde hubiera talleres de danza, clases de pintura, de dibujo, de música, manualidades, gimnasio, canchas deportivas, conferencias, exposiciones, conciertos y muchas actividades más. ¿Y los recursos para hacerlo posible? ¡El sindicato tiene muchos! Que por cierto, nadie sabe bien a bien para qué lo usan, además de los dichosos «gastos de representación.

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