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ENTREVISTA | Tuntiak Katan: “Si esperamos que una decisión que se tome en la COP26 se refleje en terreno, quizás no va a suceder”
Por Agencias
23 de noviembre, 2021
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Las acciones por el cambio climático no deben quedarse en promesas hechas en la COP26, dice el líder indígena.

Los pueblos tienen la disposición para trabajar con los líderes del mundo y los financiadores, sin embargo sostiene que la decisión depende de “los dueños de la cancha”.

Por: Astrid Arellano | Foto de portada: Alianza Global de Comunidades Territoriales (AGCT) | Mongabay Latinoamérica

Tuntiak Katan acaba de volver a la comunidad de Tutinetza, en la Amazonía Sur del Ecuador, luego de dos semanas en la cumbre climática de las Naciones Unidas celebrada en Glasgow, Escocia. Después de 30 horas de viaje, el ecólogo y líder indígena originario del pueblo Shuar confirma lo que días atrás pensaba y que escribió en su cuenta de Twitter: “La diferencia de pervivir o perecer depende de las decisiones correctas, oportunas y concretas que hagamos”.

Este comentario recae sobre todo en los más de 120 líderes mundiales que llegaron a la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático de 2021 (COP26) para asumir compromisos y negociar acuerdos que apunten a evitar que la temperatura del planeta no sobrepase los 1,5°C por encima de los niveles preindustriales.

Para Katan, actual coordinador general de la Alianza Global de Comunidades Territoriales (AGCT) y vicecoordinador de la Coordinadora de las Organizaciones Indígenas de la Cuenca Amazónica (COICA), los líderes del mundo no deberían jugar con la esperanza y el futuro de las nuevas generaciones. Tampoco deberían hacer compromisos que no van a cumplir o prometer recursos que no van a llegar a los territorios y que no incluyan un beneficio directo para las comunidades que son las protectoras de la naturaleza.

En una de sus participaciones durante el encuentro global, Tuntiak Katan dijo brevemente que los pueblos indígenas viajaron a Glasgow para hacer un pacto, simplemente, porque no hay tiempo. Por eso también pidió intensificar las acciones sobre los derechos y garantías de la gente y los defensores de los territorios. Luego, cerró con una frase: “Tenemos que subirnos a la canoa todos juntos”. ¿A qué se refería? En Mongabay LATAM conversamos con él.

¿En qué consistió su participación personal en la COP26? ¿Con qué balance y experiencias regresa de Glasgow?

Como Alianza Global de Comunidades Territoriales nos preparamos y tuvimos reuniones virtuales con diferentes instituciones privadas, gobiernos y organizaciones para generar un diálogo. Mi posición fue la falta de apoyo a las comunidades. Todo el mundo habla de financiamiento, de pueblos indígenas y comunidades locales, la ciencia está reconociendo que somos guardianes del bosque, pero Rainforest Noruega hizo un análisis de los financiamientos y concluyen que, en la última década, se habían invertido más de 30 mil millones de dólares, de los cuales menos del 1 % había llegado a las comunidades. Eso fue antes de que ocurriera la COP. Se genera la preocupación de qué estaba pasando con el dinero público y privado. Y bueno, fuimos a Glasgow con la esperanza de que se genere un cambio.

Se generó una coalición de algunos países liderada por Noruega, Reino Unido, Canadá, Estados Unidos y algunos donantes privados como Fundación Ford, Jeff Bezos y otros más, y crean un fondo de 1.7 millones de dólares para trabajar con pueblos indígenas y comunidades locales. Nuestra preocupación fue que no quede en el anuncio. Sino que realmente llegue al terreno, porque no hay claridad. Yo he dicho que hagamos una agenda de trabajo, cómo se va a operativizar. Nosotros, como pueblos indígenas, queremos estar en la mesa de toma de decisiones, queremos tener nuestra presencia, quiero que la voz de los pueblos esté ahí, porque no quiero llegar a la siguiente COP y ver que no ha pasado nada. Vamos a programar reuniones virtuales para poder trabajar en esa parte.

También, como es nuestra característica, hicimos la movilización mundial por la vida, por la crisis climática, en Glasgow. Se reunieron más de 100 mil personas en la marcha, de manera pacífica, donde realmente yo he aprendido una cosa: que la sociedad no se siente representada por las decisiones que están tomando los gobiernos, no se siente feliz, no sienten que están haciendo decisiones correctas: hay una desconexión entre los gobiernos y sus respectivas sociedades, hay un divorcio entre el Estado y la sociedad civil. En la marcha pudieron expresarse la juventud y las mujeres —que tuvo mucho énfasis, el tema de la vocería de las mujeres— porque son las que están en los terrenos, en contacto directo con la naturaleza, tienen actividades directas y tampoco se estaba reconociendo, no se estaba visibilizando.

¿Con qué propuestas llegaron los pueblos indígenas?

Bueno, además de nuestras quejas —que a mí no me gusta mucho estar quejándome— también fuimos con nuestras propuestas en la mano. Fueron claras: si la comunidad mundial, el Sistema de las Naciones Unidas y la COP realmente quieren lograr los objetivos del Acuerdo de París, como ellos oficialmente han dicho, sobre la protección de 30×30 —el 30 % de la tierra, en 2030— deberían de, primeramente, reconocer los derechos territoriales de los pueblos indígenas. Solamente los pueblos indígenas y comunidades locales que vivimos en bosques tropicales en el mundo estamos protegiendo 950 millones de hectáreas de bosques, solamente tomando en cuenta la franja tropical, imagínate que hay otros pueblos indígenas que estaban protegiendo otros sistemas de biodiversidad. Si quieren empezar realmente a luchar contra el cambio climático, necesitan trabajar con los pueblos indígenas, primero con el reconocimiento, la titulación y protección de las tierras comunitarias.

Segundo, no seguir criminalizando a los protectores, a los líderes, a los que defienden los derechos. Tercero, acceso directo a los financiamientos climáticos, no a través de sistemas burocráticos que hacen imposible el acceso a esos fondos a las comunidades. También hicimos un cuestionamiento, que los fondos actuales solamente estaban enfocados a cumplir las metas de los donantes, que les hacían perder de vista las metas del territorio.

Cuatro, les propusimos que reconozcan las contribuciones de los pueblos indígenas a través de sus conocimientos tradicionales y eso implicaba el reconocimiento de las aportaciones para investigar el cambio climático que ya están haciendo en los territorios. Los países hacen un informe de lo que están preservando, lo que están disminuyendo, las emisiones, sin embargo, contabilizan los territorios y los bosques de territorios indígenas y acceden a fondos, es decir, desde mi punto de vista, inclusive yo les dije que los gobiernos son los piratas del carbono. O sea, nos roban nuestro derecho de carbono que está en nuestros territorios y captan fondos, pero ni siquiera llegan a las comunidades. Cinco, también propusimos el tema de consulta y consentimiento. Esas cinco fueron las propuestas.

Llamó a los gobiernos “piratas del carbono”. Los líderes prometen fondos, prometen mecanismos, pero me decía usted que, en la realidad, a las comunidades no llega nada. ¿Cuál es su percepción particular sobre el discurso, lo que dicen contra lo que hacen?

Desde mi punto de vista, son respuestas políticas que dan en estos eventos internacionales. Dicen: “Bueno, vamos a hacer esto”, pero al final no sucede nada y así se evitan un problema, porque dan la sensación de que va a haber una solución y la gente tiene esperanza. Entonces, yo les dije que no jueguen con la esperanza del futuro, no jueguen con la esperanza de los niños, de los jóvenes. Si no van a cumplir, no prometan nada. Yo concluía que, si esperamos que los políticos tomen decisiones sobre lo que debe de pasar en el terreno para luchar contra el cambio climático, no vamos a solucionar. Lo que tiene que hacer la gente, la sociedad civil, es empoderarse. Significa un pensamiento y una actuación consciente frente a los daños que estamos causando con nuestras acciones y actividades humanas. Si nosotros, como sociedad civil y pueblos indígenas, esperamos que en la COP suceda algo y que una decisión que se tome allá se refleje en terreno, quizás no va a suceder.

Lo que sí he sido claro, tajante, con los gobiernos, es que no roben los derechos de servicios ambientales que tienen las comunidades indígenas. Por el hecho de proteger sus tierras, el hecho de proteger sus bosques, ya están contribuyendo. No se habla mucho de otros servicios ecosistémicos que da la selva, la naturaleza, pero entonces al menos den el reconocimiento y que se refleje en la inversión para apoyar las actividades que ya se están haciendo: actividades de conservación, actividades de restauración y actividades de economías indígenas, para seguir protegiendo. Yo les he llamado “contribuciones determinadas de territorios indígenas”.

En cuanto a los fondos asignados, decía que vienen reuniones de trabajo futuras, ¿de qué manera ustedes se van a asegurar de estar incluidos en esas mesas? ¿Cómo van a asegurar que ese recurso no vuelva a fugarse?

La verdad, las reglas del juego están más por el lado de los donantes, de este consorcio que anunciaron y depende de la voluntad de ellos si nos quieren involucrar o no. Nosotros ya hemos anunciado esta voluntad de ser parte del comité, de la hoja de ruta, de la planificación, hasta para la implementación. Ya depende de ellos, básicamente, los dueños de la cancha, los que anuncian la plata, que nos lo permitan. Depende de qué tanto acceso o qué tanto están dispuestos ellos de que nosotros seamos parte de la toma de decisiones.

Mencionaba el tema de la garantía de derechos, ¿qué sucede con los grandes pendientes como el Acuerdo de Escazú, con defender la vida, precisamente, de los defensores de los territorios indígenas?

Hay que parar la criminalización, el asesinato a los defensores de la vida. Si los gobiernos quieren mostrar seriedad, de que quieren trabajar y luchar contra el cambio climático y otras crisis climáticas que pueden existir, el punto de partida sería ya la ratificación o el reconocimiento del Acuerdo de Escazú, en el cual, claramente, a pesar de que es un instrumento internacional no vinculante, sino más bien como sugerencia, deberían tomar el punto de partida de ahí. En Latinoamérica, por ejemplo, algunos países no lo han hecho, no lo han aceptado y no lo han ratificado. En este caso, Ecuador sí lo hizo, pero una cosa es aceptarlo, ratificarlo políticamente y otra cosa es implementarlo, aplicarlo. Entonces, al menos los gobiernos deberían empezar por ahí, porque a través de eso se garantiza la protección de los defensores de derechos, se garantizan los conocimientos tradicionales y se da más derecho a la comunidad.

¿Cuáles fueron los mejores acuerdos tomados, los avances y los beneficios que rescata del encuentro en la COP?

Lo que veo es que hubo mayor apertura, al menos, desde la presidencia de la COP, que está liderada por Reino Unido. Trató, en primer lugar, que los pueblos indígenas y comunidades locales tengan mayor voz. Incentivó, exhortó a sus homólogos, a otros países, a que hagan lo mismo. En resumen, puedo decir que en la COP sí se evidenció una mayor escucha a la voz de los pueblos indígenas. También se trabajó bastante en temas del artículo 6 del Acuerdo de París, que trata temas de los pueblos indígenas, de los derechos y de temas de carbono, aunque no han llegado —hasta el momento, hasta donde yo estuve— a un acuerdo entre las partes, por ejemplo, mercados voluntarios de carbono y otras regulaciones, no ha habido un acuerdo así, tajante. Parece que va a quedar para la siguiente COP, que va a suceder en África. Para mí hay una polémica porque tiene que empezar la discusión, yo pienso que no solo debe ser de carbono, sino más bien en su integridad, de lo que ofrece la naturaleza, el clima y la biodiversidad.

Yo pienso y nosotros hemos posicionado que la solución debe ser basada en los conocimientos, en la comunidad y en la naturaleza. Me refiero a todo tipo de comunidades, indígenas y no indígenas, que están protegiendo la naturaleza.

Por otro lado, ¿considera que hubo algún retroceso, aspectos en contra, para los pueblos indígenas?

Desde mi punto de vista, yo diría que al menos hubo esa intención de involucrar, de participar. Por otro lado, otros sectores indígenas u otros sectores sociales, sí han denunciado que hubo una discriminación en temas de participación. Sabemos que las COP no son espacios oficiales de la sociedad civil, son espacios del gobierno. Ahí la sociedad civil siempre ha hecho una vocería para que cada vez más sean escuchados, entonces, varios grupos denunciaban eso, pero no fue el caso de la estructura del movimiento indígena. Nosotros hemos participado bajo el paraguas de nuestras organizaciones; hay otra sociedad civil u otros grupos indígenas y comunidades locales que no están constituidos orgánicamente mediante una organización, entonces ellos se autoconvocan, se autoorganizan y han sentido que no son tomados en cuenta.

En ese sentido, ¿el espacio que se le otorgó a los pueblos indígenas fue suficiente? ¿Alcanzó para mostrar sus demandas, sus necesidades y sus urgencias o considera que este es el inicio de un proceso para los próximos encuentros de la COP?

En el sistema de la Convención de Cambio Climático hay un canal oficial donde participan los pueblos indígenas y comunidades locales. Las organizaciones pueden generar sus propios espacios, hacen sus “side events” (eventos paralelos), pero lo que yo estaba viendo es que, como pueblos indígenas, deberíamos tener un pabellón, como lo tienen los gobiernos, donde pueden hacer una agenda de exposiciones, presentaciones o lanzamiento de propuestas. Un pabellón grande y que sea público y apoyado por la presidencia de la COP. Lo que ahora tenemos son “side events” donde se participa a través de nuestros aliados y las ONG, pero no hay un espacio propio, nuestro, como organizaciones. Yo estaba proponiendo que, en la próxima, deberíamos de solicitar y tenerlo.

¿Cuál considera que ha sido el impacto en las comunidades por el ingreso de actividades extractivas a sus territorios tras la reactivación económica luego de la pandemia?

Eso es muy claro. Con el tema de la reactivación económica se ha intensificado, se ha masificado la presión en los territorios indígenas. En varios países, han anunciado algunos gobiernos duplicar la actividad petrolera, minera y otras actividades que están dañando a la naturaleza. Entonces, no hay todavía una muestra de que se respeten los últimos recursos que nos quedan, no hay una muestra de que se va a cambiar este sistema de inversión e invertir más en la naturaleza para protegerla y dejando la inversión en actividades que dañan. Se continúa con ese mecanismo de que en los países en vías de desarrollo, como en Ecuador, Perú y Brasil, más bien se está invirtiendo para dañar o acceder a recursos que tienen los pueblos indígenas y eso implica el respeto a la consulta y consentimiento, eso ha implicado persecución, asesinato y encarcelamiento de los líderes indígenas.

En una de sus participaciones en Glasgow decía que “hay que subirnos todos a la misma canoa”, ¿a qué se refería?

Imaginemos que estamos en un barco, en una canoa, pero aparentemente nosotros estamos destruyendo nuestra canoa. Le estamos haciendo huecos y nos vamos a hundir. Y no tiene que considerarse que “yo no tengo nada que ver, es el problema de los indígenas que están por allá sufriendo, asesinados o que nadie les hace caso”. No es problema solo de los indígenas, sino también de la gente que vive en la ciudad, porque este planeta aparentemente es grande, pero no, es pequeño y si seguimos así todos vamos a perecer, nos vamos a ahogar. O sea, hay que proteger nuestra canoa, hay que proteger nuestra casa, nuestra tierra y esta protección es de todos, o sea, todos tenemos que trabajar. La solución sale de todas las personas, no solamente del capitán de la canoa, sino de toda la gente que viene en la canoa.

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