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La opinión no autorizada | Que no panda el cúnico (del pensamiento conservador).

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Adrián Lobo

Para nadie es un secreto lo que ha dicho el presidente sobre qué tan diseminado está el «pensamiento conservador, neoliberal» en las esferas del poder económico y político de éste país. En teoría se fueron, pero ahí están, de alguna manera siguen operando, en la penumbra, o no tanto, y medrando a base de lo que mejor saben hacer: Administrar la corrupción.

Ese era el gran secreto, el know-how del priísmo, su punto fuerte. Alcanzaron el summum con Peña Nieto y su élite cleptócrata causando el hartazgo que llevó al despertar de la mayoría de la sociedad. Pero la llegada de AMLO y la autonombrada Cuarta Transformación no necesariamente significa el fin del sistema anterior, aunque me queda claro que básicamente el encargo que le ha dado el voto popular es acabar con todo eso.

Ese «pensamiento» y sus agentes —pero sobre todo su accionar— son un gran lastre para el país y están tan diseminados que resulta ahora muy difícil deshacerse de ellos y lógicamente son fuerzas que oponen resistencia. En ese sentido la denominación que les da el presidente me parece exacta: Son conservadores, en toda la extensión de la palabra.

Ahora que se dice que el INSABI por fin, en septiembre del 2021 llegará a salvar a los moribundos servicios de salud de Oaxaca hay fuertes e insistentes rumores en el sentido que ya todo está arreglado de antemano gracias a esos funestos funcionarios de los que está plegado Oaxaca, pero que parecen ser insuficientes que hasta los importamos del EdoMex, empezando con el góber, Ale Murat, y sus cuatrocientos mexiquenses.

Quiero confiar en que no será así. Y como un tonto consuelo me sirve pensar que al menos no lograrán esos detestables personajes apropiarse del todo del nuevo instituto y hacerlo su rehén, sino que apenas alguna que otra cosa sacarán sin que nadie pueda evitarlo.

Pero el mismo INSABI me llena de dudas. La falta de información clara es crucial, como siempre lo que abundan son rumores: Se oye por ahí decir que habrá una evaluación de perfiles y que uno podría ser reubicado hasta la punta del cerro del Tacaná si el instituto determina que ahí hace falta, por ejemplo.

Pero de que el asunto va marchando, aunque sea con lentitud desesperante, no me queda duda. El INSABI parece ser que está exigiendo al gobierno del estado que entregue los Servicios de Salud lo más depurados que sea posible, ya ve usted todos los despidos que se anunciaron, aunque al parecer finalmente no todos se hicieron efectivos, me constan algunos casos de personas que fueron recontratadas. Todo esto me suena como a un perro que se rasca las pulgas, intentando librarse de ellas.

Como en estos últimos días de agosto en que fuimos convocados los eventuales a firmar el nuevo contrato, por el larguísimo plazo de un mes (todo septiembre) a unas oficinas de los S.S.O. que se encuentran sobre Calzada de la República, cuando anteriormente los documentos eran enviados a los centros de trabajo para que ahí se firmaran.

Más de uno pensamos que el objetivo es ver que todos existan realmente, que no sean aviadores o que de plano ni existan, porque si el papel llega al centro de trabajo ahí es más fácil hacer chanchullo, así que fue como un pase de lista que no estuvo exento de algún conato de bronca porque algunos contratos no salieron y en el acto aquellos casos donde se determinó no extender uno nuevo o se trataba de un caso especial fueron canalizados al área jurídica, ahí presente.

Total, en mi caso me tomó casi cinco horas de hacer fila entre algo de sol, llovizna y estar de pie para poder firmar mi flamante contrato de un mes. Al menos en ésta ocasión estuvieron a tiempo, creo que es la primera vez que firmamos el contrato nuevo antes que el anterior termine, porque siempre habíamos estado firmando dos semanas o más después de expirado el anterior, incluso creo recordar que una vez firmamos un contrato cuya duración había finalizado ya.

La cosa política, los temas ideológicos también pesan a la hora de mover las fichas, me llama la atención por ejemplo, que el asunto del Gas Bienestar se echó a andar, aunque de forma preliminar, en menos de dos meses y el INSABI, que creo más urgente e importante, nada más no termina de cuajar.

Y tanta falta que hace. Si bien me causa un gran fastidio saber que los criminales que han saqueado a placer a las instituciones de salud podrían de alguna manera salirse con la suya al intervenir el gobierno federal para el rescate de las mismas no puedo dejar de notar que cada día la situación empeora. ¿O la hacen empeorar intencionalmente para presionar y obligar a que finalmente les quiten esa responsabilidad de encima? ¿O serán simplemente las consecuencias de los pésimos manejos de largos años todo lo que estamos viendo últimamente?

Porque a la ya casi tradicional falta de insumos y medicamentos se le ha ido sumando el despido de personal eventual, la ausencia total de personal de limpieza y vigilancia, el cierre de inmuebles arrendados por los S.S.O. debido a la falta de pago y ahora la amenaza de que la empresa que surte oxígeno medicinal a todos los hospitales del estado dejaría de hacerlo por falta de cumplimiento en los pagos. Es de verdad desesperante.

Cuando leí la nota de Pedro Matías al respecto en este mismo portal enseguida recordé otra donde se daba a conocer que las empresas INFRA (proveedor de los S.S.O.) y Praxair mediante prácticas mafiosas detuvieron los planes de varios hospitales del país para construir sus propias plantas de oxígeno por lo que eso significaría para su negocio. Y en un tono similar han clamado las farmacéuticas.

Para mí resulta evidente que para un hospital y sobre todo ahora en medio de la pandemia poder contar con un suministro propio habría sido ideal. Si es posible, ¿por qué no? «Oxígeno Bienestar» habría sido quizá más beneficioso que Gas Bienestar en más de una forma.

Otro suceso que ví aparecer en las noticias fue el robo de un bebé en un hospital de Jalisco. No hubo necesidad de entradas tipo «Misión Imposible», ni de forzar puertas o irrumpir con un comando armado: La responsable pudo sustraer al menor sin ser detectada ni llamar la atención simplemente porque usaba una pijama quirúrgica. Curiosamente había yo estado días atrás comentando con personas que trabajan en hospitales qué tan fácil puede llegar a ser introducirse en uno de ellos, simplemente usando una bata blanca.

La seguridad, ya lo ve usted, no es un punto menor. Pero a menudo, cuando teníamos vigilancia, los compañeros se ponían muy groseros, prepotentes y altaneros con quienes custodiaban los accesos tan solo porque les pedían mostrar su identificación. Imagino que de alguna manera pensaban: «¿Qué no ven mi uniforme blanco?». Pero la verdad es que no es suficiente.

Actualmente hay en el H.G.D.A.V. algunos elementos policiales, no recuerdo de qué corporación, ni sé cuál es su función, quizá están ahí para apoyar en caso de algún altercado o disturbio porque claramente la seguridad del lugar no está a su cargo y menos el control del acceso al lugar, algunos a veces están apostados en las entradas pero se limitan a observar con displicencia quién entra y quién sale. Y a veces ni siquiera están ahí.

Los monitores donde se puede observar lo que captan las cámaras de vigilancia estuvieron apagados algunos días, ahora he notado que aunque están ya encendidos, nadie se encarga del monitoreo, no hay quién realice ésta tarea, así es que de nada sirve para una verdadera función de vigilancia.

Éstos monitores son de gran utilidad cuando hay alguien ahí vigilando, me consta que en más de una ocasión ésto permitió al personal de seguridad detectar al momento dónde era necesario enviar algunos elementos para apoyo en la contención cuando se presentaba alguna situación potencialmente crítica con algunos pacientes que intentaban fugarse.

En una ocasión fue gracias a los monitores que se pudo dar seguimiento y localizar a una usuaria, madre de un recién nacido hospitalizado, que llegó una tarde al hospital en forma por demás aparatosa, fingiendo tener una emergencia y que había logrado de alguna manera obtener apoyo vial para abrirse paso en el tráfico y que una vez en el hospital se escabulló hasta el servicio de Lactantes.

Resulta que la gran emergencia que tenía era que se le había hecho tarde para presentarse conforme al horario establecido para alimentar a su bebé hospitalizado. Los elementos de seguridad la ubicaron, gracias a las cámaras, en el servicio mencionado, así que fueron por ella una vez terminó la hora de visita, de hecho ya la estaban esperando cuando salió porque casi llegaron detrás de ella y es de suponer que no habrá sido para felicitarla por su ingenio y vivacidad.

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