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“Yo sola no podría cambiar Oaxaca, necesitamos de todas y todos”: Susana Harp
Por Ma. de los Ángeles Nivón
24 de noviembre, 2021
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“Yo sola no podría cambiar Oaxaca, necesitamos de todas y todos”: Susana Harp

*“Susana ya pasó La Guelaguetza”, ¿por qué no cambias?, le cuestionaban por vestir huipiles regionales y ella solo sonreía

*En su momento la tildaron de “comunista, hippie, hasta pacheca”, se atrevieron a llamarla por ese gusto por la ropa regional. Y ella se preguntaba, ¿Qué tiene que ver fumar mariguana con ponerse un huipil?

María de los Ángeles Nivón Molano

Video y Fotos: Mario Romero

Enfundada en un bellísimo vestido color rosa con flores en tono morado, bordado de San Antonino Castillo Velasco y un rebozo azul, la aspirante a la candidatura por Morena a la gubernatura de Oaxaca, Susana Harp Iturribarría habló sobre sus orígenes, una mujer de carne y hueso, “vallista”, nacida en Oaxaca de Juárez, soñadora y amante de las costumbres y tradiciones.

Respetuosa de las reglas internas de su partido, Morena, que prohíbe en esta etapa interna hablar de propuestas y de asunto electoral rumbo a la sucesión gubernamental, accedió a la entrevista con Primera Línea para charlar sobre su vida personal y que Oaxaca conozca un poco más de quién es Susana Harp Iturribarría, madre de un hijo.

Hija de don Antonio Harp y doña Alicia Iturribarría, en domingo, desde sus oficinas de la colonia Reforma en la capital oaxaqueña, la senadora de la República graduada de la Licenciatura en Psicología por la URSE, donde tuvo que mantener la beca con promedio de 9.5 para que no se la quitaran, caso contrario habría tenido que dejar los estudios por cuestiones económicas, sostuvo que es la quinta de cinco hermanos, es decir, la más pequeña de la familia, sus padres se dedicaron al comercio.

Su padre ya fallecido, llegó desde muy pequeño a Oaxaca y siempre vivió agradecido con México por haberlo acogido con los brazos abiertos y con el corazón, mientras que su madre de 88 años estudió contabilidad, siempre ha hecho labores altruistas y apoyó a su esposo don Antonio en la tienda La Esperanza, que se ubicaba en la calle de Valdivieso en la Verde Antequera.

Recuerda parte de su infancia, cuando observaba que sus dos hermanas mujeres, tiene otros dos hermanos varones, se iban a la sierra a hacer trabajo comunitario, ella las admiraba y siempre cruzaba por su mente que algún día ella también las acompañaría, porque viajaban en navidad, semana santa, verano que son los dos meses de vacaciones.

Cuando a Susana por fin le tocó ir a realizar trabajo comunitario con sus hermanas, para ella fue lo más emocionante a sus escasos 16 años y eso le cambió la vida, porque ingenuamente pensaba que iría a transformar a las comunidades, muy soñadora, siempre escuchando canciones de Pablo Milanés, Mercedes Sosa, Silvio Rodríguez y aquí fue realmente donde nace la cantante.

Así se fue empapando de otras realidades y otro mundo en esas comunidades de la Sierra como Santa María Yaviche, donde se topó con un telar de cintura y conoció a Matilde una mujer maravillosa, refirió, que amablemente empezó a enseñarle a tejer. También se topó con bandas de música, con niños riéndose de ella porque no podía pronunciar bien el zapoteco y no le creían que su cabello era chino.

Fue maravilloso, recordó, haberse encontrado con ese mundo donde las invitaban siempre a comer y la tortilla de la casa donde entrábamos era más rica que la de un día anterior. Era una generosidad que las comprometía a llevarles muchas cosas a los habitantes de esas poblaciones, que no podían llegar a hacer trabajo comunitario y comerse su comida sin retribuirles algo, “para mí, ese fue un gran parteaguas”, admitió.

Y cuando pudo cantar, siempre cantó cosas de Oaxaca, aquello que tenía que ver con esta otra parte de la conciencia de ir más allá de una canción bonita, lo mismo cuando estudió psicología, su intención siempre fue mover conciencias y entendió después, que eso también es hacer política.

POR MIS VESTIDOS REGIONALES ME DECÍAN “HIPPIE” Y HASTA “PACHECA”

Por decisión propia, la senadora viste desde muy jovencita con ropa regional, tradicional, cuando empezó a tratar de tejer en telar de cintura, al entrar a un mercado y voltear a ver lo que estaba ahí expuesto su cabeza se revolucionó, entender y saber lo que implicaba esa técnica utilizada para elaborar las piezas, le apasionó.

Pero esa determinación le trajo burlas, porque no era la moda, ella a sus 18, 19 y 20 años ya usando huipiles, mucha ropa tradicional y la bromita que le hacían porque no era la moda, le decían “Susana ya pasó La Guelaguetza”, ¿por qué no cambias?, le cuestionaban y ella solo sonreía.

Ahora, dijo, me da mucho gusto ver que todo el mundo los usa porque eso es algo que genera también economía social, pero en su momento la tildaron de “comunista, hippie, hasta pacheca” se atrevieron a llamarla.

Y ella se preguntaba, ¿Qué tiene que ver fumar mariguana con ponerse un huipil?

Por ese hecho de portar ropa regional, reveló que sufrió mucha discriminación, no un poco, muchísima, fue como por qué, me daba risa porque gente de México que conocí de niña alguna vez llegó a Oaxaca y preguntaban por mí cuando yo ya estaba terminando la carrera y me dijeron: “¡No!, se volvió hippie”, soltó la carcajada al venir a su mente esas expresiones ¡jajajaja!

Recordó que para algunas personas ella se volvió “hippie” por ir a las comunidades y portar los huipiles, pero “ni me tocó ese movimiento, fue un movimiento que le tocaría a mis hermanos grandes”, expuso.

Por ello, ante las críticas que le han hecho de ser “fifí” y de familia “millonaria”, Harp Iturribarría afirmó que proviene de una familia normal, común y corriente.

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